Un solsticio que invita a compartir

Me brotan lágrimas sintiendo la música y mirando las imágenes del concierto Piano bajo las estrellas que el Planetario de Santiago ofrece para celebrar el solsticio.  Y aunque a ratos me marean las imágenes, me quedo feliz con los ojos cerrados vibrando con la música del teclado, los instrumentos andinos -bellas y poderosas vasijas ecuatorianas con agua en su interior- y un chelo que acompañan el alucinante cielo puesto en la cúpula. En un momento proyectan la Tierra grande girando sobre nosotros y un juego visual de bosques, agua y paisajes que resultan muy conmovedores. Yo parezco una niña, todo me sorprende y me gusta, hasta el mareo… Resulta que a Pepa, que está de breve regreso en Chile antes de seguir con su aventura neoyorquina, se le ocurrió invitarnos a este concierto y pese a que el día está propicio para quedarse en casa, pues el frío y las nubes tienen pura cara de cena hogareña, yo amo los paseos y la ciudad, así que voy contenta aunque sin expectativas; de hecho me encantó que lo organizaran precisamente por el solsticio y enterarme ahí, pues fue mi segunda celebración de este movimiento del Sol… Todos quedamos en una vibración muy alta, agradecidos una vez que termina, admirando la energía de este sur de mundo y con pocas ganas de irnos tanto por lo vivido como por el frío que nos espera…

Sí,  el invierno se instaló con fuerza por acá y sabemos que no es de las estaciones más populares, pero puede llegar a ser de las más fructíferas. Claro, el sistema no promueve la introspección, el silencio, el estar en casa, el no hacer, el contemplar, la falta de fuerza o de entusiasmo… Tampoco solemos valorar las crisis de cada uno, con los dolores, lágrimas, miedos y tragos amargos que significan, pero que son parte imprescindible de estar vivos, de pasar por esta experiencia humana. Esto, los momentos angustiantes, también son inviernos. Y tienen que estar…

Esta semana en la consulta de Carta Astral, desde Santiago y otras tierras, varios están en su propio invierno y un par están en plena resistencia a éste; cuando lo único que quiere esta energía es que le demos espacio. Muchas veces les digo a algunos consultantes, pon un puesto más en la mesa que represente el dolor o la fragilidad porque él quiere hacerse amigo tuyo y mientras más lo rechazas y te haces el fuerte, más se entristece él, más aparece y tu cuerpo -siempre noble- será quién le dé lugar con alguna enfermedad… Sí, no nos educan para eso, para incluir lo incómodo, pero ya estamos más grandes y es tiempo de cambiar, de crecer en el dolor y en la alegría…

Este solsticio nos trae compañía, nueva información y la bella posibilidad de armonizar nuestras emociones… Nada más pasado de moda que el drama, por si acaso, pese a que el sistema sí que le da fuerza. Y aunque julio traerá agitación (ya viene el audioróscopo del mes), este solsticio, que se abre de la mano de Mercurio, Saturno, Urano, Quirón y Folo, nos propone una apertura de mente y de nuestras redes. Es tiempo de escucharnos primero a nosotros y sentir qué necesitamos, qué ya no nos corresponde y qué queremos nutrir. También de usar nuevas formas para avanzar; y esto puede incluir descansar, ojo. Junto con esto, son meses para que nos vinculemos con cercanos, lejanos y nuevos con una mezcla de energías que puede resultar todo un arte: liviandad y honestidad…. Es decir, enrollarnos menos, activar la risa, solucionar antes que discutirlo todo y expresar lo que realmente sentimos o queremos desde la intención de hacer caso al alma,  no desde el querer imponer o ganar, o lanzar verdades con ventilador porque sí -eso es ego bruto e inseguridad.  Este solsticio nos llama a compartir tiempo, ideas, cariño, casa, paseos, miradas de nuestra historia… Y nos da mega regalo: puede que revivamos algunos hechos dolorosos muy antiguos o que están en nuestra energía aún, con el propósito de ver cuánto hemos crecido y para que esta vez elijamos actuar de otra forma… El cielo es entero generoso y nos hará practicar, así que ojo con quiénes y con qué nos encontramos estos meses, pues es nuestra gran oportunidad de liberarnos de nuestros propios juegos. Por mi parte, iré a encontrarme con amigos antiguos y nuevos en Curicó este 4 de julio para compartir esta charla sobre cómo vivir y disfrutar estos tiempos inciertos.  ¡Feliz invierno por aquí y Feliz Verano por allá!

Cuando menos lo esperas

Entre carcajadas, Doris, gran consteladora suiza/chilena/curicana, con quien estamos organizando un ciclo de charlas en Curicó para julio, me dice: qué bueno saber que esas cosas te pasan a ti también porque yo siempre aprieto mal el botón, creo que mandé algo y después no está, jajaja -nos reímos juntas. Se refiere a que dos veces apreté mal el botón en este blog y publiqué la nota inconclusa, por tanto la tuve que bajar.  Pero ahora sí. Acá va:

Las vecinas de asiento son muy divertidas pero no lo saben. Son una japo(nesa) y una mexi(cana) de unos veintialgo años. Ambas parecen estar hace un rato en Chile (seguro de intercambio o algo así), por lo que conversan les gusta mucho esta tierra; ya anduvieron por el norte y por parte del sur. La japo le pregunta a su amiga si en México se habla igual que acá. Ella responde que sí se habla castellano pero con otras palabras. La japo le dice: ¿aahh, allá no se habla ‘cachai’ (palabra ultra típica chilena, que significa entiendes, ves, sabes)? –no, le dice la cuate. –¿No, ‘guata’ (panza)? –continúa, mientras yo ya me río desde el asiento al lado de ellas. Y la amiga mexi se sonríe conmigo mientras la japo curiosa sigue: ¿no pololo (novio)?, ¿no micro? (autobús), ¿no poto? (trasero).

