Pasajeros con Destino A…

LA VIDA Y OTROS RINCONES


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Bellos círculos de Luz

circulo velas blancas¿Ritual de qué? -me pregunta un chico. De otoño- le respondo con cara de ¿qué te parece y qué más quieres saber? -¿Y qué hacen ahí? -me sigue preguntando.

Entonces le voy explicando un poco de lo explicable, porque ni yo tengo tanta claridad de qué son y cómo definirlos (los rituales), pero sí tengo la certeza del para qué de éstos: son encuentros para conectar con la vibración actual de la Tierra o lo que esté sucediendo con ella, lo cual es tanto más sano que sintonizar con el ritmo de nuestro ego y del sistema que se nos ocurrió crear para vivir en las ciudades; son espacios de conexión con nuestra divinidad interior, son momentos de celebración para liberar lo viejo y abrir lo nuevo; son encuentros para recordar quiénes somos, lograr detenernos, integrar lo vivido y comenzar lo venidero con más consciencia y energía; son viajes colectivos del alma, son círculos de luz…

¿Y hay que ir vestido de alguna manera especial? -continúa mi amigo curioso. Nooop -le digo tajante y le explico que ya no son los tiempos de la forma: de vestirse, sentarse o meditar de tal manera…. Lo más importante es tu intención… Ya con eso estamos -agrego. Estos tiempos abiertos y mágicos que estamos viviendo son para la espontaneidad, la libertad, la creación,  el recordar el verdadero sentido de nuestro paso por acá, la conexión directa -y sin escalas- con la Divinidad, donde ya las religiones caen e importan poco porque no necesitamos como humanidad normar el contacto con la espiritualidad que está siempre presente en todo. Por lo mismo, son también tiempos más desconcertantes y alocados, porque el desafío de encontrar nuestro centro es personal y más trabajoso dada la falta de referentes, la cantidad de estímulos externos y de información… Pero es también una tarea más satisfactoria porque encontrar el rumbo, la conexión y el sentido es una labor diaria inacabable y con tremendos regalos…

Parte de esta tarea, en mi caso, es hacer rituales, donde yo misma crezco antes, durante y después, ya que la energía del grupo y del asunto que nos convoca se presenta sincrónicamente y pone a prueba no sólo mi voluntad, también a mi ego; al tiempo que me conecta con mi alma y parte de las misiones que he elegido “recordar-transitar”, mientras mi energía se entretiene, se cansa, se empodera, se estresa, disfruta, resplandece, vive… Sí, porque como siempre lo digo, la vida tiene de todo…

Y obvio que en estos rituales de otoño el desapego anduvo merodeando por mi vida y diciéndome: hasta aquí llegaste con esto y con aquello, suelta porque estas cosas-situaciones se tienen que ir…. O, “bueno, ¿no querías hacer ritual de otoño, tiempo de soltar?, bien, entonces confía en medio de la incertidumbre”…. Así siento la voz sabia de la vida a ratos susurrando cuando he(mos) estado en meses arrebatados y de mucha limpieza, como marzo y abril…

CIRCULO MERCEDES

Círculo de Luz en Mercedes: Ritual de Otoño; en Gimnasio Equilibrio

Pero la magia también está tan presente que me emociona y me hace agradecer infinitamente. Y el 6 de abril fue mágico, circular, sanador, conectado, sincronizado, bello… En Mercedes celebramos con mi amiga-hermana Susana Arley, más conocida como Su, nuestro Ritual de Otoño entre gente muy bella que ya me había recibido en febrero para el año serpentino (que vaya que se está moviendo, ¿no?) y varios nuevos participantes que vienen curiosos y entregados a algo que no saben del todo de qué se trata, igual que yo, jaja… Y cuando comenzamos, además de honrar a todos los seres que partieron debido a las crudas tormentas e inundaciones en Buenos Aires, me corresponde presentarme, cosa que siempre me hace gracia porque -ya lo he dicho- no tengo una definición para mí misma y no sé por dónde comenzar… También porque las etiquetas no me agradan y encuentro que nos limitan, encima no le tengo mucho aprecio a los títulos, me dan un poco lo mismo: en esta vida uno de los míos dice “periodista”, pero me queda grande para algunas cosas y chico para tantas otras, y en cambio valoro mucho más la sabiduría que el conocimiento teórico, entonces me da igual si yo o el del lado somos super letrados o aparentemente ignorantes porque acá estamos todos aprendiendo eternamente y somos todos iguales: todos lo pasamos mal en distintos momentos, todos tenemos la capacidad de cambiar, de gozar la vida y de despertar… A mí -volviendo a las clasificaciones- me gustan los oficios, entonces en esta vida -lo digo así porque quién sabe en las otras, aunque tengo información de algunas- también soy escritora -¿o acaso no escribo?-, astróloga, tarotista, ritualera (lo acabo de inventar), comunicadora, aprendiz intuitiva de chamana, bloguera, productora, horoscopera y quizá qué más puede venir…

… El Ritual de Otoño de Mercedes no comenzó la noche del 6 de abril, sino bastante antes ya sólo con gestar la idea a fines de febrero en que comenzamos a mover la energía y también las últimas semanas de marzo cuando muchos colaboran de distintas maneras y conformamos otro círculo aparentemente invisible pero poderoso… Y es una de las cosas que más me emociona de los Rituales: la ayuda, las manos e intención de muchos ofreciendo cosas logísticas o mandando luz desde donde estén, y conectándose con el grupo y su energía aunque no puedan venir. Me conmueve con lagrimita y todo a ratos, cuando veo-siento este círculo moviéndose… Entonces, Carla consigue el lugar que ya había ofrecido Patricia: el gimnasio Equilibrio, y nos lleva a verlo y arreglarlo temprano; Flory se encarga de cobrar; Carolina manda mails ofreciendo ayuda, llega con un rico té de menta y después nos llevará en su auto de regreso a casa cargados de cojines (almohadones) y más; Estefanía me ayuda a contar y a entregar hojitas; Fran se encarga del audio, las fotos y luces; Fer y Mónica llegan con hojas de otoño de sus jardines para el altar; Mabel pone su mesa para la comida y una chica vecina que ni siquiera puede venir cuando nos ve ordenando ofrece también la de ella y a los minutos aparece con su mesa redonda; Armando ofrece su equipo de sonido y manda un mensaje al celular enviándonos luz pues no podrá estar; Silvia desde Santiago me regala una vela naranja para ponerla en el altar de Mercedes; mi querido Fer desde Uruguay manda luz y está desde allá con nosotros; dos amigas que llegan temprano se ponen con nosotras a ordenar los cojines, las cartas de ángeles y más; muchos que estuvieron en el ritual de Santiago -incluidos mis padres- mandan luz, piensan en nosotros y conectan con la energía para estar unidos… Y cada participante llega con su energía y trae cosas para compartir, muchas hechos por ellos mismos… Es muy potente y conmovedor formar este círculo de luz, esta comunidad… Todo un honor y privilegio…

