Pasajeros con Destino A…

LA VIDA Y OTROS RINCONES


16 comentarios

Chau, Otoño. Adelante, señor Invierno

RITUAL PARA EL SOLSTICIO DE INVIERNO: 20 de junio 2012

… Todavía hacía calor y andábamos en sandalias cuando hicimos el Ritual de Otoño. Nos juntamos alrededor de 40 personas a celebrar entre hojas amarillas caídas de los árboles, velas y comida la llegada del Otoño, el 20 de marzo pasado… La palabra central de ese ritual fue…. Desapego… Y vaya que lo hemos vivido, ¿no?

Hoy, en medio de este 2012 intenso, miro los últimos tres meses y además de cansarme un poco recordando todo lo hecho y vivido, de sentirme bendecida por tantos regalos, de arrepentirme de más de un par de cosas hechas (más en la forma que en el fondo), de valorar lo aprendido; de agradecer por tantas oportunidades, lecciones, protecciones; de tener ciertas convicciones más claras para el tiempo que viene… Me siento más conectada con la Tierra, con su energía y sus ciclos…

Para muchos que vivimos el ritual o que saben de qué se trata este ciclo y este año, e incluso para los más desconectados, efectivamente el otoño 2012 ha sido un tiempo de desapego obligado o voluntario de nuestra comodidad, de ciertas relaciones, de situaciones… Este año se vive intensamente, todo pasa rápido, todo se nos muestra fuertemente y no podemos evadir las limpiezas (quiebres, duelos, desengaños, revelaciones) que impone la fuerza de la vida en pro de nuestra evolución personal y colectiva. No hay medias tintas con el 2012, no te puedes auto-mentir, no puedes desobedecer las señales porque vendrán con más fuerza a recordarnos lo que está bien y lo que está mal en nuestro presente…

Y ahora escribo esta nota con la lluvia matinal de fondo, mientras tengo el privilegio de estar abrigada en mi cama desayunando fruta, sopaipillas (tradicional masa frita salada hecha con harina y zapallo naranjo) de La Totó (hasta ahora mis favoritas en Santiago después de las de mi madre) y café guatemalteco León, el que más me gustó en la visita por Guate, puesto que no es ácido, una de las razones por las que no tomaba café hace meses… Entonces miro por la ventana y me viene paz, alegría; no por nada magnífico ni ultra especial, simplemente vienen…

…¿Por qué celebrar la llegada de una estación oscura, fría, húmeda, gris?

¿Por qué alegrarse por la llegada de un tiempo al que muchos temen o rechazan?

¿Por qué reunirse a sentir la energía invernal?

… En muchos países del sur del planeta hace frío y bastante. Recuerdo un inicio de invierno que viví en Montevideo, donde nada te salva del viento helado y los amigos extranjeros que se quedaron a vivirlo completo (yo me vine a Chile y regresé en Primavera) me contaban que apenas sobrevivieron… Claro, es que el invierno es más crudo sin calor de hogar y, en ese tiempo, vivíamos en un hostal re buena onda, que ofició de casa, con su chimenea y gente bella, pero el hogar es el hogar… Digo, ese espacio cálido que te auto-construyes o que te permites vivir, en el cual está tu sello, tu energía, donde hay espacio para el alma y el silencio y, sobre todo, para ser tú mismo…  Ese nido donde estamos protegidos… Ese espacio íntimo que a veces tiene forma física pero que llevas dentro una vez que creces y aceptas que lo material está en permanente cambio…

El hornero, ave del sur de América, de canto intenso, se toma su tiempo para construir su especial nido

Bueno, creo que esta paz y alegría por la llegada del invierno es, precisamente, por la oportunidad de estar más conectada con mi hogar… Hace unos días, en el avión desde Panamá de vuelta a Chile luego de la aventura maya, mi vecina de asiento, una guapa señora mayor, nos  dice –no hay casualidades- que es uruguaya –yo abro mi sonrisa y mi energía con entusiasmo-, pero que ya se siente chilena, pues lleva más de 30 años en Chile… En el vuelo, a ratos conversamos de su país –que ya le aclaré me encanta-, de sus viajes y de su nueva vida, ya que hace poco se cambió a una casa más cerca de la cordillera y está feliz de sentir más la naturaleza; también hablamos de Panamá y me cuenta que el calor es tremendo y que está muy contenta de regresar al frío santiaguino. “Es que a mí me encanta el invierno” –me dice. “¡A mí también!, aunque  no es muy popular nuestro gusto porque toda la gente prefiere el verano” –le respondo. “No, a mí me encanta el frío, la lluvia, usar cosas de lana, abrigarme, cocinar; hago sopaipillas, sopas…” -agrega.

Sip, pienso, eso es el invierno: abrigo, cuidado, búsqueda de calor, recogimiento…

Por eso lo celebraremos como se merece. Por eso le damos la bienvenida a un tiempo un tanto incómodo pero sanador, un muy buen espacio para profundizar en nuestra vida y el año que estamos construyendo. Por eso organizo un Ritual para este 20 de junio por la tarde, aunque llueva o truene, pues para el señor Invierno eso del “mal tiempo” no es tal… Encima cuando él llega se nota y no se puede desoír su llamado…

Así que si usted es pasajero habitual de este blog o si venía pasando por aquí y se interesa, lo invito al Ritual de Invierno que celebramos este miércoles 20 a las 20 hrs, en el salón de eventos de CARLOS ANTÚNEZ 1960, Providencia. Se piden, eso sí, algunos requisitos:

    • Buena energía
    • Flexibilidad
    • Introspección
    • Mente amplia y espíritu abierto
    • Puntualidad: llegue antes, se toma un té, come algo y comparte con gente invernal
    • Un cojín, un lápiz y su propia taza o vaso (este invierno es ecológico)
    • Algo bebestible/comestible para compartir que no sea Coca-Cola (que baja la conciencia) ni galletas dulces, ojalá (atrévase a innovar).

Y si no puede venir, celebre desde donde esté y a su forma, eso es lo bueno de estos tiempos: todo es bienvenido para conectarse con la divinidad propia, de la Tierra y del Universo, sólo hace falta la buena intención.