Jajaja. Terminamos riendo varios en la micro; al tiempo que la mexi le explica el símil de cada término en su país, sin dejar de admirar el bello camino verde y amplio entre Puerto Varas y Frutillar en una mañana con sol, lluvia y el cielo revuelto en el fin del otoño 2017. La japo agrega que su “mamá chilena” siempre le dice: ‘guatita llena, corazón contento’ y me da mucha ternura todo: la frase, ellas, nosotros, la mamá, Chile, este sur sanador, la micro en la que vamos donde todos saludan y agradecen al bajar.

Al llegar, luego de compartirles a las chicas algunos sitios que pueden visitar, como el teatro sobre el lago con su agradable café, el museo y la reserva de la Universidad de Chile que relaté en esta nota hace unos años; camino tranquila por la costanera de Frutillar saludando al lugar, al Llanquihue y su arrebatador poder (anoche hablábamos en el hostal con otra mexi, Fabiola, de Chile y sus lugares de poder), al cielo dibujado de nubes,  a los árboles, a unos perros callejeros que duermen con placer, a un par de aguiluchos y a varias bandurrias parlanchinas que interrumpen el silencio.

Me siento en la orilla con el sol en el cuerpo. Feliz ante la inmensidad azul de este rincón sureño. Respiro plenitud; enorme conexión. Al rato,  a unos metros, en una banca, hay una familia argentina que prepara ya -aún es temprano para mí- su almuerzo improvisado, unos sandwiches de milanesa entre risas y las aprehensiones de la madre con el nieto en brazos que quiere irse a otro lado porque están cayendo unas gotas y el hijo le dice que no sea alharaca, que parece porteña (bonaerense). Yo me río con toda la escena pero al mirar hacia atrás pienso en que tendré que moverme pronto porque las nubes están bien oscuras y el sol no podrá con ellas. Así es, al poco rato me muevo y tengo que abrir paraguas pero felizmente se me cruza el clásico café con duendes de la esquina donde hay una preciada estufa a leña y varias delicias que saborear, como un chocolate caliente a media mañana entre frío, lluvia y sol. Al llegar está vacío, me acomodo feliz al lado de la ventana. Luego la lluvia trae a más viajeros como yo poco acostumbrados a este clima.

Estoy en el sur hace unos días. Meses atrás no esperaba venir, pero hace pocas semanas ya lo necesitaba. Es que el viaje anterior me dejó feliz y sobre estimulada también; de hecho en los últimos días de éste sentí: ‘tengo que ir al sur cuando llegue’. Como dije una vez, el alma tarda en llegar. Mauricio, acá en el hostel me dice: ¿estás descansando de las vacaciones? -¡Claro!- le digo y me entiende perfecto.  Vine acá a aterrizar situaciones, a integrar, a organizar algunos planes (charlas y clases de astrología que hace rato me piden que haga y que mi ego posterga) y recomenzar mi año personal/laboral con más presencia, por tanto con una detención conmigo. Encima hay Luna llena (momento de cierres y de sacar conclusiones) y Júpiter despierta de su siesta (reconectamos con el entusiasmo), así que el cielo también me acompaña. Además, sin duda, necesitaba la lluvia, lagos y cielos revueltos que hay por acá; también no planificar mucho al viajar. Por eso vengo al hostal de siempre en la ciudad/pueblo (Puerto Varas) de siempre que adoro y donde suelo igual encontrar algo nuevo, pero donde lo conocido resulta cálido, como el consomé (sopa de pollo) + copa de vino en el bar/restaurant Paréntesis, el küchen de frambuesas en el Mamusia,  el saludo de los baristas de Lo Spuntino y de Kal Rako, además de las caminatas por el lago y sus colinas cercanas; donde armo el día a día según surge.

Y este día en Frutillar es más que perfecto. Salí pasadas las 11 de Puerto Varas con algo de lluvia. Después de desayunar y recibir saludos, bajo el cerro hasta la costanera y me encuentro con un colibrí que -como pocas veces- se detiene bastante rato frente a mí, que lo observo con delicia. Me río con él y finalmente le agradezco. Cuando lo hago  -agradecerle- sale raudo hasta unas flores cercanas. Es mi cumpleaños. También por eso vine acá. Necesitaba un reinicio personal distinto a otros años. Por la mañana, las chicas del hostal me sirven el desayuno con una velita puesta en un queque (bizcocho) y un bello letrero de feliz cumple.  Me da emoción el gesto.  Después de mi amigo colibrí, me saludan mis padres entre risas y bromas familiares porque realmente los saludos comenzaron esta madrugada, a las 12, cuando estábamos brindando con espumante y a mi mamá (desde Santiago) le dio por mezclar poemas/canciones (de Violeta Parra, Gabriela Mistral y más) muy conocidos vía WhatsApp para saludarme sacándonos muchas carcajadas. Cuando terminamos de hablar, frente al lago, le pido a mis guías y al lugar: Chiquillos, por fa, me pueden regalar un arcoiris hoy?, no ven que es mi cumple? -les digo y sigo caminando por la orilla antes de tomar el bus a unas cuadras.