Además, este círculo es espontáneo y libre, como tiene que ser, siento yo… Y así hacemos un viaje en Mercedes para despedir al verano con toda su luminosidad y expansión, de modo que nos permita entrar al frío del otoño con sus tonos ocres y la potente -aunque a ratos dolorosa- experiencia de soltar: control, expectativas, cosas-emociones estancadas, comodidades, fijaciones, lo que ya no sirve, lo que atesoramos… Soltar sin distinción, pues a lo único que podemos aferrarnos es a la luz que tenemos dentro, al alma, al corazón puro, a la divinidad que nos habita poderosa y maravillosamente…

Altar-Mandala OtoñoEsa luz es la que se presenta en los rituales con tal poder que algunos que ven y otros que canalizan -como mi amiga Su- nos cuentan que además del Buda, Kwan Yin,  Lupita (patrona de América y de este ilustre blog, no podía ser menos) que comandan el altar otoñal, también se presentan los arcángeles Miguel (soy fan del alado azul junto con varios más que vienen al ritual y/o leen este blog, así que obvio que estuvo), Uriel y Zadkiel, además del maestro Jesús; mientras cada uno de los presentes convoca a sus propios guías y maestros, quienes todo el rato nos han acompañado aunque no lo sepamos ni imaginemos… Una mano invisible siempre está ahí para ayudar, empujar, mostrar, guiar, soplar…

El espíritu del Otoño también baja y asciende hasta nosotros, para regalarnos el despojo, la liberación de lo que nos pesa, la capacidad de soltar y confiar… La Tierra generosa nos da este regalo de sincronizarnos con sus ciclos, ritmos y colores, y todo está ahí para quienes quieran tomarlo…

Y entonces la energía se palpa en el aire, el alma colectiva se hace presente y esos instantes me hacen decir sí, sigamos, esto Es; con todo el trabajo que significa y los portales que atravesamos (esta vez volvieron a presentarse, no se puede cantar victoria con el crecimiento personal, siempre hay una vuelta más y algo que te pone a prueba)… Por eso cuando miro el círculo de luz de Santiago y ahora en Mercedes me conmueve y les decía anoche que al mirar a los más de 120 que estuvimos en Santiago algo en mí tenía risa de decir: a mí se me ocurre hacer rituales, pero a ustedes se les ocurre seguirme, y me río sola; pero cuando digo seguirme, no me refiero a mí, pues -enhorabuena- ya no son los tiempos para seguir a nadie, para estar en dependencias de supuestos maestros, gurúes y etc., de turno, además ni yo me siento en eso ni quiero serlo;  ahora son los tiempos de encontrar por nosotros mismos nuestras verdades; me refiero a seguirme en la idea de reunirnos y juntar nuestra energía en un ritual lleno de símbolos visibles e invisibles, a tomarnos el tiempo y el espacio en algo que a veces nos suena que puede ser bueno pero no lo sabemos del todo… Y sin embargo sucede, “funciona”, es, nos une y nos conecta… Vaya!

Este viaje-ritual que pasa por meditación, música, baile, introspección, compartir, reflexión y agradecimiento, eleva nuestra energía y tiene unos luminosos silencios de gran poder donde el alma colectiva puede palparse con bella emoción; termina en un gran abrazo circular formado casi por 50 seres (más nuestros respectivos guías que se quedan hasta el final, porque trabajan 24 horas) que nos da conexión de vida pura junto a la luz de las  velas, la fuerza de los cristales y  la despedida de las  hojas de otoño, en sintonía con dos voces sudamericanas que nos regalan un buen lema para este otoño, con profundidad, talento y sentido… GRACIAS otra vez!…. Ya les contaré del portal que volvimos a atravesar en la previa y luego subo las fotos otoñales mercedinas…. ;)


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Marzo 2013: empuje y agitación para crecer

Estimados pasajeros de este blog, les cuento que la autora del mismo = yo, está muy atareada y algo extenuada, pero bien… La respiración, meditación y el agradecimiento son tres prácticas que me mantienen vital y más menos centrada en medio de la gran actividad de marzo que ya había detallado en una nota para Guioteca.com, gracias al auspicio de Marte en conjunción a otoñocaminoUrano nada menos que en Aries + Luna Llena en Libra y Plutón en Capricornio, lo cual “está siendo” -para todos- como un pie en el acelerador en una pista llena de curvas, montes y cruces donde pareciera que vamos contra el tiempo aunque no sepamos por qué y hay que parar en varias estaciones a resolver cosas mientras los de atrás te apuran si te paras mucho o equivocas poniendo a prueba tu lado oscuro y/o auto-destructivo; pero que igual si estás confiado y más despierto te deja un buen sabor de boca, ya que este tiempo nos enseña a manejar la intensidad externa con calma interna… Ahora esa agitación termina poco a poco, pero la electricidad -y a ratos locura- de estos días se siente en el aire y en nuestros cuerpos… Como también andan sueltas la rabia, la ansiedad, la creatividad y la no menor posibilidad de equilibrar nuestras vidas…

Y desde este remolino de marzo ya nos preparamos varios para el Ritual de Otoño en Mercedes, este 6 de abril… Ayer lo recordé cuando fuimos al cerro San Cristóbal a estar, hacer pic-nic, caminar descalzos por el pasto y mirar el follaje otoñal por fin con el aire más frío que los últimos días… Recién ahora, desde mediados de semana y más con los feriados me quedó algo de espacio para cosas mías, como juntarme con gente que no veía hace mucho y contarnos la vida, ver pelis, ir al cerro (mientras una perrita callejera-cerrera se nos une y le toca pollo porque la zanahoria por más que le insistí no le gustó nada), subir las fotos del reciente Ritual de Otoño en Santiago, comprar y reunir las últimas cosas para Mercedes…

El viernes, Deborah (amiga-maestra-alumna-compañera de otra vida) vino a casa a compartir cómo estuvieron nuestros veranos, y también temas de astrología, entre otras cosas profundas, visionarias  y divertidas que siempre afloran en las conversaciones con ella, además de parte de sus aventuras en un poderoso viaje de trabajo que hizo al Sudeste Asiático… Ahora, luego de ver algunas de sus fotos quiero puro ir allá… Ya llegará el momento…