Desde acá, entonces, le damos las gracias al señor Otoño que comienza a dejarnos y que tantas hojas nos desprendió, y abrimos nuestras puertas para que don Invierno se instale en nuestras vidas… A ver cuánto aprendemos en estos meses fríos en medio del 2012. ¡Feliz Invierno para todos!

La noche del Solsticio de Invierno 2012 desde Santiago. Déle click si quiere verla más grande


8 comentarios

Ruidos de la mente y sonidos del alma

-Yo no quiero que tú irte –me dice Andrea, una dulce y especial alemana, en su esforzado español, mientras come sus cereales al desayuno.

-Aaaahh –le digo conmovida. Yo tampoco, pero siento que es bueno partir –le señalo y miro sus ojos tristes, que me dan emoción.  Estoy a unos minutos de dejar Uspallata…

… Nos reímos mucho con y de Andrea. No hablamos demasiado, pero cuando lo hicimos fue muy bueno. La primera vez que conversamos fue en la cocina, el día en que yo estaba con vértigo. A ella le gustaba el hostel, pero le hacía ruido el ruido de la carretera, que pasa al lado. Y ya había averiguado en otros dos lugares y uno –una casa donde alquilaban habitaciones a turistas- le había gustado porque aunque tenía un jardín pequeño, no tenía ruido de los autos pese a que estaba en el pueblo. Me muestra los folletos y yo también me entusiasmo en conocerlos, pues siento que volveré por acá y me gusta explorar lugares nuevos.

Al otro día le pregunto si se va y me dice que sí, pero a las 8 de la tarde, que ya habló con el chico del nuevo lugar. Yo paso todo el día afuera, en el pueblo, primero me encuentro con mi prima de Mendoza, que trabaja como maestra en Uspallata; llego a ella preguntando en la única escuela del pueblo y me dicen que trabaja en otra, hasta que doy con ella después que una de las asistentes de dirección de ahí  me consigue a “el taxi” (luego el chofer me dice que son 6 en total) que trabaja ese día. Nos encontramos por fin con Vero y conozco a mis dos inquietos primos pequeños, sus hijitos Valentina y León.

Valentina y León felices con globos regalados

Después de abrazarnos, conversar y reírnos, “el” taxi pasa por mí -previo acuerdo- y me voy a MI Casita Suiza, pero esta vez me quedo en el horario establecido. De ahí parto a almorzar a otro lugar en la sombra de los árboles pues hace mucho calor, y luego me voy a comer el postre (un helado obligado) en una cafetería-tienda de la carretera… Regreso como a las 7 al hostel, con un chico que trabaja como taxista particular. Nos despedimos y cuando me bajo escucho unos gritos de lejos, me doy vuelta y no veo nada. Escucho más gritos y al levantar la vista veo que son cuatro compañeros de hostel que subieron uno de los cerros de enfrente y están felices a todo sol. Entre ellos está Gabriel (un francés que llegó antes que yo) y Andrea… Les tomo fotos y nos reímos… y pienso: ¿Y Andrea no se iba hoy?

Bueno, al bajar conozco a los otros dos chicos, recién llegados: un polaco (no supe su nombre) y un holandés que habla muy bien español y que ya pasó por Chile y el sur de Argentina, Martin.

Al rato Andrea ya tiene sus cosas listas porque efectivamente se va, pero no está segura, aún lo duda. Yo le digo que porqué no espera una señal, me dice que sí, pero que ya arregló todo. Nos despedimos y al abrazarla me dice: no, pero quizá yo vuelve mañana  -y me río a carcajadas, ella también.

Gabriel la acompaña a la ruta con todos sus bolsos, esperan el bus. Yo figuro en el jardín escribiendo. Ha sido un día variado y prolífico después de la necesaria pausa del anterior. Pasa un rato y escucho un: “¡¿qué pasó?!”, desde el hostel. Me doy vuelta y no paro de reír: es Andrea y su cargador de equipaje y compañero Gabriel que se devuelven… Él mueve la cabeza y repite: “está loca, está loca”; mientras ella dice con seriedad: No, yo me quedo una noche más… -todos los espectadores de la escena nos reímos, yo aplaudo y le exijo que me devuelva el abrazo y también me acerco y le digo que está bien, que es bueno hacer lo que uno siente y me dice con cara compungida: sí, es que no sé lo que quiero, yo soy difícil para decidir….

"Es que yo soy Piscis", me dijo Andrea argumentando su indecisión entre las risas...

Al día siguiente se me acerca mientras yo escribo en el jardín y sabe que me interrumpe, pero a mí me agrada que se atreva a hacerlo y me siento honrada de que me busque; entonces hablamos de lo mismo: es que aquí está bien, es naturaleza, el río es bonito y hay todo natural, con árboles y los perros, pero es lejos del pueblo y hay mucho ruido de autos que no me gusta… -argumenta Andrea, mientras yo le sonrío y la entiendo tanto…

-Ya, pero ¿sabes? Esa es tu mente y te entiendo porque somos así, nos quedamos pegados en algo –intento explicarle, al tiempo que sé que no es casual y que sus dudas me reflejan en la forma, esta vez no en el fondo pues no tengo problemas con el ruido, pero muuuchas veces he dudado y me he enredado como ella, sin poder disfrutar lo que tengo…

Andrea en silencio me mira, mientras le hablo lento para que pueda entenderme y pregunta: ¿Y qué se hace para dejar de pensar?

-Aceptar. Ríndete (y le hago un gesto con los brazos abajo y la cabeza agacha). Acepta el ruido, intégralo, deja que esté, que sea parte de esto. Mira, todos tenemos cosas en las que nos quedamos pegados y esto (el ruido) es lo tuyo porque yo llevo una semana aquí y no me he enterado del sonido de los camiones y autos, no me entero, en serio. Eso no me hace mejor que tú, porque mi mente puede que se esté fijando en otras cosas: que sí, está lejos del pueblo y si estuviera más cerca podría ir caminando cuando quisiera; o yo que sé, que no hay lámparas individuales en las habitaciones y entonces no puedo leer o anotar antes de dormir; cualquier cosa. Pero esta vez tú (tu mente) escogió el ruido y está luchando con él y más te resistes, más crece eso en tu realidad, más escuchas ruido y más autos pasan…. ¿Lo entiendes?