Una vez en el café de los duendes le pido a la chica que atiende si me puede prestar un cargador de celu porque entre fotos, llamados y audios de saludo la batería va en baja. Me consigue uno y en la mesa del lado hay enchufe. Le agradezco y le digo: ¿viste que la vida es perfecta? -me sonríe y yo sigo feliz sintiendo la lluvia, el chocolate y la energía de este sur. Al rato, cuando la lluvia pasa continúo mi caminata y cuando ésta vuelve entro a una tienda de artesanías en lana y madera en que conversamos un poco con la encargada que teje más cosas. Salgo otra vez; la lluvia se pone algo más intensa. De repente me encuentro frente a la iglesia del pueblo y decido entrar o quedarme al menos en el umbral mientras pasa la nubada. La verdad evito bastante las iglesias, sobre todo si son muy antiguas; la vibración no es precisamente alta y muchas veces son una fuga de poder personal; en fin. Pero las de madera en el sur suelen tener otra energía. Al entrar a esta pequeña iglesia (en la foto) me emociona porque es muy cálida, pero también porque están las madres sosteniéndola. Guadalupe (la amo; es la “madrina” de este blog; y la saludo feliz al llegar: Lupitaaaa, eres tú! -le digo) en la entrada derecha, y en el altar la Inmaculada Concepción, muy bella. Pido permiso para estar ahí. Como no hay nadie me paro en medio y digo: hola chiquillos, permiso para hacer una conexión aquí, ¿sí?-. Cierro los ojos y pongo las manos en un mudra y luego en gesto de recibir. Siento la mega energía girando entre mis brazos, me da entre alegría e impresión; me viene risa. Es como un juego, pero es profundo al mismo tiempo. Cuando digo en silencio: guau, gracias!, entran dos visitantes; yo cierro la conexión, agarro mi paraguas y recibo el llamado de una gran canalizadora amiga para saludarme, con lo cual tengo que salir. Converso un rato. Como no alcancé a despedirme, vuelvo a entrar y les digo que todo bien, que gracias y hasta la próxima. Estoy en la puerta y entra otro llamado/saludo de una amiga que -un poco como yo en las lecturas- muchas veces hace de puente y recibe información álmica.

Camino un rato recordando la energía. El sol vuelve a salir y lo disfruto. Cuando se esconde me voy al café del lago que siempre tiene una energía bella, es como si te meciera el Llanquihue y no importa lo que comas o bebas, entras fácilmente en otra frecuencia… Nos reímos con la mesa del lado y algo conversamos mientras afuera la lluvia reaparece. Cuando termina decido salir -son casi las cinco de la tarde- a buscar ‘almuerzo’. Camino lento en dirección a uno de los restaurantes que conozco; no comeré mucho porque a la noche tengo celebración, pero igual quiero un poco de pescado, por ejemplo. Disfruto la humedad, la brisa, el frío, el sol que se asoma un poco. Y de pronto, antes de cruzar la calle me volteo a mirar el lago otra vez casi a modo de despedida  y ahí está. Mi regalo de cumpleaños sureño made in Universo:

Además de emocionarme, reírme cantidad, disfrutarlo, agradecerlo y llevarlo al corazón, le tomo unas cuantas fotos a este arcoiris que sella -para mí y para muchos- un ciclo de dos años que tuvo todos los colores (incluidos los más oscuros), que pese a momentos áridos y sin respuestas, hoy recobra sentido y nos permite recomenzar sin muchas expectativas pero con certezas interiores porque -hace rato- tenemos poderosos aprendizajes en cuerpo y alma que atesorar y hacer brillar. Como esto: Cuando pides algo desde tu conexión,  jugando , y lo sueltas, cuando te diviertes en el camino, llega; aunque sea al final de la tarde… o cuando menos lo esperas… Gracias!!!

Los perfectos hilos de la Vida

-Pero amigo, es que yo quiero desayuno, no almuerzo, ¿será posible un café árabe con tostadas como sale ahí en el letrero o es mucho pedir? -le digo al mozo colombiano que atiende el café Sherezade, en Patronato (un barrio comercial e históricamente migrante; bueno, bonito y barato, además de muy entretenido), donde se aprestan los shawarmas y rellenos en la vereda, cerca de la una de la tarde. Él se ríe y me dice que irá a preguntarle a la maestra de cocina. Vuelve; me responde que no, que ya están por sacar almuerzos. -Pucha, la maestra -le digo con puchero y le insisto: ya, pero ¿qué puedo comer que sea un poco más liviano y no sea un plato para acompañar mi rico café?-. Los dos nos quedamos pensando unos segundos hasta que Luz, la amiga que va conmigo en la aventura, menciona la palabra hummus. Se encienden mis papilas y neuronas y le digo al mozo amigo: ¿y tienes porción de hummus con pan pita? -Cuando me dice que sí soy la más feliz y nos instalamos con la amiga a compartir café y aperitivo/desayuno delicioso mientras nos contamos la Vida y parte de mi reciente viaje.

Pero antes de esto pasaron un par de cosas. Y seguirán pasando en un día -y fin de semana- de reencuentros, contrastes y certezas que me dejan -finalmente- alegría, calma y sentido en el corazón. Es potente comprobar cómo se mueven los hilos de la Vida y cómo todo está conectado aunque no podamos entender la lógica de esto ni dimensionarlo…

Ah. Y un punto aparte. Acá están los audioróscopos de junio. Una “ruta de navegación”, como dijo la amiga Carol, donde está la energía del mes y luego otro audio para los doce signos.