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Cerro San Cristóbal, Santiago

Más tarde veo la peli “Ajustes del destino”, con Matt Damon, que apareció mencionada en un muy buen taller de conexión interior al que fui el finde pasado… Y está buena, me gusta y me confirma ciertas cosas, como la perseverancia, los vuelcos de la vida y el que siempre estamos acompañados… Ya, es ficción, pero Hollywood es especialista en tocar temas que algunas élites manejan…

Recién, entonces, viene la calma después de un mes muy intenso… Igual tengo cantidad de tareas por hacer, pero el silencio de la ciudad, el verde-amarillo del cerro, echarme a ver una peli; en fin, ese no-hacer, o el hacer sin correr se transforma en un tesoro… Después del cerro, viene la siesta y la conversación con Su por los detalles del Ritual en Mercedes donde, otra vez, hay ciertos obstáculos para llegar, pero ambas confiamos y creo que tengo mareados a mis guías pidiéndoles que me den señales sobre el mejor camino y que liberen cualquier impedimento… Será como tenga que ser y de la mejor manera para nuestro crecimiento, como siempre ¿no? Con aceptación todo fluye, así que acepto que ya se presentan pequeños contratiempos, pero confío en que ir y compartir el Ritual es algo que está en mi camino y que ya lo confirmé en febrero cuando celebramos el Año de la Serpiente de Agua, en un bello y poderoso encuentro que me conmovió y me dio aún más certezas de mi trabajo…

Un trabajo que a ratos ni yo entiendo mucho (por eso me hace gracia cuando debo presentarme en los “eventos” que hago), porque no es nada convencional -qué agrado igual- y encima es muy diverso: que la consulta (por estos días sólo con carta astral), que el horóscopo de emol.com, que la radio Cooperativa, que los rituales, que los talleres de meditación (ya vienen!), que las notas en distintos sitios, que este -ilustre y a ratos ecléctico- blog… Lo digo porque el otro día conversando con alguien sobre su indefinición -o falta de etiqueta- laboral frente a una reunión que tenía, le dije: si quieres voy yo y les explico cómo es esto de ser un verdadero mandala laboral, o un abanico profesional, que no sabemos cómo se llama ni cómo funciona, pero lo hace, y encima te hace feliz, te da para vivir y tienes horario libre, lo cual no siempre es tan ideal (trabajas todos los días muchas veces), y encima tiene que ver con el espíritu -tremendo honor y faena personal- y no somos ningunos hippies rancios ni vegetarianos fanáticos, ni andamos vestidos de blanco con “cara de Om”, ¿qué tal?; mientras ambos nos reíamos. Y puedes partir por esto, le agregué: ¿usted me ve triste, amargado, estresado, con la piel opaca, pendiente de cosas del sistema, ah? Nop, lo que pasa es que por karma (historia de vida anterior), llamado divino, elección guiada; a mí no me correspondió en esta vida estar en un trabajo tradicional… Ahí lo dejas loco al que te va a entrevistar… Y seguimos riendo, porque igual Chile es muy rígido aún el tema laboral, aunque cada vez se abre más nuestra mente y emociones, enhorabuena…

E igualmente, ambos recordamos que al principio no fue nada fácil: tuvimos que lidiar con las dudas, el miedo, el rechazo, la envidia -todavía esta chica aparece de vez en cuando, es humana y persistente-  y la burla de muchos (a mí me llegaron hasta anónimos de compañeros de universidad, hace varios años); aprender a surfear la ola de la inestabilidad y la incertidumbre muchas veces, la soledad que implica estar en algo diferente, como muchos otros oficios, y tantos otros costos que tienen todas las elecciones de camino que hacemos todos en distintos momentos de la vida… Sin embargo, al menos para mí, la certeza de hacer algo que me gusta, que me da sentido de vida y en libertad, siempre fue más grande que los obstáculos y lograba vencer a mis propios cuestionamientos. Como también la aceptación y el mirar mi participación en los hechos, fueron un bastión, pues la realidad que vivimos es un reflejo de nosotros, y esta mirada siempre me llevó a mí como centro. No desde el egocentrismo, sino desde el mirar cómo yo -tanto mi ego como mi divinidad interior- soy responsable de todo lo que vivo y construyo, ver cuál es mi parte en lo que me gusta y lo que no de mi vida, porque además -como lo he dicho varias veces en este blog- nada malo nos pasa, no somos víctimas, sólo seres luminosos aprendiendo, recordando y creciendo…

mandalaflorAsí, desde este mandala personal-laboral que muchos vivimos y estamos formando poco a poco en todo el planeta, pues cada vez son más los que están tomando caminos nuevos, variados y más integrales; mandala que para mí se transformó en uno de los grandes regalos que hasta ahora vivo y cultivo en esta encarnación, que ahora tiene como telón de fondo la agitación de marzo y la apertura de un abril de portales, cosechas y pruebas, agradezco a muchos seres humanos y divinos que siguen dándome señales de seguir, de crecer y ahora también de viajar a compartir un ritual que nos da la oportunidad de conectarnos con la Tierra, con el alma y con nosotros mismos, que somos verdaderas semillas de luz que vida tras vida tenemos la oportunidad de germinar, transformarnos, crecer, dar frutos y esparcir nuestros dones… Sí, es una oportunidad y depende de nosotros tomarla o quedarnos dormidos o pegados… Así que este tiempo tan movido, raro y bello al mismo tiempo, nos empuja a estos procesos y lo hace colectivamente, pues más que nunca antes podemos ver que somos muchos y sentirnos acompañados en cada paso de este espiral luminoso llamado vida… Ahí vamos! Gracias!