-… Sí, entiendo. Yo voy a dejar de escuchar el ruido –me dice Andrea con una cara más serena. Y entonces descubre unas cartas de ángeles en la mesa y me pide permiso para verlas. Feliz le digo que sí y que le pregunte a los ángeles qué hacer con el ruido, con el hostel, con su decisión…

Su carta le dice muchas cosas que le sirven, entre otras cosas que está en un inicio de ciclo, y en una parte que me lee me comparte que hizo Constelaciones Familiares y yo feliz porque desde hace años conozco y viví esa terapia, creada precisamente por un alemán… Pienso de nuevo en las sincronías, en las no casualidades, en cómo atraemos vibraciones, espejos y complementos… En medio de esto, el encargado del hostel pasa y le pido que nos tome una foto. Andrea no quiere pues: “nooo, yo estoy sin make up” –dice con voz seria, y yo me río. -Sin maquillaje está bien, si eres bella, igual te entiendo, yo habría ido a buscar mi labial, jajaja -le digo en serio. Nos tomamos la foto y ella me dice que no “es bien” porque ella está muy pálida y yo bronceada. Pero es que yo soy así, – le digo entre risas, mientras ella con puchero no queda conforme con la foto… Pero igual se va tranquila a leer al río.

… Al día siguiente estoy otra vez escribiendo a media mañana entre los árboles y escucho a mi lado a alguien que se sienta: Hola, chica, ¿tú me puedes poner la crema de la espalda? –me saluda Andrea pasándome su bloqueador. Por mientras me cuenta que está más tranquila, que ya no tiene problemas con el ruido. ¡Eeeehh, bakán, buenísimo! –le digo contenta. Y al darse vuelta mira que tengo otras cartas en la mesa.

-Oh, ¿esas son unas otras cartas? –pregunta curiosa.

-Sí, pregúntales algo. Son de ángeles también, pero diferentes, míralas.

-Oh, son muy lindas –dice mientras se entretiene viéndolas y luego las mezcla y elige una que le habla de su liderazgo.

-¿Y, qué tal? –Le digo y pone cara de que le sirve, al tiempo que me pregunta algunas palabras que no entiende.

-Mmm, es que yo no quiero volver a Alemania, no me gusta mi trabajo, pero tampoco yo sé qué otra cosa hacer –me comparte Andrea, quien en un par de semanas volverá a su país.

-Aaah, te entiendo. A mucha gente le está pasando, ¿sabes? –le digo.

-¿Siii? –dice abriendo sus ojos.

-Sí, mucha gente está despertando y se está dando cuenta que no resiste el sistema, para mí es un llamado del alma que hay que escuchar; muchos están sintiendo que necesitan liberarse y este tiempo es para los emprendedores,  para los trabajadores independientes, para la creatividad. ¿Sabes hacer algo con las manos? –le pregunto, pues sé que es diseñadora gráfica y siempre cuando me ve escribiendo me dice: “oh, yo no quiero ni mirar el ordenador”.

-Sí –dice otra vez con ojos grandes.

-Dale, empieza por hacer algo y lo puedes vender a los amigos, o por Internet. No te quedes en algo que no te gusta, comienza tu cambio aunque sea de a poco, te va ir bien, en serio.

-Bueno -me dice con cara entre incrédula y confiada, pero sonriente. Y parte al río a leer. Le digo que de tarde iré a cenar al pueblo, que si quiere ir. Se entusiasma y quedamos para tipo 7.

Pero la tarde avanza y vuelve Christian desde Mendoza, el dueño de mi querido “circo pobre” (para entender el concepto clickee acá) y anuncia asado en el hostel para las 21 hrs y de todas maneras me inscribo, pues es mi última noche. Finalmente en la tarde termino las Predicciones 2012 para emol.com; me siento tranquila, aliviada y feliz. Me cambio de ropa y salgo a caminar un rato cerca del río, a ver el atardecer y dar gracias por todo lo vivido…  Al día siguiente, de mañana, partiré a Santiago.

Caminata de atardecer en Uspallata

Cuando Andrea viene de vuelta de su bronceado paseo, le anuncio lo del asado, que mejor nos quedemos porque todos los chicos estarán…. ¿O eres vegetariana? –le pregunto intuyendo su respuesta. Sí -afirma. -Bueno, pero puedes comer sólo ensaldas y vino, así compartimos, ¿te parece? –le propongo. –Bueno, está bien con ensaldas para mí –dice conforme.

A la noche el asado se demora, pero lo pasamos bien en la espera, riéndonos y hablando en spanglish. Una vez en la mesa comemos rico, compartimos, brindamos. Y en medio de todo, Andrea, que se sentó a mi lado, me dice mirándome a los ojos con seguridad: Yo estoy feliz que me quedé en este hostel. –Aaahhh, ¡Salud, por eso, me alegro muuucho! –y chocamos nuestros vasos con vino argentino, en una sabrosa noche en Uspallata, en medio de la nada, con el sonido del viento y de las luciérnagas, bajo un cielo lleno de mágicas estrellas, donde al mirarlas más de alguna se cae fugazmente y todos pedimos deseos…. GRACIAS por todo y por la bella compañía cercana, a la distancia y en distintas dimensiones… Hasta pronto!

Último desayuno en el hostel


10 comentarios

Confirmado: Existen las hadas madrinas

-Vecina, ¿cuál es tu nombre? -Le pregunté a la nueva y cuarta integrante de habitación  (antes fuimos tres por varios días), ya casi amiga de la vida con quien habíamos compartido dos días, conversado de lo humano y lo divino y hasta cenado pasta, el menú clásico del viajero de hostels.

Ella se da vuelta con una sonrisa por la paradoja.  Lourdes –me contesta. Ah, qué lindo nombre. Yo soy Jimena –le respondo, pero parece que ella ya lo sabía.