Sigo. Es viernes y paso de una lectura de carta astral cruzada por el tema de la muerte y del desapego -pronto haré una charla sobre esto último- a encontrarme con Luz, una amiga que no veo hace un rato y que hace más de un año está sin trabajo, con todo el proceso interno y externo que esto significa, el cual ha sido bello y angustiante a la vez. A diferencia de otros viernes -pese a varios correos- decido no poner a nadie a la hora de almuerzo con lectura astrológica en la agenda y le digo a la amiga que si me acompaña a Patronato a comprar un par de cosas de abrigo y que luego la invito al café árabe respectivo.  Partimos juntas en metro y luego cruzamos el clásico Parque Forestal de Santiago. Estamos en esto cuando recibo un mensaje de una hermana/amiga con quien compartimos ya no sólo telenovelas brasileras y turcas con mucha risa, sino además gran conexión y apoyo en distintos momentos y a quien veo casi a diario porque paso a saludar, a tomar té, a ver la telenovela de turno en medio de las lecturas; a veces hasta me toca almuerzo compartido. Bueno, el mensaje me dice que acaba de morir su papá, que estaba enfermo hace unas semanas… Los llevo al corazón de inmediato y me detengo en un rincón a llamarla sólo para estar, no para decirle nada en específico, sólo para acompañarnos de corazón.  No casualmente el velatorio es apenas a unas cuadras de Patronato; le digo que iré. Ella me dice que no pensando que estoy en mi consulta, que con llamarla ya es suficiente, mientras se siente su voz de niña con la tristeza pura que todos vivimos en momentos así. Le digo que igual iré. No casualmente -de nuevo- Luz también la conoce y le tiene gran cariño.

Guau, la muerte otra vez, reflexiono. Pasamos, entonces, a las compras que están entretenidas, pero no nos detenemos mucho, luego del café nos vamos caminando cuales turistas porque hay un par de mercados que no conocemos y están muy buenos y llegamos a la iglesia a abrazar a la amiga a sentarnos tomadas del brazo, a escucharla, a estar… Siento la belleza de la Vida y del alma que permiten conexiones y momentos precisos en medio de toda la agitación -reales o agrandadas por nuestro ego- que cada uno vive… Y doy gracias en medio de la tristeza que -como muchos- conozco. Sé de qué se trata la muerte, su dolor, su silencio, su vacío, su sagrada presencia y su “cámara lenta”…

Después de abrazarnos mucho las tres, con calma hacemos el camino  de vuelta con Luz hasta Providencia, donde ella dejó su bici para seguir a casa. En medio pasamos a ver otras cosas y Luz recibe un llamado. Nos detenemos en un rincón para que pueda hablar. Ella hace un gesto típico de felicidad con el brazo y medio que se agacha, mientras sé de inmediato de qué se trata porque se me eriza la piel y ella habla con chispa diciendo: ‘gracias, da gusto recibir noticias así’. A esas alturas yo figuro saltando y bailando al lado de ella. Cuando corta el teléfono le saltan las lágrimas de emoción y alegría y me dice que sí, que por fin, después de un año y medio, encontró trabajo, al tiempo que nos abrazamos una y otra vez con saltos y risas… Guauuu, la Vida es infinitamente bella… Luz sigue con sus ojos llorosos y risas nerviosas y le digo: tenemos que ir por un pisco sour  ahora! A celebrar! -y me responde feliz que sí! Entonces nos vamos al bar/restaurant de la vuelta a comer y brindar. Cuando el mozo nos dice qué queremos le cuento: para empezar dos sour porque mi amiga está celebrando- él cree que es su cumpleaños y realmente es algo parecido-. Ahora comienza otro ciclo. Nos quedamos ahí un rato comentando tantas vivencias de estos meses, algunos con desazón y otros de grandes comprensiones. Nos quedamos también  sintiendo enorme agradecimiento en el corazón…

Yo no puedo dejar de mirar y valorar cómo la muerte, el dolor, la alegría, la liberación, los cierres e inicios se unieron en un solo día que podría haber sido un viernes más con un par de noticias… Pero algo -los hilos de la sabia y perfecta Vida- se movilizó para que todos los involucrados -incluidos quienes leen esta nota- hiciéramos una perfecta danza que nos deja tremendo Amor dentro y en el aire para sentir que sí, que la Vida -como siempre lo digo- es perfecta, no es cómoda y tiene de todo… Y a eso vinimos: a experimentarla con todas sus tonalidades…

Mi fin de semana avanzará con otros dos bellos reencuentros, un agradable almuerzo, más situaciones en torno a la muerte y gestos de amor que siguen sucediendo en medio de nuestras angustias y cuestionamientos… GRACIAS.

Trascender nuestras barreras con alegría

Por fin camino a orillas del Bósforo… Era la única expectativa que tenía de este viaje. Y aunque al principio me cuesta porque están remodelando la costanera de una de las zonas que quería recorrer (Karaköy),  luego de seguir y cruzar en el ferri, camino con el viento en la cara por la costanera vibrante de Uskudar…. Eso tiene Turquía (“mi país”, como señalo siempre medio en broma, medio en serio porque sé que ya estuve en otras vidas por aquí): otra vibración. Tiene chispa, sabor, color, magia… Antes pasamos por Londres, Manchester y Liverpool, que me gustaron mucho, pero -obvio, cada uno con lo suyo- les falta sabor, aunque tienen su majestuosidad y belleza. Y les falta brillo. Hay zonas de energía muy baja por esos lados y otros que recorrí antes y, a diferencia de nuestra América, ‘más nueva’, la naturaleza en el norte hace lo que puede para contrarrestar el peso de la historia cruda y el exceso de mente pragmática, y sostiene, pero -para mí- no logra vibrar muy alto, por tanto, no conmueve. E igual acompaña, lo cual es mucho y me provoca agradecimiento.