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Un domingo en Mercedes

DSCN4089Cada vez que salgo de casa y en especial por la mañana, lo primero que miro es el cielo y me maravillo con su inmensidad, los colores, la energía, las nubes, el Sol; todo. Y cuando salgo lejos de mi territorio habitual (Providencia y Ñuñoa, en Santiago) lo miro con más curiosidad y detenimiento aún. Ahora, en Mercedes, lo disfruto mucho: la amplitud, las nubes, la luminosidad después de una noche de tormenta o las nubes previas a ésta… La mañana del domingo está diáfana y casi encandila; la noche anterior llovió y amanece con viento y algo de nubes dibujadas… Me quedo mirando un rato por la ventana con agrado, respiro… A veces -lo he dicho en este blog, actualmente protegido nada menos que por Lupita (si quiere verla mire al costado derecho un poco más abajo)- me vienen como “ataques” de felicidad y/o agradecimiento y esta mañana de domingo me viene eso, una sensación de plenitud que no está ligada a algo en particular o a algo muy reciente, ni a la obtención de alguna cosa-situación (de hecho podría llenar este blog con todo lo que, a ojos del sistema, me falta), sino que viene del corazón-panza y es como una sonrisa en el pecho que no es eufórica, es tranquilamente feliz… y digo: Gracias…

De hecho, la noche del sábado no salimos, todo se dio para quedarnos en casa: Su estaba muy cansada, no quedamos en nada en especial con nadie, Mabel no sabía si podía salir con nosotras; yo era materia dispuesta, pero no muero por salir un sábado y menos si estoy en otro lugar, simplemente tomo lo que el viaje quiera darme y si es quedarnos en casa lo disfruto. Encima, ya habíamos almorzado y merendado en buena compañía, con ravioles, caminata, helado y mate incluidos… Cuando estábamos pensando en salir o no en la noche, cae sin previo aviso una lluvia fuerte y ya está: no hay que salir. Pedimos unas empanadas y cerveza, nos quedamos conversando con Fran, Betty y Su, y luego a dormir… “Nada” especial, pero mucho a la vez…

Entonces, a raíz de “nada” me brota el Gracias a la mañana siguiente… Después escribo algunas cosas, conversamos un poco de Argentina, España y Chile, con un amigo de Su que anda de paso por su nostálgica tierra natal y que vivió un año en Santiago; inventamos un almuerzo con los restos -sabrosos- de días previos y se asoma la tarde en que ya Mabel me anunció que iremos a una pulpería: dícese de tienda antigua, donde además de mercadería se sirve comida y bebida a los concurrentes. Viene a ser un almacén con barra y mesas. Está en las afueras de la ciudad y es un clásico que figura en guías de turismo, es la Pulpería de Cacho Di Catarina. Todo un espectáculo congelado en el tiempo; reflejo de otras épocas, de tradición, floklore, amistad, cofradía y embriaguez.

Pulpería de Cacho Di Catarina

Pulpería de Cacho Di Catarina

Yo, como últimamente no tengo mayor expectativa de nada (lo cual no es fácil de explicar ni de entender para muchos), simplemente voy (me dejo llevar, esta vez por Mabel y Tito, junto a Su). Para mí todo es nuevo y sólo pienso en compartir una tarde de domingo con gente de lindo corazón y humor contagioso. De la pulpería no esperaba nada, o esperaba menos. Pensé: será un negocio antiguo pintoresco. Pero al llegar, además de recordar la onda de La piojera de Santiago, me sorprende más que el lugar, que está intacto (con telarañas incluidas en las botellas de las repisas altas) y casi en el campo, la gente. Es domingo de tarde, casi las 5, creo, y hay unas seis mesas con gente. Algunos son  parroquianos clásicos, otros turistas como yo y otros conocidos como Tito, que llega saludando y por rebote nos toca saludo con beso a nosotras del percusionista que toca el bombo con pasión. Sí, porque en medio hay un grupo de experimentados cantantes que improvisan con payas y otros ritmos tradicionales argentinos bastante sentidos, a ratos.

Ahora, el lugar no es luminoso. Después lo comentamos con Su. De hecho el arcángel Miguel con su protección pasó por mi mente a los minutos de entrar. No es luminoso como cualquier espacio antiguo o nuevo ligado a alcohol, la melancolía, o el esfuerzo. Pero tiene poderosa identidad y un aire de campo cálido que cobija al forastero. En la pulpería somos todos iguales: hay viejos, niños, jóvenes, familias, gente de toda la vida, turistas como yo, los dueños, los garzones. Al llegar salen las bromas en seguida porque acá hace rato está de moda el Fernet (licor amargo de hierbas) con Coca-Cola, y yo esta última no la tomo hace años ni tampoco ninguna gaseosa. Entonces, pido fernet solo, que para mí es un bajativo. Y salen las miradas sorprendidas en la mesa y del garzón, las risas y bromas, porque es como pedir pisco solo con hielo en Chile, y se creen que soy ruda, cuando en realidad no quiero la gaseosa (para mí es más tóxica que el alcohol) y prefiero el bajativo como tal. En fin. El tema es que entre canto y canto, además de que Tito ya es un artista reconocido acá, es músico folklorista, Tito Sanguinetti, nos sale…. baile! Y qué me dicen a mí, que me encanta bailar y a veces da lo mismo el ritmo, lo importante es moverse y pasarlo bien… Ah, y mover la cadera, obvio, porque sin cadera no tiene mucha gracia, quizá por eso el tango nunca me convenció tanto y sólo tomé algunas clases hace unos años… Así que, sin proponérmelo ni imaginarlo, termino bailando chacarera, zamba y hasta una cueca lenta que no recuerdo cómo se llama… Lo mismo Mabel, quien con gracia le da estilo a la chacarera y ahí aprendo más cómo se baila…

DSCN4026Un borracho -pero digno- de caricatura: mayor, panzón, canoso medio pelado, mejillas rojas y con cara de chiste, le hace bromas a Tito conmigo y ella, mientras que los músicos hasta me dedican un par de canciones, entre ellas “Si vas para Chile”, ¿qué tal? … Al rato, cuando los músicos DSCN4056terminan se acercan a la mesa y le piden a Tito que cante una y viene el amigo del bombo a entonar una chacarera más que termina en aplausos… El domingo pasa a ser una noche de sábado (la vida es perfecta todo el rato, recuérdelo, querido lector) con baile, picada, fernet, amistad y un lugar que te transporta en el tiempo… Nos tomamos fotos, saludamos a los dueños y al salir de nuevo me encanto con el cielo amplio y algo nuboso… De ahí partimos a un café nuevo, nos sentamos en la calle y siguen las carcajadas, les digo: me siento con Roberto Carlos-. Mercedes es pueblo chico y desde que subimos al auto y más en la terraza del café, Mabel no para de saludar o más de alguien va y la saluda, lo mismo sucede con Tito… Entre ambos deben andar por el medio millón de amigos…

La tarde de domingo termina plena, con la Luna casi llena asomándose y un buen tiramisú que hace rato buscaba; también con risas,  amistad,  generosidad y sorpresas de una ciudad que aún conserva sabor y tradiciones propias, gracias a gente muy especial. Salud y Gracias!

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Simple felicidad

Y vino la señora siesta una tarde de domingo y se apoderó de mí por casi dos horas. Gracias, le dije al despertar. Se suponía que nos encontraríamos en un café con una amiga que no veo hace años, pero ella estaba dolorida después de una subida madrugadora a un cerro, que la prepara para las intensas caminatas de Torres del Paine, lugar que visitará con sus hijos en enero.

