En plena metamorfosis

-Jime, ¿es idea mía o estos días están terribles? -me pregunta una amiga que me encuentro “casualmente” en la calle.

-Jajajja, todo el ratop… ¿pero qué sería terrible? -le pregunto.

-No sé, no me resulta nada, se me perdieron unos papeles y no logro acordarme dónde los dejé, pelié heavy (fuerte) con mi pololo (novio); todo mal poh, Jime.

-Bienvenida al fin del otoño, poh, amiga, en eso andamos todos! Revueltos, ¿no? Está rudo este tiempo.

-Ya, pero cuándo se acaba esta custión? (cosa) -me dice con voz de niña compungida.

-Mmm, no se acaba na’, se vive y seguro pronto viene otra, ¿no ves que todo está intenso y rápido?  Yo tampoco doy más, el domingo pasado después de ir a ver un salón para el Ritual donde me cobran el audio aparte y sale demasiado caro, y después del taller de meditación del sábado, que estuvo lindo con un grupo muy conectado y lo disfruto mucho, que igual esta vez me demandó gran trabajo porque se me juntó con el ritual y lo del espacio, y  luego de recibir una mala onda de alguien cercano y teniendo que preparar el material para la radio en medio de todo el cansancio, dije frente a mi altar: saben qué más, me cansé, no doy más, me quiero ir, ¿vámonos pa’ la casa? ya viví, ya crecí, ya lo pasé bien, ya, ya, ya… Vámonos, me quiero ir! … Y me senté rendida llorando de pena, angustia, cansancio… Es que ha sido demasiado; sientes eso? Demás que salió a pasear mi ego víctima y toda la energía contenida… Igual fue bacán (muy bueno) porque liberé y el lunes le pedí hora de urgencia a Angélica, mi terapeuta de flores porque me sentía superada…

-Sí, amiga, perdona el egoísmo, pero qué bueno saber que no soy la única. Yo anoche también lloré – y me toma el brazo con cariño mientras me río con los ojos vidriosos…

-Pero igual tuve una señal que nos da esperanzas -le digo, ya cuando estamos por despedirnos.

-¿¡Qué!? dime pa’sentirme mejor -me grita expectante.

-Después que lloré, me calmé, vi, medité, me reconcilié, agradecí… Me levanté y lo primero que miré fue un cuadro pequeño que me traje de Guatemala. Y arriba de él, en la pared estaba una mariposa nocturna, de esas que a la gente no le gustan y yo las encuentro de lo más dignas…

-….

DSCN5274-Eso poh. Que la mariposa es símbolo de transformación, de cambio. Así lo sentí yo, que esta sensación de estar al límite, de no dar más es parte de un cambio interno y colectivo, y pronto volaremos. ¿No ves que la mariposa antes era oruga y luego crisálida y de ahí le salen las alas y es entera de (muy) bacán y sutil?

-Ay, Jime. Sí cacho (entiendo) lo de la transformación, lo que pasa es que como yo soy práctica, tú cachai (entiendes), yo habría agarrado el insecticida… y me habría quedado sin cambio ni alas, poh, amiga.

-Jajajaja, nooo, qué mala, te pasaste, qué te hace una mariposa!? Y qué lesaaa! (tonta). Vas a reprobar esta encarnación, te aviso! Jajaja. Ya, pero igual por algo nos encontramos, así que si te encuentras con tu propia mariposa, salúdala y dile que ya cachaste la señal y que no se te va ocurrir agarrar el insecticida ni espantarla.

-Ah, qué bueno. Pucha, que me sirvió encontrarnos.

-Y a mí, no sabes cuánto. Gracias! Chauuu… Y ven al Ritual, ya pongo en el blog toda la info!

-Sí, lo necesito! Chauuu.