Recuerdo que hace tres años, en una conversación con una inglesa en el hostal en Estambul, veníamos llegando por la noche y le pregunté qué había hecho ese día. Me dijo: caminé y caminé a orillas del Bósforo; creo que unas tres horas-. ¡Ay! Yo quiero (tengo que) hacer lo mismo, pensé; pero al día siguiente ya teníamos que irnos y antes nos daríamos un reponedor baño turco…

Cuando estoy en medio del viaje, sin conexión a Internet, explorándolo todo, jugando, además de agradecer mucho, digo: ¿cómo no hice esto antes? Claro, igual me fui al sur chileno -que adoro- un par de veces, pero parece que necesitaba estar aún más lejos y con más estímulo. Bueno, Chile queda tan ‘lejos’ de todo que cualquier viaje es importante. Pero luego recuerdo que no podía. No me daba energética ni emocionalmente ni para que se me ocurriera la idea. Entonces vuelvo agradecer poder hacerlo ahora y termino de integrar lo vivido en 2016 que, para muchos, fue remecedor, un poderoso cierre y activación al mismo tiempo.

En estos días de regreso a Santiago observo/siento todo: el cielo, la energía, la montaña, la gente, la lluvia, la tele, las conversaciones sobre política local e internacional (muchas de las cuales me sacan varios bostezos; está todo taaan antiguo que no me da ni para opinar), los colores, los egos ansiosos, mi cuerpo y su readaptación a este sur, a volver a trabajar y a reencontrarse con el amor y las preguntas de varios que me reciben; también a los nuevos proyectos. Y en eso  estoy cuando por fin el Sol se asoma por Santiago y lo disfruto en mi piel y en las hojas de otoño humedecidas por la última lluvia. Cada espacio de este planeta tiene su belleza y nobleza y nos permite -a veces no y entonces hay que cambiar o sanar temas- ocuparlo y desarrollarnos ahí. Por eso me cuesta compartir con la gente -o escucharla- que rechaza u odia el lugar donde está, más aún cuando esa tierra les está dando trabajo, comida y más. En vez de agradecer encuentran todo malo y lo comparan insistentemente con otro lugar… Así somos los humanos, criticones y quejones. Pero también creativos y cada día en mayor conexión aunque el sistema patalee para que muchos no salgan de él.

En este viaje pasamos por Éfeso y Pamukkale (en la foto). Me habría quedado mucho más rato en esta última, en el castillo de algodón que con sus aguas turquesas y blancas llenas de calcio forma piscinas de agua tibia por toda una colina… La naturaleza, el poder de esta Tierra que elegimos habitar siempre puede seguir sorprendiéndonos con su pureza y su magia… Con los pies en el agua y el viento menos intenso que en la entrada del parque agradezco y conecto con la alta vibración de ese espacio en medio de las efervescencia y las fotos de todos los visitantes…

-Te apuesto que te querías quedar allá -me dice una vecina.

-Todo el raaato- le digo-… Pero sé que en este tiempo -para todos nosotros- es importante y urgente concretar. Ya todos tenemos que movilizar lo que queremos y lo que vinimos a hacer. Y si bien sé que volveré a “mis” tierras turcas y a otras, ahora me/nos toca enfocarnos.

Cuando hablaba -que lo he mencionado varias veces últimamente- de jugar, es que nos toca crear más, enrollarnos menos, divertirnos y… Concretar. Como los niños, que inventan, arman, se arriesgan, se mueven… Los últimos días de este viaje, en el parque Kensington, en Londres, observo a unas pequeñas inglesas vestidas de rosado y con la piel ídem, que se lanzan rodando por un declive mientras los padres hacen su picnic y las miran con risa, igual que yo, que además recuerdo jugar a eso cuando niña en los faldeos del cerro San Cristóbal, en Santiago.  A unos metros figura  otro niño, español, con su abuela españolísima; él quiere hacer lo mismo mientras ella le insiste en que se ensuciará, que casi llueve, que hace mucho frío, que esto, que lo otro; hasta le inventa unas mentirillas para que no lo haga; pero él no deja de tener ganas y de querer intentarlo casi a escondidas de ella… Yo miro la escena con delicia pero no pude quedarme a ver el final… Ahora tenemos que hacer esos dos gestos: escuchar las barreras de nuestro ego (mente y emociones) que dirán ‘no’ por decenas de razones, que nos pincharán el globo; amarlas, aceptarlas, pues esos miedos y rigideces son parte nuestra y están para que los trascendamos; al tiempo que escuchamos también esas ganas, esos llamados del alma y nos lanzamos ladera abajo jugando sin importar demasiado si nos ensuciamos o nos golpeamos porque eso es parte de la Vida tanto para experimentar -que a eso vinimos- como para lograr.