Y, como la vida es perfecta (si aprendemos a mirarla con otros ojos para poder transitarla mejor) y el cuerpo es sabio, se abrió un espacio de descanso para mí, actividad casi olvidada estos días de fin de año en que la agenda está llena. Al despertar, como frutillas frescas, pongo la tele y aparece el docu(mental) de un grupo de chilenos llamado “Namasté, un viaje a la felicidad” del cual sólo vi el primer capítulo hace unos meses. Ahora pasan el último, en el reino de Bután. Antes hicieron otros capítulos en Nepal. Todo me encanta y se me caen las lágrimas con distintas escenas, como la de un monje que invita al equipo -es una periodista con su hermano, el camarógrafo y otros- sorpresivamente a que entren a la gompa (templo y centro de estudios) y les muestra su habitación, comparten té, unos granos y galletas y les enseña con su candidez característica los mantras y su espacio. Todo sin hablar casi nada de inglés y menos español. Pero el amor fluye y la belleza del alma brilla en el pequeño cuarto.

Yo creo que, como varios que conozco, anduve por ahí en otra vida, pues siento la conexión muy vívida. La misma que tuve hace algunos días con los monjes que salieron en la tele hace poco y que están en Chile por estos días, aquellos de los que escribí en este post

Vida Bonita

-Para vida bonita, para tranquilita, para buona salud- me aconseja el lama que traduce a un monje y astrólogo que lee mi carta astral en tibetano.

No sé si llorar o reír frente a ambos, al lado del altar budista, con los pies descalzos, en un centro de terapias en Santiago. Realmente me da un poco lo mismo lo que me están diciendo porque lo que me tiene encantada es la vivencia, estar de nuevo con ellos, recibir la energía e información que me llegue. Me hablan -entre otras cosas- de vidas pasadas que, como siempre, me aportan nueva información sobre esta encarnación y confirman la que me han entregado otros, en distintos espacios-tiempos. Me hacen gracia y yo a ellos, parece que por la risa, también por el colgante en mi cuello con Chenrezig, el Buda de la compasión.

Nos despedimos con el mantra de Tara Verde (una de las emanaciones femeninas del Buda) OM TARE TUTARE TURE SOHA y un abrazo fuerte en que se me caen las lágrimas, mientras el lama acaricia mi cabeza… Cuántos regalos nos llegan el último tiempo. Y cuántos desafíos también. Qué bella es la vida… Pese a todo. Digo, pese al cansancio, los dolores del alma y del cuerpo, las decepciones, las frustraciones, los obstáculos, las ausencias, las crisis… Y el “pese” lo pongo en cursiva porque no me lo creo, pero socialmente es tan aceptado. Lo que en realidad quiero decir es que la vida es muy bella con todo, porque todo es una experiencia y un espacio de crecimiento, todo sirve. Todo enseña y todo está bien, aunque nos cueste aceptarlo.

A las semanas voy a una ceremonia de Tara Verde con los monjes. Es sábado por la mañana y somos unas 25 personas. Nos hablan del desapego, el deseo infinito de tener más, la importancia de tener una mente tranquila “para vida bonita”. Y el lama habla de Bill Gates con su gran fortuna y fama, de México y el narcotráfico, de nosotros siempre “compra, compra, pero eso no hace feliz para ustedes”.

Al salir, de la Puja de Tara Verde, hay una tiendita con cosas de Tibet y Nepal y me río mucho pues los monjes que venden apenas saben español y tienen unas cremas para “pica” = alergia, “oh, duele, duele” = dolores musculares; también hay “rosa-río” = rosario (mala, en tibetano) para contar mantras… Una señora les pregunta cosas y no entienden nada, yo hago de traductora improvisada. Al rato, ella me dice: es que yo quiero uno de estos “monitos” pero en figurita. Jajajajajaja, me río con fuerza y ella me mira con sorpresa. “Es que ese “monito” es el Buda, jajaja. Qué divertida eres”, le digo y ella también se ríe entre chistosa y avergonzada. Se refiere a unos cuencos donde aparecen dibujados cinco Budas y al centro está el de la medicina. “No, si da igual, no tienes por qué saber, jajaja, es que suena muy divertido”, agrego con risa todavía. Finalmente, no tienen figuras del monito búdico. Pero yo me voy con un colgante y una pulsera, ambos con el OM MANI PADME HUM ॐ मणि पद्मे हूँ, el mantra de la compasión.

Luego aparecen muchos niños y los monjes se llenan de risa. Es una ceremonia de bendición para los pequeños. Me voy feliz a mi desayuno de sábado en que pese a que el garzón del café me dice que funciona el wi-fi, finalmente no pasa nada, pero igual nos reímos con él porque le digo que me haga descuento o me ponga más palta en mis tostadas y se pone a hacer bromas. Me quedo escribiendo pero con ganas de irme a otro lugar cercano con wi-fi. Cuando estoy por pedir la cuenta, comienza la música de un trío de cantantes de ópera callejeros de los cuales alguna vez conté en este blog. Y la terraza del café se encanta, mientras disfrutamos de Carmen, Va pensiero, O sole mio y otras más. Por lo tanto me quedo conectada a la música y desconectada de la red. En ese momento resultó mucho mejor lo primero. La vida es perfecta, insisto.

Y el fin de semana termina con el último capítulo de este docu donde la periodista para despedirse habla de la felicidad: ese deseo profundo que buscamos incansablemente (…) y que esperamos como un producto (…) En este recorrido nos encontramos con la felicidad, pero sobre todo nos enseñaron que ésta es una realidad inmaterial que podemos encontrar dentro de nosotros. Que no importan cuáles sean nuestras costumbres, creencias o ideologías, porque la felicidad es una forma de vida. Y que en el silencio, la reflexión, la vida simple, la compasión, el pensamiento elevado, y sobre todo en sentimientos tan olvidados como el respeto y el amor encontraremos las respuestas que buscamos. Y que si trabajamos por eso nada puede destruirla ni perturbarla….

Esta semana abultada y que despide al agitado noviembre se cierra para mí con la mirada simple y profunda de Oriente, que me recuerda cosas que a ratos pierdo de vista. Desde Occidente y en el sur, convulsionada como muchos, pero confiada y feliz, nuevamente: ¡Gracias!


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Qué bello es celebrar

¿Qué es un ritual, Jimenita? -me dice con cara seria uno de los encargados del salón donde hicimos el ritual de Primavera.