… Resulta que estoy feliz en mi viaje a La Nada mágica, (si no entiende el concepto, clickee aquí) porque además del lugar verde, ventoso y rodeado de coloridas montañas, puedo trabajar  al aire libre, conversar, salir de la rutina, meditar, y compartir con gente de todas partes, lo cual siempre amplía la mente y refresca el espíritu. De hecho comparto habitación con Annelise -Analía- (Nueva Zelanda) y Maja (Canadá), que se conocieron en Bariloche y desde ahí viajan juntas por Argentina, a la primera le queda un mes de viaje y a Maja, hasta abril de 2012, así que seguirá por Chile, Bolivia, Perú y quién sabe qué más. A los días se integra a nuestro cuarto Lourdes, de Argentina; todas nos entendemos bien, hablamos y reímos en spanglish y gestos, en un espacio pequeño con “cuchetas” (camarote) y baño privado (esto último es todo un lujo en muchos hostels).

Annelise y Maja disfrutan la tarde

El día en que llegué al hostel mis futuras compañeras de cuarto me sonrieron y saludaron en la entrada. Pasadas las horas, Annelise estaba tirada en la cama, se sentía mal, con fiebre y pasó dos días sin hacer mucho… Le convidé té de menta y a mi fiel compañero de viaje: óleo 31, un mágico aceite de hierbas que sirve para todo, incluso para la desolación. A los pocos días Maja tampoco se siente bien, parece tener una infección pero no le entiendo si es urinaria o a la panza. Toma té de manzanilla –le digo y ella recuerda que sí, que la “camomil” puede hacerle bien… En medio de todo compartimos, aunque no salimos juntas durante el día, pero tenemos nuestra cofradía de habitación… Cuando se integra Lourdes también fluye la energía y conversamos de Argentina, de Chile, del terremoto, Bachelet, Cristina… Luego Lourdes sufre con ampollas en sus pies por caminar por la bella ruta vieja -completa, no como otras que hacen dedo; valiente ella- pero con zapatillas de lona. El óleo 31 también alivia su inflamación…

Pasan los días y yo quiero ir a una cabalgata de tres horas a unos cerros donde hay unas minas de cobre. En realidad, me da lo mismo a dónde es. Si fuera a la vuelta de la esquina el paseo igual habría querido ir porque cuando llegué venían llegando unos holandeses muy felices con la aventura y yo pensé: yo a lo más me subí a un pony para una foto cuando niña. Esta vez andaré a caballo. Y le pregunto a Elvio, el guía: Hola, ¿oye, uno puede andar a caballo si no sabe?, ¿si nunca he andado, puedo?  -Sí, pues, si el que tiene que saber es el caballo, eso es lo importante- me dice sonriente. Gran respuesta –pienso. Ya, entonces un día voy a ir –le anuncio feliz.

Y llega el día. Pero mi guía es Ramón, el papá de Elvio, “nacido y criado en la zona, señorita”, me dice con su tenida de gaucho. Cuando llega se pasea por el terreno del hostel: “es que ando buscando mis vacas, que no sé dónde se fueron”. Yo de sólo verlo, ya estoy feliz sin haber puesto ni medio pie en el estribo. Comenzamos la aventura, le pregunto que cómo se llama el caballo: Orezco.  Permiso, Orezco –le digo y me subo según las instrucciones de Ramón. Estoy nerviosa-contenta-expectante y de a poco Orezco y yo nos hacemos amigos, aunque al principio se agacha a rascarse los mosquitos y el lindo no se entera que yo, novata, voy arriba y sufro con cada inclinación de él. Avanzamos entre alamedas, la carretera y luego nos internamos en el cerro, en subida hasta llegar a las minas que, la verdad, no me interesan (son sólo túneles, ni un brillo) pero el paisaje, los colores, mirar Uspallata desde la altura, el poder de los caballos que realmente conocen el camino y saben dónde pisar en estrechos pasadizos, junto a la sabiduría en la conversación con Ramón, son el mega regalo.

Subiendo la montaña con Ramón, Orezco y su colega equino

Ah, usted es paisana –me dice, refiriéndose a que soy chilena. Cantan lindo los paisanos, tienen su picardía, pa’cá siempre vienen a festivales.  Y las espuelas lindas que tienen… los ¿gauchos?- termina en tono de pregunta. Los huasos –le corrijo. Eso, los huasos, bien elegantes son -afirma. Ramón tiene siete hijos y varios nietos, es alegre, prudente, profundo conocedor de la tierra y tiene mil historias para contar porque además de guía de cabalgatas, cría animales y siembra hortalizas, junto con trabajar en el municipio. Le pregunto que cómo hace cuando le toca salir con gringos que no hablan español: Ah, es que como yo no soy “estudiao” no les sé hablar, así que les pregunto con el pulgar pa’arriba: ¿van bien? Y si me suben el pulgar me quedo tranquilo, pero me hablan y no les entiendo nada; sí, sí, les digo –me cuenta y nos reímos juntos de su técnica.

Hacemos una parada para tomar mate, comer medias lunas y tortas mendocinas (sabroso pastel de hoja salado, seguro preparado con mucha mantequilla y que es mejor no conocer). Mientras él arma la merienda yo recolecto piedras del lugar, hay cuarzos y un sinfín de variedades y colores. “Pura piedra, pura piedra”, me grita desde la pequeña sombra que encontró mientras yo hago de recolectora.

Al bajar hablamos de “la juventud actual”, la comida, el país, Buenos Aires, Mendoza. Nos sorprendemos pues Orezco (que se manda solo, casi) toma un atajo y tiene toda la razón, nos lleva de vuelta hasta el hostel. “Si el animal sabe, pues”, me dice alegre, Ramón.

Nos despedimos contentos y cansados por el calor. Me recomienda que me dé una ducha caliente pa’ que no me duela el cuerpo. Y le hago caso. Pero al rato, al mirarme al espejo me veo pálida y no me siento muy bien. Sigo trabajando toda la tarde, pues siento que puede faltarme tiempo para terminar las Predicciones 2012. Cada cierto rato siento un vacío, pero no es grave.

Al día siguiente sí es más grave. Confirmado: tengo vértigo. Me levanto y la habitación se me mueve,  decido acostarme a ver si pasa, aunque ya sé –después de varios episodios en cuatro años, casi soy una experta en vértigo y con mi oído derecho tenemos cada vez mejor comunicación- lo que más menos debo hacer: unos movimientos de pivote. Los hago pero no pasa nada.  Es temprano y todas mis compañeras de habitación dejan el hostel. Lourdes, eso sí, irá antes a su propia cabalgata, un poco más corta que la mía, pero cabalgata al fin y partirá pasado el mediodía de vuelta a Baires. Ella al verme en la cama me trae té de yuyos (hierbas) y mi desayuno, a ver si comer me ayuda; pero mi estómago dice no. Yo me quedo inquieta y tranquila a la vez, pidiéndole a los ángeles que esto pase pronto, que ya sé que no debo hacer tantas cosas, pero que se me olvida, etc., etc. E igualmente agradezco profundamente que alguien me traiga un té en este momento de angustia.

Al rato Annelise y Maja me vienen a ver preocupadas y me traen más té. Me dicen que me quede tranquila: “Ya va a pasar, vas a estar mejor, vas a ver”, y llega la hora de despedirnos y no sólo me da emoción el adiós, también el tener a tres hadas madrinas cuidándome y dándome ánimo. Nos damos los correos y la invitación a quedarnos en las respectivas casas si vamos por Nueva Zelanda, Canadá o Chile.

Se marchan y me quedo sola en la habitación, emocionada, agradecida y preocupada. A los pocos minutos llega la chica de la limpieza y me pregunta que qué me pasa; le explico. Ah, usted fue con mi papá Ramón con los caballos ayer, esto le pasa por el caballo, a mí que soy criada en el campo me pasa que me mareo y me siento mal y no puedo ni andar después- me dice… Y sus palabras me dan gran alivio. Me recuerdan las de Patricia May que, parafraseando a Lao Tsé, explicaba que los humanos necesitamos definiciones, que la madre cuando su bebé está enfermo y no sabe qué tiene, se desespera, pero que cuando el médico le dice: tiene fiebre, la madre se tranquiliza… Lo mismo me pasó a mí.

Y luego mi intuición me dice que me ponga con la cabeza colgando al borde de la cama y lo hago y ahí la habitación se me da vuelta completa, pero a los segundos comienza a ceder la revoltura, vuelvo a estar acostada y algo mejora notablemente. Con Roxana, la hija de Ramón, por mientras conversamos de su vida y distraerme con su historia también me ayuda. Se va a limpiar otro cuarto. Al rato llega de vuelta de su cabalgata Lourdes, también viene un poco mareada…¡Vaya aventura!

Y en eso regresa Roxana, a decirme con bondad y orgullo: ¡Lo que usted tiene es que está apunada por el caballo y la altura, ¿sabe lo que tiene que hacer? -¿¡Qué!? –le respondo ansiosa.  Aspirar una cebolla –dice con certeza. Yo abro los ojos con cara de pregunta pero feliz por dentro porque los secretos de naturaleza no fallan. –¿Le traigo una? –no alcanzo a decirle que sí cuando aparece con una cebolla pequeña y un cuchillo. Lourdes mira expectante la escena. La parto por la mitad e inspiro fuerte varias veces. Mi compañera de mareo me pide una mitad y ambas “aspiramos” repetidamente la cebolla que, poco a poco, comienza a hacer su sabio efecto. Me siento mejor y decido moverme un poco.

Lourdes en la ruta, de regreso a Baires

Acompaño a mi vecina-hada que pronto toma el bus a Mendoza y luego vuela a Baires. Nos despedimos y ahora sí me quedo conmigo en la habitación y agradezco infinitamente la intervención y ayuda de mis hadas madrinas. Escucho a mi cuerpo y me quedo quieta, sólo me levanto a servirme más té. En la tarde, como a las 5, revivo y salgo a la naturaleza, el hostel está casi vacío y el chico de la recepción también está enfermo, pero por comer mucho asado, jaja. Camino lento y me siento a meditar (con los ojos abiertos pa’ no marearme) y sentir el aire limpio de montaña. En eso estoy, sintiéndome mejor pero un poco vulnerable, cuando llega mi quinta hada madrina del día: Loli, una de las golden retriever del hostel cuyo pasatiempo constante es traerte una piedra en el hocico para que la lances y ella corra a buscarla una y otra vez. Se acerca cariñosa, sin piedra, y se instala a mi lado con su cabeza y pata en mi muslo y se queda fiel conmigo largo rato acompañándome mientras sólo el ruido del viento en los árboles se escucha en este mágico rincón de Uspallata.  Gracias otra vez.

Loli y su fiel compañía


10 comentarios

¿La nada?

-¡Audífonos pa’l MP3! -me ofrece un señor canoso y de lento andar asomándose a la puerta del minibus en el que estoy y que aún no parte rumbo a Mendoza, Argentina, mientras mira hacia el fondo a ver si hay más gente.

-Es que no hay nadie -le digo.

-¡¿Cómo que nadie, y usté qué es?! -me dice en tono de reto, mientras yo me río y le digo: en todo caso, síp. Ya -se despide y sigue su marcha lenta.

El bus parte con una hora de atraso y yo me lo tomo con calma, pero igual contrasto el hecho con esa sensación y creencia de que en Chile todo funciona. Ja.

Todo resulta bien “artesanal”, sub-desarrollado (situación que me encanta, pues eso le da sabor a la vida y a las cosas, y que siento es parte de la identidad latinoamericana): llevamos una hora de atraso y nadie explica nada, la puerta del maletero no cierra porque tiene una “maña” que sólo el chofer conoce, esperan a gente que se suba hasta último minuto para hacer más plata, el aire acondicionado no anda, etc, pero el señor chofer y su ayudante tienen buen humor y buen trato, lo cual se agradece. Antes de partir dos chilenas que viven en Mendoza conversan sobre que no se acostumbran y que se aburren. Las dos bordean los 40 y tantos, y les pregunto que por qué no estudian, que eso siempre abre puertas y ayuda a hacer lazos y de paso aprenden algo nuevo. Una me dice que sí, que ya se decidió y que no puede seguir así tan aislada porque no tiene amigas y vive sola con su marido, los hijos se quedaron en Santiago terminando la universidad y ella lleva dos años fuera. La otra está en plena pataleta amarga: se separó hace seis meses, nunca trabajó, nada le gusta y encuentra un horror buscar trabajo “a esta edad”, encima lleva casi diez años en Mendoza y ya no quiere volver pues “estai loca, ¿empezar de cero? no, ni cagando, qué lata; yo ya pasé por eso”. Lo que ella no advierte es que ya está en cero. En fin, dejo de hacer contacto visual y verbal, pues es del tipo de persona cuya energía me cansa. De hecho, al rato se pelea con una argentina porque va conversando y no la deja dormir, mientras el resto de los pasajeros nos reímos porque la otra, como buena argentina, no se achica y le responde…

Hacia el Paso Libertadores, frontera Chile-Argentina

El viaje sigue con mucho calor, pero en medio de las montañas se me olvida y disfruto la aventura. Eso sí, yo no voy a Mendoza esta vez: voy a Uspallata, hecho que en la aduana le cuento al chofer para que me deje ahí, en esa villa de montaña a una hora de la aduana chilena-argentina. -¿A Uspallataaa? – me dice con tono de curiosidad-incrédula-suspicaz. Sí -le contesto y agrego: pero es pasado el pueblo, en un hostel. Mmm, al lado del cementerio -dice él mirándome con ojos de broma. Nooo, no sea malo- le contesto y nos reímos, mientras agrega: yap, entonces dejamos su maleta al último pa’ cuando se baje…  cerca del cementerio, jajaja.

Una vez hechos los trámites, el viaje montañoso de colores rojizos es acompasado por música de Leonardo Favio, Sandro, Franco Simone y más que el chofer canta a todo pulmón mientras yo río, canto y disfruto. Paramos a la entrada de Uspallata a poner gasolina y el chofer abre la puerta y le dice a la “bombera”: señorita, ¿le gusta esta música? -y sube el volumen con la clásica “Chiquitita” de Abba. La chica se ríe y le mueve la cabeza como diciendo “qué loco”. Él es feliz.

Rumbo a Uspallata

Seguimos el viaje y el auxiliar y mi ahora adorado chofer están pendientes de mi destino. -Mis ángeles guardianes -pienso y agradezco. “La niña se tiene que bajar acuérdate”, le dice el auxiliar. (Yo en éxtasis por lo de “niña”). Sí, señorita, ¿por dónde es? -grita hacia atrás. Pasados 6 km de la villa -grito desde mi asiento de la segunda fila.

Adelante van ellos dos y la argentina que hablaba “fuerte” según mi compatriota y que resultó muy simpática. Discuten sobre cuál es el hostel. Paramos en uno que sé que no es, al lado de una bencinera, aunque tampoco conozco el que yo busco. Entramos a ésta -mis guardianes y yo-, y el chofer da la orden al resto de los pasajeros que si alguien quiere ir al baño o comprar algo que se baje, que tienen “permiso”. Mis guardaespaldas preguntan a los dos bomberos que están tomando mate y jugando cartas, parece, no alcanzo ver, pero se conocen y empiezan a echar bromas: que ellos me pueden acompañar, que viven cerca, que me puedo quedar con ellos y no me cobran. Mi guardián mayor, el chofer, se da vuelta y me dice: Este par de frescos, cómo son los argentinooos – yo le subo las cejas y muevo la cabeza en complicidad. El otro guardián les dice: no le digan nada porque ella ya se casó conmigo, ¿cierto, señorita?- me dice con seguridad. Sí -respondo orgullosa. Las bromas se acaban cuando llega una de las novias de los bomberos y el chofer lo delata que andaba coqueteando conmigo. Ella pone cara seria pero luego se ríe, mientras su novio pone cara de póker. Cara de nada, como decimos algunos.

Bueno, los bomberos coquetos confirman que no es ahí, que es antes del puente, faltan 3 km. Y mi guardaespaldas nº 1, me dice de nuevo con la misma suspicacia-incredulidad-asombro: ¿Y por qué va pa’llá?, ¿por qué no se quedó en la villa? Adonde usté va no hay nada -me dice de nuevo entre preocupado, retándome y con cara de pregunta. Y mi respuesta no lo ayuda: Es que eso quiero yo poh, estar en la nada -le digo y veo su cara de “esta chiquilla está loca, es rara; quién entiende a las mujeres, etc.” Bueno, vamos -da la orden mi guardián.

Por fin llegamos y el guardián-chofer sin preguntar ni avisar al resto, entra al hostel saliéndose de la ruta y me deja casi en la sala. Me despido de todos deseándoles buen viaje y ellos a mí y que me salga todo bien con mi trabajo (vine a Uspallata, entre otras cosas a trabajar: a escribir las Predicciones 2012 para emol.com). Mi guardián 2 baja mi maleta y me acompaña hasta la recepción, le pregunta algunas cosas a Christian, el encargado y nos despedimos de beso y abrazo: “ya niña, que le vaya muy bien”, me dice y yo le agradezco feliz.

Uspallata se asoma verde en medio de las áridas montañas

Ahora sigue mi aventura en la montaña del centro de Argentina que, ya por como partió y por la energía de las montañas y este valle verde milagroso, intuyo que será poderosa.

Aquí estoy, en “la nada”, lo que necesitaba: mientras escribo esta nota en la entrada del hostel, los álamos se mueven y suenan con el viento, mientras al otro lado del camino se impone la montaña árida y terracota. Es que “la nada” tiene sonido, vibra, y es un espacio de potencialidad sagrado. A partir de ella todo puede pasar. Ahora bien, “la nada” no está sólo en este lugar apartado y bello, está dentro nuestro, en el silencio, en la quietud. Ese espacio que nos prepara para dar un nuevo paso. Aquí estoy, me permito estar, y allá voy.


7 comentarios

Con el poder de Hércules

Camino a La Aurora, norte de Uruguay

Partimos a las 4 y algo de la mañana desde Colonia Valdense. Con viento y el cielo estrellado. Mauricio va al volante. Yvonne de co-pilota y yo atrás, en medio de la “matera” (estuche de cuero para el mate y el termo), las mantas y unos pasteles uruguayos recién hechos por nuestro intrépido chofer. Atrás van las infaltables milanesas y pascualina para almorzar.

Amanece en el centro de Uruguay

En el camino comienza a amanecer con un cielo pincelado bellísimo que se torna rosa, naranja, rojo, lila, celeste; un espectáculo. Y avanzamos entre risas, conversaciones y la tensión de Mauricio porque la ruta no está tan buena y su auto, “Hércules” (!) se puede estropear. Y yo no entiendo mucho la aprehensión y pienso: ya, igual le pone color, si no es pa’ tanto; qué tiene, si los autos son pa’ andar… Y el camino se aclara y el campo uruguayo se deja ver poco a poco.

Llegamos a un pueblo/ciudad y paramos en la bencinera pero no para poner gasolina, no, sino para cargar con más agua los termos para el mate, ja! Sólo Uruguay tiene en cada bencinera, terminal de buses, tienda o restaurant de carretera, un dispensador de agua hirviendo, por unos 5 centavos de dólar. Y si no venden te la regalan “porque el agua pal mate no se le niega a nadie, viste!”.

Las chicas vamos al baño mientras Mauricio se encarga del preciado líquido y cuando regresamos yo entro en schock: “Nooooo!? ¿¡Nosotros venimos aquí? En este auto? Noooo!?”, le digo a Yvonne, impactada. Y me da entre ataque de risa e incredulidad; mientras ella se ríe a carcajadas conmigo y no puede creer que yo no haya visto a “Hércules” al subirme, y le digo: Nooo, si entre que estaba oscuro, había que cargar todo, tenía sueño; nunca caché que iba arriba de esta “nave”!! -y me viene el ataque de risa otra vez, mientras el bencinero nos mira curioso entre risas también.

Pero tanto el bólido como su dueño se sienten orgullosos, pues se trata nada menos que de este modelito…

Hércules! sin palabras

… un Ford Maverick del ’74, auto de colección que, aunque circula por un país acostumbrado a las antigüedades de todo tipo en las calles, ésta se trata de una reliquia aerodinámica y mucho más “cool”, ondera, que las que se suelen ver por el paisito

Los niños alucinando...

Y luego de tomar conciencia del protagonismo de Hércules,  además de encariñarme con él y seguir riéndome, también me empiezo a sentir rica y famosa, pues cada vez que paramos los niños le toman fotos, quieren subirse y Mauricio los deja;  los hombres se dan vuelta a verlo, dicen cosas: “pedazo de auto tenés, loco!”, se acercan a conversar y preguntan temas técnicos aburridos para mí, pero que me hacen sentir que voy en un carruaje VIP….

Y seguimos bromeando con Yvonne porque Mauricio igual sufre un poco con la inevitable  tierra que le dejamos en el piso o el agua del mate que de pronto se cae… Pero lo entiendo, este no es un auto, es su hijo y compañero fiel… Si hasta dijo que le hablaba porque no tiene el medidor de gasolina , él calcula cuánto le queda por los kilómetros y que una vez en que se paró en la carretera, él le pidió que por favor hiciera su último esfuerzo y Hércules volvió andar, llegó hasta la gasolinera y se detuvo! …Adoro esa magia de la vida y la candidez para pedirla!  Y, en medio de toda la veneración de este uruguayo por su auto, recuerdo cuando el año pasado me fue a buscar en “la cachila!” (aquí está el post)  y también me hizo reír mucho…

Y bueno, aquí vamos, camino a Aurora, a lo del Padre Pío… Y no casualmente, el poderoso Hércules es verde… el color de la sanación… En un hermoso viaje impregnado de ésta y de las bendiciones que a cada rato nos da la vida…

Ya les cuento cuáles…


3 comentarios

TESOROS ESCONDIDOS EN SUDAMÉRICA

Eso de no valorar lo que tenemos es tan humano, que no se puede criticar. Cuando te alejas de lo cotidianadamente conocido, de todo aquello de  lo que dispones, te das cuenta de lo bueno que esconde… Y al revés, cuando llegas de otro lugar y tienes otros ojos, puedes ver con asombro lo que parece tan normal…

Y con Uruguay pasa lo mismo.

La mayoría de los uruguayos no miden lo valioso de su tierra verde rodeada de agua, de sus costas ventosísimas, de sus praderas anchas con el cielo revuelto… No tienen idea de lo sabroso  de sus habituales bizcochos para la hora de la merienda… No ven la belleza de la pureza de su gente y del trato humano que ofrecen a cualquiera sin importar demasiado las apariencias o el qué dirán… No ven la sabiduria de ser menos consumistas y dependientes de la tecnología… No disfrutan que su comida, pese a ser demasiado tradicionalista, tiene sabor de hogar, de preparación paso a paso con productos aún naturales y procesados escala humana… Y muchos dan por sentado que vivir en espacios rodeados de naturaleza con poca intervención es normal, sin darse cuenta del mega privilegio…

Atardecer en Colonia Valdense, Uruguay

Ahí va. Ahí está. Uruguay no más…


5 comentarios

Viaje directo a la Felicidad, 2

Señores Pasajeros:

Observen lentamente…

Bosque en Cerro Phillipi, Puerto Varas, Chile, 2010

Lago Todos Los Santos, Chile, 2010

Mandala de flores en el balcón. Santiago de Chile, 2010

 

Una tarde mirando al Oeste. Santiago de Chile, 2010

Los Andes después de una nevada en Primavera. Santiago de Chile, 2010

Un dulce perro citadino disfruta el campo. Catapilco, Chile, 2010

Sin palabras! Catapilco, Chile 2010

Primavera azul. Cataplico, Chile, 2010

Poderosa Lavanda al atardecer. Chile, 2010

Divino Kumquat. Chile, 2010

… Contemplar, sentir, valorar, agradecer, estar, escuchar, oler, saborear, respirar, integrar… la NATURALEZA, es clave para lograr ser feliz.

Sin conexión con la Naturaleza, sin apreciarla, sin hacerla parte de lo cotidiano y de lo profundo, la Felicidad -el acceso a ella- se extingue, pasa de largo…

Conectarse con su vibración, su belleza, su sabiduría, sus ciclos, su diversidad, su ENERGÍA, es una de las grandes PUERTAS a la FELICIDAD… Para atravesarla, hay que detenerse a sentir, por ejemplo, el alegre renacer de la Primavera, o el sabio despojo del Otoño…

Y la Naturaleza no está afuera, comienza por nuestro cuerpo: somos naturaleza también, en nuestro cuerpo hay agua, aire, tierra y fuego… Así, conectarnos con nuestra energía emocional, mental, física y espiritual, y con la Naturaleza exterior -la Tierra- nos garantiza una vida significativamente más plena.

Hagan la prueba.

(Viaje directo a la Felicidad, 1)

(Viaje directo a la Felicidad, 1.5)


7 comentarios

Resfrío otoñal, ¡qué regalo!

Creo que disfruté tanto del inusual viento en Santiago el lunes pasado, que dejé que el frío me atrapara. El martes mi garganta ardía y mi nariz comenzó poco a poco a convertirse en gotera.

Entonces, después de almorzar ese día con una amiga en Bellavista, corrí a mi doctor favorito. El doctor Lee, médico tradicional chino, taiwanés en realidad. Lo único malo de su consulta es que queda en pleno centro y creo que ir hasta allá agravó mis síntomas. En fin.

Una vez ahí, con su habitual sonrisa, toma mi pulso y me dice en su “espachiñol”: “gadganta infamada, fiedbe… moco? tiene moco?”.… Yo a todo respondo que sí. Lo único que aún no siento es “dolod de cuedpo”. Muy resuelto me dice: “Aguja pala más dápido”.

Me tiende en la camilla como siempre y examina mis manos, mientras aprieta mis dedos, y dice: “lespile”, entonces pincha algunas de mis yemas y yo grito más de susto que de dolor. Él se ríe y me dice: “sacad sangue pala más lápido bajar fiebe y gadganta”. Aprieta algunos dedos y supongo que saca sangre porque yo no puedo ver.

Luego me deja en la camilla con algunas agujas en las manos y en las piernas. Cuando las acomoda se siente una electricidad algo dolorosa y yo le digo: “¡Maloo!”. Él sonríe sin inmutarse y me responde: “no, yo bueno” . Con sabiduría me recuerda que el dolor es bueno, porque está sanando; me dice que cambie la palabra, que ahora cuando ponga las agujas yo diga: “¡Bueno!”. Lo hago, nos reímos y me felicita.

Mientras sigo tendida en la camilla, hablamos (tratamos de) un poco del karma, de budismo, del Tao y de no comer carne por “mala enegía: pollo, calne; menos”, me dice. Efectivamente la fiebre y el dolor de garganta bajan; me relajo y siento el cambio de energía. Luego me da hierbas y me dice que coma cosas frescas, nada cálido ni picante.

Me voy con mis medicinas y llego a casa llena de síntomas de resfrío, pero feliz. Soy muy afortunada de poder ir a verlo, de que me espera una cama y comida,  y de poder quedarme acostada al día siguiente para recuperarme.

Qué sabio es el cuerpo. Él si sabe parar. No como yo (mi ego y el de muchos) que anda enchufado todo el día y con la agenda llena y paséandose con frío en vez de regresar a casa cuando pude hacerlo. Entonces, como yo no lo hice en mucho tiempo, él me dio la orden y dijo: “a descansar, a botar las toxinas y emociones acumuladas; no queda otra” … Y aquí estoy en cama, meditando a ratos, tomando litros de  té de hierbas, mirando por mi ventana si llega la lluvia, poniéndome al día con algunos correos, viendo las celebraciones de Chile y de Uruguay con el Mundial, comiendo frutas frescas y sopa, dejándome cuidar… Y de repente levanto la vista y el cielo del atardecer es un espectáculo alucinante: dorado, lila, naranja, rosa. Luego la luz comienza a irse, las nubes se vuelven más oscuras y avanzan hacia el sur. Lo disfruto, lo agradezco, lo dedico… Y, obvio, me levanto para tomar un par de fotos.

Aquí van algunas de las que tomé desde mi ventana sin siquiera levantarme. Gracias por tantos regalos!

Atardecer en Santiago

El cielo dorado y revuelto

Panorámica de un bello atardecer en Santiago

Se va el sol


4 comentarios

“Ahí va!”… CON NOSTALGIA URUGUA-SHA

Dado el mega remezón que muchos tuvimos con el terremoto de Chile, ahora no siento ganas de moverme… Mis planes de viaje se quedaron en pausa, por un rato, obvio… Durante marzo y hasta mediados de mayo estuve re quieta, con poca vida social, silenciosa, menos dispersa, más presente y, paradójicamente, más feliz….

Parece que cuando vivimos mucho dolor/miedo/conmoción como protagonistas o como espectadores cercanos, también el alma y el cuerpo piden reposo, pero al mismo tiempo la mirada de las cosas cambia y valoras hasta el atardecer que antes no veías.

Bueno, en eso estoy cuando comienzo a sentir nostalgia urugua-sha… Saudade… De qué?

Del ritmo uruguayo, de las conversaciones, de la vida simple adornada por un asado, el mate, los bizcochos y la gente que comparte con pocos prejuicios… Nostalgia del poco stress, del ritmo cadencioso de Montevideo o de Colonia, del verde de Valdense y de Solymar… Nostalgia del domingo en el Parque Rodó o de caminar sin rumbo por Ciudad Vieja con el viento en la cara…

Montevideo desde Plaza Independencia

Mmm, ahora que lo escribo me entusiasmo otra vez y me dan ganas de tomar pronto la maleta y los pasajes. Pero parece que aún no es el tiempo. Todavía me ronda una sensación de fragilidad y encima presiento que se asoman grandes cambios internacionales. Entonces, por ahora, atesoraré los recuerdos con un mate desde mi balcón, donde las nubes pasan muy lento, pues acá la cordillera frena el viento… qué lastima, es tan agradable despeinarse!

Atardecer en Santiago desde mi balcón


1 comentario

¿ESTÁ USTED CAPACITADO PARA VENIR A URUGUAY?

El clásico mate uruguayo

Mmm, esta no es una pregunta que se responda así no más.

Así que lo invito a leer la nota que me publicó el diario El País, en su sección de Viajes. Es un Test para viajeros con destino a Uruguay, que puede leer clickeando acá: http://viajes.elpais.com.uy/

Si quiere, agarre su mate, té o café y decida si es usted un viajero apto para aventurarse por este lado del Sur.

Saludos desde la rambla de Montevideo!

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 126 seguidores