Ahora Plutón y Juno desde las tierras estoicas de  Capricornio nos proponen mirar nuestras metas (pequeñas, medianas y grandes) y tomar tanto el compromiso como acciones transformadoras que nos conduzcan cada día más  hacia ellas… Y una de esas transformaciones es que como humanidad tenemos que sacarnos el peso y la seriedad. Es desde la alegría, la sorpresa, lo simple que podemos conquistar. Y el cielo nos apoya. Desde Libra, Júpiter sabe que no puede exagerar o predicar, sino que tiene que enseñarnos a armonizar nuestra vida y relaciones en la práctica. Venus y Urano estos días desde Aries nos dan empuje, más chispa, originalidad y una autoestima que nos permita hacer locuras; mientras que los aires geminianos vuelven más liviano el aire y nos abren opciones en este mayo/junio… No importa qué esté pasando afuera, si hay supuestas crisis, o caos, ‘atentados’, mentiras, abusos… Ahora lo importante es dejar de multiplicar eso, conectar con el amor a nosotros, a todos y a cada experiencia aunque sea incómoda; reírnos e inventar nuevas formas de estar mejor y de sentir que nuestra bella Vida -esté como esté hoy, nos guste o no- brilla y tiene sentido aunque sea poco a poco…

Regresamos… a nosotros mismos

Este abril y mayo, además de traer sacudidas internacionales, terráqueas e interiores tienen un bello gesto que podemos practicar y para el cual estuvimos abonando el terreno los últimos seis años…

Sí, afuera está todo agitado y es producto -en parte- de la gran limpieza que hicimos (cada uno en su camino y a su forma, algunos por voluntad y otros obligados) entre 2011 y 2016, donde los últimos tres años fueron de arduo trabajo interno, de gran práctica de desapego y de activación de nuestra sabiduría. A su forma y a su ritmo, muchos avanzamos con nueva energía y hay quienes decidieron quedarse en otras frecuencias más pegadas o bajas y está bien.  Aquí nadie sobra y nadie lo está haciendo “mal”; el camino es personal y alma acompaña todo.

Y ahora 2017 nos propone, como seguramente dije antes, practicar todo lo aprendido en este último ciclo. Sin mirar al lado, sin compararnos ni enjuiciar, ahora nos toca usar los talentos que aparecieron en medio de angustias o dolores, seguir activando la chispa que emergió con las comprensiones de cada uno y con los regalos que, sin duda, recibimos. También, como nos anuncian los nodos que pasan al eje Leo/Acuario: jugar. Divertirnos con lo que nos propone la vida, sacarnos el “deber ser”, acompañar nuestros miedos, entregarnos al descubrimiento… Disfrutar lo simple, los logros, lo que somos…

Ahora, es tiempo de acallar la mente, las teorías, filosofías, todos los “ismos”, las culpas, los dogmas, las creencias antiguas y Vivir más desde el goce, las sonrisas, la curiosidad, el asombro… Y no sólo eso, también vivir desde la comprensión del Todo que somos… Claro, porque es lindo leer y conversar sobre “espiritualidad”, “crecimiento personal”, etc., ver videos, compartir frases… Pero otra cosa es practicar. Y -enhorabuena- es tiempo de hacerlo. Por tanto, tenemos que acompañarnos y dejarnos sorprender, sacar nuestras propias lecciones, seguir la pista a las señales que constantemente nuestra alma -y nuestros guías- nos mandan para que vivenciemos que estamos siempre acompañados y conectados desde la luz que todos -sí, todos- llevamos dentro…

Jopi, Ilustradora argentina.

Y estos meses nos traen también eso: Compañía. La mejor, la de nosotros mismos. Podemos entregarnos a la bella aventura de regresar a lo que realmente somos, no a lo que se espera que seamos, a los cuentos que nos contamos y nos contaron, a lo que nos gustaría o “deberíamos”… El cielo de estos meses con mucho fuego nos abre al  entusiasmo, la osadía, las ganas de renovarnos y de ser más auténticos… Sin prisa pero con pasión podemos retomar situaciones, acciones, gestos que dejamos botados por meternos en las obligaciones; podemos iniciar actividades nuevas, eventualmente creativas, que nos entretengan… Desde cosas tan simples como pasear, descansar, ir al cine, cocinar o juntarnos con quienes nos contagian alegría; hasta realizar proyectos que requieren más “producción” donde podemos disfrutar cada etapa…  Ahora volvemos a nosotros, a escucharnos, acompañarnos, cuidarnos para hacer brillar nuestra energía y así compartirla sin expectativas, sólo por el placer de ser nosotros mismos y redescubrirnos cada día, porque mientras estemos aquí, en este planeta, seguimos aprendiendo, podemos cambiar y maravillarnos.

… Por mi parte, decidí ir al cine casi todos los martes, volví a disfrutar las tardes del sol en casa, sigo una teleserie argentina de muy buena factura que me tiene intrigada y ahora salgo unos días de viaje, a ver qué descubro de mí, de otras tierras y energías… Hasta la vuelta y buen encuentro con nosotros, con todo lo que somos!

Disfrutar: “Hazlo todos los días” (propuesta 2017)

Lejos la mejor frase que escuché en el pasado Día de la mujer fue la del taxista (un hombre mayor, gordo, con ojos miopes) que me llevó a la hora de almuerzo y que en un semáforo cuando vio a vendedores de rosas me preguntó: “¿Hoy es el día de la Mamá?”…. Mi respuesta: jajajajajajajjajajajajjajaja…. No poh, chófer, enchúfese; hoy es el día de la mujer, de la muuujer, de su esposa, de su hija, de su hermana. -Aahhh -dijo mirándome impávido por el retrovisor y le compró una rosa a su esposa, mientras yo seguía riéndome y adorando su ‘voladura’. Después me dijo: a las mujeres que trabajan en la casa deberían darles sueldo, ¿verdad? -Claro -le respondí y comenzamos una buena conversación que gira hacia la política hasta que llegué a destino y le dije: ya, chao chófer, que le vaya bien y ya sabe que tiene que saludar a su mujer! -entonces, se sonríe un poco como en cámara lenta y cada uno sigue su viaje… Aunque llevo unos días en Santiago de vuelta de vacaciones, recién comienzo a llegar y a sentir la ciudad, y el paseo en este taxi me hace palparla más… 