Me encanta la pregunta y me detengo a explicarle un poco el sentido ancestral, la tradición de nuestros antepasados en distintas culturas del mundo donde se celebraban -y hasta ahora- tanto los cambios de la naturaleza como los movimientos de las estrellas; celebraciones en las cuales se honraba a la tierra, el sol, el aire, el agua, el fuego; también los pasos y logros de cada clan, tribu, grupo, etnia… Ese es el origen. Pero mi idea de celebrar las estaciones y el año nuevo chino, es también cerrar y abrir ciclos, entrar con una energía nueva a cada etapa, que sintonice con nuestra olvidada naturaleza externa e interna y preparar así nuestra mente, corazón, cuerpo y espíritu para lo que nos toque vivir en los diferentes momentos del año. Tiene que ver con hacer un alto, tomar conciencia y celebrar, pues -al menos por estos lados- mucha falta nos hace también la música, el baile, la fiesta, el compartir.

Nos hace falta también agradecer y aprender a fluir. Dar gracias por lo que tenemos, por las lecciones y por tanto más, junto con aceptar que todo cambia y que nos toca adaptarnos a ciclos con más sol o con más frío, tiempos más alegres y otros de conexión con la tristeza… Y que todo tiene que estar.  La vida no es una constante ni una línea recta; es una espiral de cambios, una esfera quizá no perfecta (a nuestros ojos, claro), pero armónica y completa, con todos los colores, sabores y ritmos… Como la naturaleza que habitamos, partiendo por nuestro propio cuerpo que todo el rato es natural, aunque lo olvidemos o le hayamos puesto silicona o tapado con quizá qué más.

Y la tarde del sábado 22 de septiembre nos reunimos muchos a celebrar la llegada de la Primavera, una de mis estaciones favoritas junto con el invierno. Llegaron unas 80 personas. Para mi sorpresa muchos de ellos venían por primera vez. Qué lindo y qué honor, sentí.

Y vivimos de todo: nerviosismo, fragilidad, tristeza, alegría, risas, baile, humor, dolor, limpieza… sanación, paz. Nunca sé bien lo que va a pasar en cada ritual ni tampoco sé exactamente qué haré, las “ideas” llegan los días previos, “bajan” de acuerdo a la energía que empieza a manifestarse y poco a poco todo comienza a tomar forma, con la ayuda de muchos y la presencia de gente curiosa, abierta, valiente, amorosa, chispeante, alegre, tímida, profunda, generosa, cálida… Diversa. Como somos todos.

Con mi querido Fer, directamente desde Uruguay; Lorena, seguidora de este blog que se atrevió a venir al ritual de otoño y desde ahí forma parte del equipo organizador de charlas y rituales; María Dolores, amiga y canalizadora; Cocó, hermana fiel y buena pa’l baile; Juan Pablo con su calidez; Silvia, con su sonrisa argentina ya casi chilena; armamos el ritual, el mandala, la energía, los detalles; ellos y otros cuantos dan su bella ayuda. También llegan los ancestros con su sabiduría y lealtad: mis padres. Hasta un pequeño representante de lo nuevo, el dulce Vicente de la mano de su madre, formó parte del bello grupo que honró la fuerza de la Primavera e hizo espacio desde el alma para la sanación de lo femenino y masculino que realizamos entre todos y que aún nos mueve el corazón, como me lo dicen por mail y al teléfono, y como yo misma lo siento en el aire, en mi energía y en la que quedó flotando todos estos días luego del ritual.

Después de un invierno muy aleccionador que nos puso a prueba, la Primavera se asoma con más esperanza y luz, aunque -lo siento- tampoco podemos “cantar victoria”, pues la vida es lo que es: real y mágica a la vez, con sorpresas de las que nos gustan y de aquellas que quisiéramos obviar, también con mucha ayuda (enhorabuena). Este ciclo trae cambios, algunos drásticos, también mucha sanación y más amor, una gran cuota de compromiso en nuestro crecimiento y momentos de mucha tensión colectiva. Nada nuevo, sólo que ahora tenemos más conciencia, entonces ya no puedes evadir lo que sucede/ves/sientes. Ya no podemos postergar ni dar la vuelta. Esta Primavera es para limpiar, renovarnos, profundizar y asumir. También para recuperar nuestro poder interno y realmente cambiar patrones (formas) pegadas que no nos han dado resultado nunca, de modo de dar pasos reales en nuestro crecimiento. Y el cambio es cotidiano, sin fanfarrias ni fuegos artificiales. Es día a día, con la comida, con los pensamientos y sentimientos, con las actitudes, con los hábitos, con el cuerpo, con la mirada de las cosas, con la palabra, con la acción concreta y pura. No hay que vestirse de ningún color ni irse a meditar a tal parte, ni alejarse, ni hacer el taller caro de turno. La cosa -el poderoso cambio interno y colectivo- es aquí, ahora y poco a poco. De lo contrario es mucho ruido y pocas nueces. Y obvio que todos queremos nuestra nuez, ¿o alguien osa quedarse sólo con la cáscara crujiente? Bueno, capaz que sí, existe el libre albedrío, en todo caso.

Y acá estoy, con aroma a flores en la mesa del comedor, un sol que se esconde en un día que parece más invierno que primavera, bella compañía, sorbos de mate, noticias del extranjero, la llamada de una amiga pendiente de la salud de mi padre, y el profundo agradecimiento de estar más en paz que hace unas semanas… Bueno, a respirar, fluir, sanar, agradecer y sonreír con luces de primavera. Bienvenidas las flores, los verdes intensos, el sol, la brisa y las lluvias inesperadas. Todo está bien y todo pasará… A ver cómo nos va en esta nueva aventura.


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Regalos de Santiago

No es la ciudad más amable, no es la más pintoresca, no es la más sabrosa, no es la más bella, no es la más propiamente sudamericana… Pero más allá de toda la identidad que ha perdido con construcciones que miran -a veces garrafalmente- a Estados Unidos, en vez de mirar a nuestras raíces (americanas y españolas), Santiago de Chile aún conserva un sello que no necesariamente está en la arquitectura -ya no-, sino mucho más en los cerros y montañas que la habitan, junto con la gente: nosotros, los chilenos.

Las calles santiaguinas de distintos sectores céntricos, pese a la insistente proliferación de fatales cadenas de comida chatarra, farmacias que parecen supermercados y tiendas con letreros en inglés que en vez de liquidaciones tienen “sale” y al abrir la puerta dicen “open”, conservan un ritmo, humor y tono muy locales que tienen su encanto… Lo dije en una nota sobre el humor santiaguino, que publiqué hace un par de años y lo recordé hace unos días conversando con el frutero de la esquina que me hace bromas y, luego, al salir a caminar por Providencia, en una pausa en la mitad de un agitado día de consultas de tarot…

En medio del acalorado paseo por las calles llenas de gente, que a veces caminan con el rictus muy serio y amargo, aparece un regalo que despierta a cualquiera, alegra el corazón, entusiasma al cuerpo, relaja la mente y deja un sabor de boca muy dulce: una orquesta de chicos con violines y otros instrumentos que interpretan desde obras clásicas, hasta tangos, e incluso… reggaeton!

Muchos nos quedamos pegados, les damos dinero con gusto en su estuche de instrumento sobre el piso y aplaudimos al final de cada pieza, mientras ellos sonríen, agradecen e improvisan más de un paso de baile cuando la música lo amerita… Esa tarde yo bailé y reí con esta. Se las dejo y los invito a descubrir los regalos del lugar que habitan hoy… Siempre hay uno o más!


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¿La nada?

-¡Audífonos pa’l MP3! -me ofrece un señor canoso y de lento andar asomándose a la puerta del minibus en el que estoy y que aún no parte rumbo a Mendoza, Argentina, mientras mira hacia el fondo a ver si hay más gente.

-Es que no hay nadie -le digo.

-¡¿Cómo que nadie, y usté qué es?! -me dice en tono de reto, mientras yo me río y le digo: en todo caso, síp. Ya -se despide y sigue su marcha lenta.

El bus parte con una hora de atraso y yo me lo tomo con calma, pero igual contrasto el hecho con esa sensación y creencia de que en Chile todo funciona. Ja.

Todo resulta bien “artesanal”, sub-desarrollado (situación que me encanta, pues eso le da sabor a la vida y a las cosas, y que siento es parte de la identidad latinoamericana): llevamos una hora de atraso y nadie explica nada, la puerta del maletero no cierra porque tiene una “maña” que sólo el chofer conoce, esperan a gente que se suba hasta último minuto para hacer más plata, el aire acondicionado no anda, etc, pero el señor chofer y su ayudante tienen buen humor y buen trato, lo cual se agradece. Antes de partir dos chilenas que viven en Mendoza conversan sobre que no se acostumbran y que se aburren. Las dos bordean los 40 y tantos, y les pregunto que por qué no estudian, que eso siempre abre puertas y ayuda a hacer lazos y de paso aprenden algo nuevo. Una me dice que sí, que ya se decidió y que no puede seguir así tan aislada porque no tiene amigas y vive sola con su marido, los hijos se quedaron en Santiago terminando la universidad y ella lleva dos años fuera. La otra está en plena pataleta amarga: se separó hace seis meses, nunca trabajó, nada le gusta y encuentra un horror buscar trabajo “a esta edad”, encima lleva casi diez años en Mendoza y ya no quiere volver pues “estai loca, ¿empezar de cero? no, ni cagando, qué lata; yo ya pasé por eso”. Lo que ella no advierte es que ya está en cero. En fin, dejo de hacer contacto visual y verbal, pues es del tipo de persona cuya energía me cansa. De hecho, al rato se pelea con una argentina porque va conversando y no la deja dormir, mientras el resto de los pasajeros nos reímos porque la otra, como buena argentina, no se achica y le responde…

Hacia el Paso Libertadores, frontera Chile-Argentina

El viaje sigue con mucho calor, pero en medio de las montañas se me olvida y disfruto la aventura. Eso sí, yo no voy a Mendoza esta vez: voy a Uspallata, hecho que en la aduana le cuento al chofer para que me deje ahí, en esa villa de montaña a una hora de la aduana chilena-argentina. -¿A Uspallataaa? – me dice con tono de curiosidad-incrédula-suspicaz. Sí -le contesto y agrego: pero es pasado el pueblo, en un hostel. Mmm, al lado del cementerio -dice él mirándome con ojos de broma. Nooo, no sea malo- le contesto y nos reímos, mientras agrega: yap, entonces dejamos su maleta al último pa’ cuando se baje…  cerca del cementerio, jajaja.

Una vez hechos los trámites, el viaje montañoso de colores rojizos es acompasado por música de Leonardo Favio, Sandro, Franco Simone y más que el chofer canta a todo pulmón mientras yo río, canto y disfruto. Paramos a la entrada de Uspallata a poner gasolina y el chofer abre la puerta y le dice a la “bombera”: señorita, ¿le gusta esta música? -y sube el volumen con la clásica “Chiquitita” de Abba. La chica se ríe y le mueve la cabeza como diciendo “qué loco”. Él es feliz.

Rumbo a Uspallata

Seguimos el viaje y el auxiliar y mi ahora adorado chofer están pendientes de mi destino. -Mis ángeles guardianes -pienso y agradezco. “La niña se tiene que bajar acuérdate”, le dice el auxiliar. (Yo en éxtasis por lo de “niña”). Sí, señorita, ¿por dónde es? -grita hacia atrás. Pasados 6 km de la villa -grito desde mi asiento de la segunda fila.

Adelante van ellos dos y la argentina que hablaba “fuerte” según mi compatriota y que resultó muy simpática. Discuten sobre cuál es el hostel. Paramos en uno que sé que no es, al lado de una bencinera, aunque tampoco conozco el que yo busco. Entramos a ésta -mis guardianes y yo-, y el chofer da la orden al resto de los pasajeros que si alguien quiere ir al baño o comprar algo que se baje, que tienen “permiso”. Mis guardaespaldas preguntan a los dos bomberos que están tomando mate y jugando cartas, parece, no alcanzo ver, pero se conocen y empiezan a echar bromas: que ellos me pueden acompañar, que viven cerca, que me puedo quedar con ellos y no me cobran. Mi guardián mayor, el chofer, se da vuelta y me dice: Este par de frescos, cómo son los argentinooos – yo le subo las cejas y muevo la cabeza en complicidad. El otro guardián les dice: no le digan nada porque ella ya se casó conmigo, ¿cierto, señorita?- me dice con seguridad. Sí -respondo orgullosa. Las bromas se acaban cuando llega una de las novias de los bomberos y el chofer lo delata que andaba coqueteando conmigo. Ella pone cara seria pero luego se ríe, mientras su novio pone cara de póker. Cara de nada, como decimos algunos.

Bueno, los bomberos coquetos confirman que no es ahí, que es antes del puente, faltan 3 km. Y mi guardaespaldas nº 1, me dice de nuevo con la misma suspicacia-incredulidad-asombro: ¿Y por qué va pa’llá?, ¿por qué no se quedó en la villa? Adonde usté va no hay nada -me dice de nuevo entre preocupado, retándome y con cara de pregunta. Y mi respuesta no lo ayuda: Es que eso quiero yo poh, estar en la nada -le digo y veo su cara de “esta chiquilla está loca, es rara; quién entiende a las mujeres, etc.” Bueno, vamos -da la orden mi guardián.

Por fin llegamos y el guardián-chofer sin preguntar ni avisar al resto, entra al hostel saliéndose de la ruta y me deja casi en la sala. Me despido de todos deseándoles buen viaje y ellos a mí y que me salga todo bien con mi trabajo (vine a Uspallata, entre otras cosas a trabajar: a escribir las Predicciones 2012 para emol.com). Mi guardián 2 baja mi maleta y me acompaña hasta la recepción, le pregunta algunas cosas a Christian, el encargado y nos despedimos de beso y abrazo: “ya niña, que le vaya muy bien”, me dice y yo le agradezco feliz.

Uspallata se asoma verde en medio de las áridas montañas

Ahora sigue mi aventura en la montaña del centro de Argentina que, ya por como partió y por la energía de las montañas y este valle verde milagroso, intuyo que será poderosa.

Aquí estoy, en “la nada”, lo que necesitaba: mientras escribo esta nota en la entrada del hostel, los álamos se mueven y suenan con el viento, mientras al otro lado del camino se impone la montaña árida y terracota. Es que “la nada” tiene sonido, vibra, y es un espacio de potencialidad sagrado. A partir de ella todo puede pasar. Ahora bien, “la nada” no está sólo en este lugar apartado y bello, está dentro nuestro, en el silencio, en la quietud. Ese espacio que nos prepara para dar un nuevo paso. Aquí estoy, me permito estar, y allá voy.


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Puro Chile…

Cuando en Chile y, especialmente en Santiago o en cualquier ciudad “pujante”, alguien se propone correr el velo de las 4×4 que circulan por calles estrechas, las carreteras modernas y limpias, los edificios ídem, las mujeres de piel mate con el cabello teñido de rubio, los hombres con sus I-phones; el dinero plástico, las tiendas siempre con gente… Se encuentra con algo muy distinto, bello y puro… Que nada tiene que ver con éxito ni prisa ni consumismo… Sino más bien con un humor pícaro, timidez, inocencia, sabiduría, creatividad, fuerza, simplicidad…

Esa energía, esa luz, para mí es “el alma de Chile”… Y esa llama pura emerge de pronto en algunas calles, plazas, rostros, frases, risas, silencios, gestos, sabores, aromas, cielos, paisajes…

Y en este premiado programa de TV llamado “¿Con qué sueñas?” el alma chilena emerge desde el sur, desde la cordillera de Nahuelbuta, a través de la vida de Ítalo, un niño de 8 años que comparte con la cámara sus días sacrificados y alegres en un país muy distinto al que se suele mostrar por televisión y al que se vende hacia afuera.

Aquí pueden ver al bello Ítalo, en un Chile muy particular.

 

 

 


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Resfrío otoñal, ¡qué regalo!

Creo que disfruté tanto del inusual viento en Santiago el lunes pasado, que dejé que el frío me atrapara. El martes mi garganta ardía y mi nariz comenzó poco a poco a convertirse en gotera.

Entonces, después de almorzar ese día con una amiga en Bellavista, corrí a mi doctor favorito. El doctor Lee, médico tradicional chino, taiwanés en realidad. Lo único malo de su consulta es que queda en pleno centro y creo que ir hasta allá agravó mis síntomas. En fin.

Una vez ahí, con su habitual sonrisa, toma mi pulso y me dice en su “espachiñol”: “gadganta infamada, fiedbe… moco? tiene moco?”.… Yo a todo respondo que sí. Lo único que aún no siento es “dolod de cuedpo”. Muy resuelto me dice: “Aguja pala más dápido”.

Me tiende en la camilla como siempre y examina mis manos, mientras aprieta mis dedos, y dice: “lespile”, entonces pincha algunas de mis yemas y yo grito más de susto que de dolor. Él se ríe y me dice: “sacad sangue pala más lápido bajar fiebe y gadganta”. Aprieta algunos dedos y supongo que saca sangre porque yo no puedo ver.

Luego me deja en la camilla con algunas agujas en las manos y en las piernas. Cuando las acomoda se siente una electricidad algo dolorosa y yo le digo: “¡Maloo!”. Él sonríe sin inmutarse y me responde: “no, yo bueno” . Con sabiduría me recuerda que el dolor es bueno, porque está sanando; me dice que cambie la palabra, que ahora cuando ponga las agujas yo diga: “¡Bueno!”. Lo hago, nos reímos y me felicita.

Mientras sigo tendida en la camilla, hablamos (tratamos de) un poco del karma, de budismo, del Tao y de no comer carne por “mala enegía: pollo, calne; menos”, me dice. Efectivamente la fiebre y el dolor de garganta bajan; me relajo y siento el cambio de energía. Luego me da hierbas y me dice que coma cosas frescas, nada cálido ni picante.

Me voy con mis medicinas y llego a casa llena de síntomas de resfrío, pero feliz. Soy muy afortunada de poder ir a verlo, de que me espera una cama y comida,  y de poder quedarme acostada al día siguiente para recuperarme.

Qué sabio es el cuerpo. Él si sabe parar. No como yo (mi ego y el de muchos) que anda enchufado todo el día y con la agenda llena y paséandose con frío en vez de regresar a casa cuando pude hacerlo. Entonces, como yo no lo hice en mucho tiempo, él me dio la orden y dijo: “a descansar, a botar las toxinas y emociones acumuladas; no queda otra” … Y aquí estoy en cama, meditando a ratos, tomando litros de  té de hierbas, mirando por mi ventana si llega la lluvia, poniéndome al día con algunos correos, viendo las celebraciones de Chile y de Uruguay con el Mundial, comiendo frutas frescas y sopa, dejándome cuidar… Y de repente levanto la vista y el cielo del atardecer es un espectáculo alucinante: dorado, lila, naranja, rosa. Luego la luz comienza a irse, las nubes se vuelven más oscuras y avanzan hacia el sur. Lo disfruto, lo agradezco, lo dedico… Y, obvio, me levanto para tomar un par de fotos.

Aquí van algunas de las que tomé desde mi ventana sin siquiera levantarme. Gracias por tantos regalos!

Atardecer en Santiago

El cielo dorado y revuelto

Panorámica de un bello atardecer en Santiago

Se va el sol

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