… Días antes la escena era muy distinta… Figuramos disfrutando el cielo repleto de estrellas, que se ven muy nítidas, sumergidas en lo que Maca bautizó como “nuestra terma personal” (un jacuzzi instalado al aire libre en medio del campo), en Caburgua (zona de lagos y volcanes), sur de Chile, con una copa de espumante en mano, donde brindamos y Claudia afirma: ‘esta es la vida que merecemos’; mientras los hombres del grupo preparan el asado respectivo, en nuestras vacaciones de febrero, un día antes del eclipse pisciano, que cierra el poderoso ciclo de dos años para acá…

Entre risas, anécdotas, amor, amistad, comida típica, celebraciones, conexión, caminatas, poderosas señales, sincronías, lecciones, sanadora naturaleza pura y buenas conversaciones, avanzan unos días de descanso en el verano chileno, donde cada uno vive su propio viaje tanto en lo externo como en lo intro… El mío tiene dos instancias, o tres, más bien: el goce de despertar en el sur, con un poco de frío en medio del silencio en las horas del eclipse y disfrutar los sorbos de café recostada en la terraza, tapada hasta la nariz mirando extasiada las nubes y cerros verdes (en la foto) mientras la casa duerme; el compartir con el grupo y los almas&egos de cada uno que nos sacan grandes carcajadas; y, por último, el mágico viaje a Pucatrihue en la primera semana de marzo…

A Claudia y a mí nos quedan más días de vacaciones y, dadas ciertas señales que recibimos por separado y decidimos ver/oír, seguimos viaje a la costa de Osorno (el resto del grupo regresa a Santiago). Vamos a Pucatrihue, zona huilliche, con el encanto de ríos, playas, bosques y mar muy imponente… Yo voy con poca expectativa; creo que

Primer atardecer en Pucatrihue. Al fondo, la Roca y altar del Abuelito Huentellao.

Claudia también. Sólo quiero seguir de viaje con una buena amiga de alma curiosa igual que yo y conocer un lugar nuevo; de hecho, lo único que sé es el nombre y que esa zona, San Juan de la Costa, tiene al menos tres balnearios/localidades y que el hostal donde quedarnos nos pareció muy bien. Igual el sur siempre puede encantarme porque el verde me pone feliz sólo por estar ahí, en su sagrada presencia…

Inalcar Hostal y parte de su terraza. Pucatrihue, Chile

Todo fluye en esta segunda etapa del viaje: la micro temprano de Caburgua a Pucón; el desayuno con tostadas de pan casero y café con canela; Cindy, la chica osornina que conocemos antes de tomar el bus a Osorno y que nos promete orientarnos para tomar el colectivo hacia la feria de Rahue, de donde salen los buses rurales a la costa; la peli chistosa que dan en el bus y que nos acorta el viaje; la efectiva y amable ayuda de Cindy, quien incluso conoce a Alis, la dueña del hostal Inalcar, donde nos quedaremos, pues trabajó el año pasado en el jardín infantil del pueblo; el buen humor del auxiliar del bus a Pucatrihue quien carga la sandía gigante que una señora le pide que se la traiga porque ella -una mujer mayor muy divertida- no se la puede; la tarde con sol al llegar a destino, el restaurante de la playa que nos prepara merluza a la plancha ‘sólo por esta vez’ porque en el menú va frita…

Los días en este rincón sureño son muy especiales, tanto porque Pucatrihue conserva mucha pureza y no está aún demasiado explotado en lo turístico, con lo cual la naturaleza habla con fuerza y la vibración es muy alta (a excepción de la caleta que, como todos los lugares de comercio, incluidos casi todos los puertos y varios mercados; tienen energía baja), aunque mucha gente -y eso es típico de algunos lugares alejados con geografías escarpadas y climas fríos- es algo hosca al principio pero luego sacan sus sonrisas y ojos chispeantes al tiempo que te guían con generosidad, como porque el hostal donde nos quedamos es de mucha calidez y belleza, junto a que nuestra energía está muy abierta, en flujo a lo que la Vida quiera… Esto último es clave para conectar con el Amor y con la perfección del Todo que somos/habitamos: estar abiertos, dispuestos, flexibles, curiosos, sin juicios, sin defensas; pulsando con la Vida para que ella nos muestre qué hacer y disfrutemos más allá de nuestra idea inicial o habitual… No es ni fácil ni tan difícil pero claro que las vacaciones ayudan a estar en esa vibración, ¿no?

Por eso el primer día en que despertamos allá y llueve con ganas, además de reírnos de la parte nuestra que quería ir a la playa para bañarnos en una ribera de arenas blancas que está a un costado, disfrutamos mucho el desayuno con pan casero marcado por el cielo oscuro, las olas grandes, el aroma y sonido de lluvia… Más tarde, sentados en la sala con una panorámica del mar acompañados del calor de la estufa a leña, compartimos unos mates con Matías, un argentino que en palabras de él “está buscando qué hacer con su vida”, que está en proceso de descubrirlo y que lee el ya clásico e iniciático libro de Louise Hay, Tú puedes sanar tu vida, y que nos cuenta que vio el eclipse en la bella Villa La angostura y nos enseña algunos secretos del mate porque él oficia de cebador… La vida nos junta; justo en el hostal nos quedamos los tres que estamos en una similar mirada, mientras el resto salió a pasear en auto o siguen viaje…

La lluvia no da tregua y alrededor del almuerzo aparece Alis con su tono sureño que nos dice: chiquillas, yo a la tarde tengo que ir a Bahía Mansa, ¿quieren ir a dar una vuelta en la camioneta y les muestro la zona? -ante lo cual Claudia y yo saltamos al unísono con un “¡¡¡sííí!!!” … Además de venirnos felicidad súbita, comentamos sobre la perfección de la Vida… Más tarde, en nuestro paseo entre lluvia y sol, que además incluye al balneario Maicolpué con empanadas de queso/camarón, Alis con su bello corazón nos comparte leyendas y secretos de la zona y de su vida, también nos muestra el camino antiguo, de ripio… Ahí recién aterrizo completamente en esta parte del viaje… Me enamoro de ese espacio sagrado -el “camino viejo”-, al cual obvio que volveremos en un par de días para recorrerlo completo a pie desde el hostal, paseo que nos lleva poco más de dos horas de caminata de ida, que parte bordeando el mar en una mañana de sol y nubes y luego pasa a verdes intensos, algunas casas, vacas, perros chistosos y dulces, moras que nos sirven de aperitivo y el río muy puro y cadencioso que refleja todo y resguarda ese espacio…

Vivimos un día bellísimo con las cuatro estaciones acompañándonos, además de los guardianes del lugar; un día de una conexión poderosa y que sólo ahora, de vuelta a Santiago, termino de comprender e integrar aunque ya allá -por lo mismo- me quedo sin aliento y con los ojos vidriosos: recibimos una activación para comenzar este nuevo ciclo, porque el 2017 quiere que todos aprendamos en la práctica a disfrutar más todo -no sólo lo que nos gusta-, a elevar vibración y para esto, salir tanto de la queja como de patrones antiguos/estancados de cada uno, junto con aceptar, estar más presentes y ser coherentes es base…

En un momento cuando ya llevamos rato por estos verdes bellos, le digo a Clau: sentémonos aquí -ahí en la berma del camino, frente al río y a la montaña llena de árboles y helechos nos quedamos contemplando todo y sintiendo el silencio sanador que sólo se acompaña con algunos pájaros que saludan cada tanto-. Guau… Respiro… No paro de disfrutar, agradecer y conmoverme con esta energía sureña a la cual, enhorabuena, le construyeron un camino nuevo paralelo pavimentado, por lo cual pasan pocos autos por acá y sigue intacta… Me quedaría horas o días ahí, hablando con el espacio, recibiendo y anclando energía; riéndome con todo y buscando alguna copa de árbol más tupida para capear la lluvia intermitente…

Y aunque ese nivel de conexión y placer tuvo un corte abrupto, que se transformó en una gratificante prueba -que capaz que lo relato en el próximo post-, corroboro algo que, nuevamente y obvio que con sincronía Jeff Foster me recuerda en mi regreso a Santiago, con uno de sus poderosos textos (aquí): hemos venido a disfrutar… Como lo recalca este año 2017, la experiencia de ser humanos -más allá de las condiciones de cada uno- para brillar y estar en completitud requiere de nuestra voluntad de hacer lo que de verdad nos gusta, aquello que nos llena el corazón y exalta la luz de nuestra alma… Para mí, entre otras cosas, viajar, conocer nuevos lugares, escribir, mirar el cielo y los atardeceres, tomar el aroma de la fruta fresca, recibir el sol suave en la piel, caminar con calma en espacios verdes, sentir el pulso de la naturaleza, compartir con otros de lo humano y lo divino, guiar y ser guiada, bailar, reírme e improvisar a ver qué pasa, están entre los gestos que más gozo y valoro… Como dice Foster: “Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días”; ahí tenemos una gran clave de nuestra plenitud y prosperidad… Sí, estos gestos/acciones -algunos muy cotidianos, otros cada tanto- me traen amor y felicidad puros e infinito agradecimiento por la posibilidad de estar hoy aquí, en este planeta bello y desafiante, que es parte de un Universo misterioso, mágico, generoso y perfecto a la vez, y  que, ahora más que nunca, nos pide movernos por aquello que nos hace brillar y nos identifica… Sin prisa, sin afán ni apego; al contrario, como un camino diario de descubrimiento y encuentro con lo que de verdad somos…

Último atardecer en Pucatrihue

Honramos al Fuego… Y a nuestro presente

En momentos desafiantes, lo primero es calmarse y… Aceptar…  Sin esconder la pena, la rabia ni el miedo, podemos lentamente aceptar antes de seguir y resolver.

“La profunda aceptación de las cosas tal y como son es la fuente de todo cambio creativo. La perfecta paradoja.” Jeff Foster.  …Adoro a este inglés de tanta sencillez e infinita profundidad a la vez. Y justo aparece su frase cuando decido grabar este audio (al final; que salió como salió!) para compartir sobre la fuerza de este fuego natural e intencional que quema y purifica nuestro bello Chile, tierra tan precaria y poderosa a la vez… Se los dejo acá, como una mirada y sugerencia, por si la quieren tomar… Hay muchas formas de servir en momentos de dolor y emergencias, por supuesto desde lo material: trabajo en terreno con lo que cada uno sabe hacer y con fuerza física, ayuda material tanto en bienes como en dinero, compañía… Y también contribuimos con nuestro estado mental/emocional, con mantener pensamientos y actitudes más armónicos y menos “incendiarios”…

Desde este caluroso Santiago, honramos y acompañamos a todos los que están practicando este doloroso desapego y limpieza que produce el fuego, a quienes están en tristeza, urgencias, terror, escasez, impacto y crisis en cualquier rincón de este noble planeta… Un gran abrazo a nosotros mismos y a todos desde el amor, la empatía y la aceptación de esta bella -y desconcertante a ratos- experiencia humana que decidimos transitar con todo lo que trae e implica… ❤

Acá el audio: