Cuando nos conectamos…

Llovió todo el día. Yo feliz. A ratos con viento y a ratos muy suave. Me quedé prendada mirando el majestuoso lago Llanquihue y sintiendo su energía tan guardiana. En Frutillar. Era lo que quería y necesitaba después del aire muy seco en Santiago y luego de meses de mucho trabajo: sentir y contemplar la lluvia, respirar aire húmedo y puro rodeada de verdes y quietud… Por la noche llego de vuelta al hotel y suena la música de Juan Luis Guerra en el comedor, mientras converso un poco con unos brasileros que me hacen gracia porque hablan muy fuerte y en el sur de Chile prácticamente se susurra -en notas agudas- al lado de este tono, entonces varios los miran con extrañeza y cierto descontento.

Vine casi de incógnito, ja; lo siento pero necesito estar conmigo antes que con los amigos, así que no le avisé a algunos que quiero y conozco por acá porque mi viaje es corto y necesito una cuota mayor de silencio; aunque estos brazucas me hacen cuestionármelo, jaja (siempre suelen hablar mucho; ya los conozco). Mismo con los argentinos de la mesa del lado, que hablan de Cristina (Fernández; claro. Pisciana, ascendente Tauro, con Luna y Júpiter en conjunción ahí mismo; es decir: te encargo el apego y la exageración en su personalidad! Me encantan varios políticos porque nos enseñan todo lo que no hay que hacer en la Vida sin filtros ni preámbulos. ¡Muchas gracias por eso!) y con quienes me río porque miran un programa de actualidad en la tablet donde satirizan con  ella y está muy chistoso…

Como me dijo Andrea desde Talca, este sur de Puerto Varas y alrededores es como mi cargador después de mucho trabajo; una vez en una canalización me dijeron que era uno de mis lugares creativos, de poder. Y sí, acá reconecto, respiro este verdeazulado, siento el lago y los volcanes como aliados, cierro y abro capítulos… Aunque últimamente hay cantidad de santiaguinos que parecen no entender demasiado de qué se trata el sanador sur de Chile, pero éste con su generosidad aguanta incluso los bocinazos de algunos y que hasta hace unos años no se escuchaban por acá… En  fin. Creo que pronto los volcanes harán lo suyo para restablecer el preciado equilibrio de este rincón.  Amén.

Estoy muy emocionada estos días. Varios ex alumnos del Taller Del Ego al Alma me cuentan sus movimientos energéticos personales, con la familia, con los amigos o con la pareja y cómo sienten que comenzaron un nuevo espacio en sus vidas, que quizá en qué desembocará; es un muy reconfortante… Nunca terminamos de crecer y de despertar…  Una alumna -que lleva un par de años en trabajo interior más decidido- en especial me conmueve al compartirme su tristeza porque ya no encaja en sus actuales círculos y, claro, cuando conectas con tu alma, cuando cambias de energía, todo alrededor se mueve, vive un ajuste. Y no es que tengas que despedirte de tus amistades, no: es que vivirás un período de no sentir pertenencia (o menos que antes, sin duda) con lo antiguo; varios pueden irse, pero quienes tengan que permanecer o reaparecer lo harán y te irás encontrando con tus iguales, además… También se te mostrará más que claro con quiénes no y con quiénes sí. Y no porque sean peores o mejores. Es por correspondencia… Ya no nos dejan fingir afinidades, no nos permiten el autoengaño a quienes trabajamos interiormente; simplemente no se puede; no da… Nuestros círculos dicen mucho de nosotros, por lo demás…

Pero no sólo eso me tiene movida. También nuestra belleza humana. En la consulta me encontré (antes de suspenderla por un mes para descansar y reestructurar. Acá datos de ex alumnos que ya hacen lecturas por si quieren la suya!) con unos cuantos que ya no le temen al cambio. Gente que ya sabe que corresponde separarse de la pareja, o cambiarse de trabajo, o dejar la casa, o dejar de ser la madre/padre de sus hermanos, o hacer un viaje importante que marque un punto de inflexión o comenzar una relación de otra forma… Y que no están en resistencia. No están en rechazo. No están culpando a nadie ni en negación ni creen que es injusto. Y buscan la lectura de carta astral porque necesitan más herramientas para este nuevo capítulo, que saben es parte del camino. Tampoco están queriendo controlar la situación (enhorabuena!); ya la abrieron y están en plena entrega a ésta más allá del dolor, los miedos, la incertidumbre, el cansancio.

Entonces, hacer lecturas desde esa vibración resulta, además de una confirmación de nuestro crecimiento colectivo -que cada día se deja ver más en distintas manifestaciones – un deleite para el corazón. Aunque igual todas las lecturas son un regalo para el Alma, más allá de si son más o menos fluidas (a veces lo egos más mentales y obsesivos dan su quehacer, pero son parte del camino).

Mis días de lluvia por acá me ayudan a recapitular con agradecimiento y emotividad estos meses 2019. Y en el último día de este breve viaje aparece el sol muy radiante aunque el aire sigue frío. Excelente mezcla para mí. Vuelvo, entonces, a otro de mis rincones de gran conexión en el lago esmeralda Todos los Santos. Esta vez no me voy al lado del chofer (no quiero hablar mucho) del minibus; me voy sintiendo todo el trayecto, encontrándome con distintos volcanes, árboles y las aguas del Llanquihue y luego del río Petrohué, mostrándose en casi todo el camino.

En las calles de la ciudad el chofer se desvía porque hay celebraciones de las fiestas patrias y nos encontramos con decenas de niños (de unos 10 años de edad) vestidos con nuestros trajes típicos listos para bailar; algunos van con orgullo, otros con timidez y todos muy lindos, impecables. Algunos nos saludan a los pasajeros y se divierten al recibir nuestros ademanes, a varios les da vergüenza, mientras los gringos les sacan fotos. Me emociona mucho, me siento privilegiada de toparme con ellos. Ese es el corazón verdadero de Chile: bromista, introvertido, perfeccionista, lúdico, chispeante, miedoso, generoso, creador, sensible…

Unas cuadras más allá me llama la atención que el chofer se detiene a comprar el diario (que cada vez tiene menos hojas por acá; ya lo miré una mañana mientras esperaba un café) antes de salir de la ciudad. Más tarde, cuando ya vamos en la mitad del camino, en medio del campo -con sus árboles grandes, algunos nativos y otros no, sus colinas verdes, sus vacas, ovejas y gallinas correspondientes- el minibus comienza a detenerse ante un anciano que mueve su brazo a lo lejos con entusiasmo; me causa curiosidad y ternura nada más mirarlo a varios metros, tiene una impronta muy sureña, con sombrero pequeño y vestón grueso algo raído. Se sube de a poco, con dificultad y habla ídem, pero nos saluda a todos los pasajeros con su mano algo deformada por la edad y por el trabajo seguramente;  también saluda al conductor, que obvio que ya lo conoce. Le pasa unas monedas y éste, en vez de entregarle de vuelta el boleto, le pasa ‘su’ diario, que él recibe con ilusión y un gracias; lo dobla bajo su brazo y se queda de pie. Unos metros más allá, frente a un almacén el pasajerolector se baja, se despide de todos y nosotros de él… Yo lo sigo con la mirada en su andar lento y vuelvo a emocionarme: así somos los humanos cuando nos permitimos (en el contexto que sea) conectarnos con y entre nosotros, sin dejar que la prisa fría de este sistema nos haga creer que somos otras cosas, cuando -si nos detenemos, respiramos, observamos y sentimos- podemos palpar que realmente somos de una Belleza y de un Amor inconmensurables… Gracias, amado y sanador sur de Chile… Pronto regreso!

Círculos de Amor para cerrar 2018

Estoy muy lenta en relación a mi ritmo normal. Poco a poco, recupero el sueño; también el apetito… Me siento casi pisciana, poco aterrizada y sintiendo todo… Figuro en el  bello sur de Chile, en un viaje muy distinto a otros aunque el paisaje es el mismo: el verde intenso, los lagos azules, los volcanes guardianes.  Una vez instalada en el hostal de siempre, camino a uno de mis lugares de poder en un rincón del turístico y apacible Puerto Varas. Al llegar, después de ser saludada por un par de libélulas y además de pedir permiso al lugar y agradecer, por fin pongo mi espalda en uno de los árboles del pequeño pero poderoso bosque y reconecto conmigo, con la Tierra, con los ciclos, con la Vida. Descanso. Disfruto. Siento. Boto. Recibo.

Diez días antes, el último domingo de noviembre por la tarde/noche, la casa de mis padres se llena de amigos y familia que llegan espontáneamente; por todos lados hay gente, conversación, emoción y algunas cosas para comer. De afuera podría parecer una celebración. Y en cierta forma lo es… Hay muchos abrazos y se puede palpar el Amor en el aire…

Mi padre murió cerca de las dos de la tarde de ese domingo, nos correspondió a sus hijos estar presentes en esos últimos minutos de Vida, como nos correspondió junto a mi madre, familia y a varios de sus amigos acompañarlo en especial desde el verano pasado, aunque su transitar por el cáncer venía de 2011 . Y ya por la noche la casa figura llena de gente que viene -lo tenga consciente o no- a dar Amor. Lo escribo y me caen lágrimas. No de tristeza. Sino de sentir la belleza humana; me conmueve el Amor tan puro presente todos estos meses a través de incontables gestos. Siento emoción por recordar todo el cariño, el sostén y contención que tantos nos dieron en especial todo este 2018. Como dije en su responso: Ha sido una muerte bellísima… Y me conmueven en especial el gran círculo de Amor que formaron sus camaradas y amigos -algunos que venían cada domingo a verlo o que constantemente pasaban a preguntar por él; y aquellos que con palabras y gestos muy bellos se hicieron presentes para despedirlo en sus funerales-, también su doctora y enfermeras que nos contuvieron con gran corazón, y nuestra familia y amigos -que finalmente son parte del clan- todos estos meses con distintos gestos, desde llamadas, mensajes, cadenas de oración, conexiones con el sagrado corazón espiritual, reiki a distancia y presencial, chocolates, llegando como fuese a su despedida, hasta invitaciones  a salir para despejarnos de lo que significaba esto de “acompañar al padre a morir”… A morir consciente, como una parte de él sin pensarlo demasiado lo decidió…

A la mayoría no le gusta hablar de la muerte y es natural que así sea en nuestra dinámica humana tan presa del tiempo y del hedonismo. En enero pasado, en medio de una conversación muy directa sobre la vida y la muerte, sobre el deseo de seguir, supe que mi padre partiría pronto. Pronto, 2018 y a más tardar inicios de 2019. Conversamos con él sobre querer seguir en esta Vida y él dijo que no. Ya lo sabía. Pero necesitaba escucharlo. Decidí entonces acompañarlo, no lo pensé realmente, surgió de forma instintiva, aunque no dimensioné todo lo que implicaría. Todo el dar y el recibir tanto mágicos y sanadores como desgastantes en lo que su pasaje significaría.

Sin ponernos de acuerdo, ambos decidimos no quedarnos con temas pendientes. Aunque casi no los teníamos y no porque la relación fuese ideal -ja-, sino porque tras varios episodios de dolor e ‘injusticias’ ya nos habíamos dicho varias cosas… En estos meses previos a la muerte conversamos, preguntamos, sanamos, él enmendó -como pudo- temas de mi infancia, nos escuchamos sin prisa ni presiones, lloramos, rezamos, tomamos té (él negro con leche, yo verde), caminamos por la cuadra muy lento sintiendo el sol y mirando las plantas de los vecinos, vimos la nueva telenovela de suspenso cuando él podía, conversamos sobre su infancia, mis tíos y abuelos; nos dijimos qué nos habría gustado como hija y él como hijo, papá y hombre, nos acompañamos, reímos a carcajadas con nuestro humor negro incluso frente a su estado físico, hablamos del proceso energético y espiritual de la muerte, nos contamos sueños y secretos, nos dijimos “te quiero”, nos reencontramos profundamente… Un día en que su paciencia se esfumó ante su cuerpo y ánimo muy desgastados, y no daba más porque la muerte se lo llevara, le dije tomando su mano que pataleara, que gritara, se enojara, le dijera a sus guías y a Dios: ¡devuelvan la plata, estoy harto!, que llorara, que respirara con fuerza y botara… Y también le dije: igual, papá, lo siento, pero la muerte vendrá cuando quiera venir, no controlamos eso -nada, realmente- y, por otro lado, estos meses han servido para que cada uno ocupe su lugar en la familia, para que recibas, y también para encontrarnos; si igual ahora te he visto más que en los últimos veinte años, poh… Me miró, asintió y le dijo a Bárbara, su enfermera en casa durante su último mes de vida: ¿y usted qué opina? -con lo cual los tres conversamos y su energía se calmó en medio del agobio físico y emocional…

Estos días en el sur me siguen llegando mensajes y llamadas preguntando cómo me siento, diciéndome que tome la energía de estos lugares. Me siento honrada y muy acompañada, no triste, sí sensible y tranquila… Muchos atravesamos cierres, también bastante desafío a la flexibilidad y a la confianza estos días, y los fines de año mueven nuestra sensibilidad en torno a éstos; hay en el aire la necesidad de recapitular y evaluar lo vivido. También los cierres nos ayudan a mirar con quiénes contamos; cada uno -por pequeño que sea- seguro tiene un círculo de Amor que lo sostiene y contiene en momentos difíciles; es tiempo de honrarlos y cultivarlos…  No casualmente el miércoles posterior a la muerte de mi padre cerramos el Taller de astrología; con el grupo de veinte queridos alumnos y el equipo, en otro círculo de Amor que conformamos de agosto hasta acá. Y obvio que lo hacemos con un ritual-meditación en que botamos lágrimas y cansancio del año, valoramos el crecimiento y compartimos eso que somos: seres muy humanos y divinos al mismo tiempo… Detenerse a cerrar siempre nos permite tocar el alma humana…

Altar para cerrar el Taller de Astrología. Noviembre 2018

Desde este sur sanador, cuando me toca escribir las Predicciones 2019 para Emol, (aquí las de este año que cerramos por si alguien quiere revisarlas antes que termine) voy -al igual que muchos en este último trimestre 2018- reencontrándome y rearmando mis piezas con calma, con gran agradecimiento, sintiendo el cierre y el inicio potenciarse al mismo tiempo, dando espacio a la fragilidad, al cansancio, a la fortaleza y al renacer; recibiendo también la energía de esta naturaleza generosa y de tanto poder; sintiendo también que se avecina un despeje de energía antigua para todos y para este sur de mundo… Desde este rincón verdeazul me detengo a sentir la Vida con todo lo que tiene,  vuelvo a agradecerle y la siento pulsar junto a la muerte -nuestros cierres en el camino- porque van de la mano y bajo ellos se extiende el Amor infinito de esta experiencia humana extraordinaria que decidimos habitar. Gracias, con todo lo que implica.

Saturno llega a Capricornio: ¿éxito o felicidad?

-Claro, claro. Sólo cuando ofrezco vaticinios personalizados los lectores de este blog dejan comentarios; claro. ¿Y el resto del año, ah? ¡Igualados! Puro interés no más; ¡sí serán! –reclama mi ego con mucha risa mientras leo con deleite decenas de opiniones y pedidos serios en el Test sobre el 2018, que yo respondo en broma, obvio. Al final, preferí reeditar y sacar la parte en que ofrecía un pronóstico porque no paraban de llegar pedidos… E igual me emocioné con las respuestas al test completo de un puñado de lectores muy aplicados y valientes; un honor leer su honestidad…

Pero mi favorito es uno que pregunta sobre la “Felicidad”… -Mmm, supongo que esta lectora es nueva, de lo contrario no preguntaría si llegará para ella la felicidad en 2018 –pienso. -A no ser que sea bromista como yo; capaz que sí- digo en silencio.

Y no porque esté mal la pregunta. Para nada. Era tan común antes. Pero hace buen rato que no la escuchaba/leía; lo cual es un muy buen síntoma de crecimiento. Y ahora –cuando estrenaremos un tiempo tan concreto- está bueno revisarla.

Como muchos saben, me vine al sanador sur de Chile. A orillas de algunas zonas del lago Llanquihue y, por lejos, en el Todos los Santos la vibración es muy alta; los volcanes con los bosques resguardan y las aguas contienen con gran poder y pureza. Para mí este espacio es un rincón creativo que me reconecta y no deja de conmoverme. Aunque perdí la cuenta de cuántas veces vine, me vuelven a caer lágrimas de emoción y agradecimiento más de un par de veces en este viaje de dos semanas al sentir/saludar la energía de algunos senderos, bosques, frente a las aguas azules y esmeraldas, bajo el cielo amplio con nubes dibujadas…

Lago Todos Los Santos. Chile. Diciembre 2017

Vine a escribir las Predicciones 2018 para Emol.com, de paso publiqué las cartas astrales de los candidatos presidenciales que inicié en Santiago y terminé acá sentada en un buen café de Puerto Varas, di esta entrevista desde mi habitación en el ático del hostal, me reencontré con bellos amigos y, de la mano del sincrónico destino que nos juntó tres veces en el viaje, (re)conocí a una amiga guatemalteca –seguro ya nos vimos en otras vidas; además desde pequeña tengo conexión y señales con “Guate”, que en un viaje en 2012 corroboré- con quien compartimos sobre la energía de nuestras bellas tierras, con toda su historia y colores…

Este nuevo ciclo (2018 al 2020) trae un giro energético que iremos aprendiendo a vivir. Entre otras cosas, nos agarraremos -se supone y no todos voluntariamente- del bastón de Don Satur (Saturno) que entrará a Capricornio estos días. El 20 de diciembre, de madrugada. Comenzamos un tiempo muy distinto: se acabó el juego. La maduración que nos correspondió con él pasando por Sagitario (con más fuerza desde septiembre 2015 hasta ahora) implicó soltar expectativas, excesos de todo tipo, dispersión, creencias; también salir a la vida a experimentar en vez de opinar desde la ventana o quedarnos en los miedos y postergar. Nos aventuramos a una vida no eufórica sino verdadera, con todo lo que esto último implica.

¿Y ahora qué? El rictus de Don Satur arroja una sonrisa. Él vuelve –después de 29 años- a su casa para gobernarla con propiedad y –desde ahí- ordenará áreas muy importantes en nuestras vidas: el trabajo, los logros, el éxito, cómo nos instalamos en el mundo. Y un mega bono extra: el patriarcado!

Aunque tenemos tiempo para hablar de Saturno en Capricornio (tres años, ponte tú) este paso saturnino se notará mucho. Es un ciclo muy concreto. En las Predicciones 2018 de Emol agregaré más info e igual acá desde enero… Por ahora -y es lo que yo haré-, estas semanas entre las fiestas de fin de año, es recomendable sentarnos a sentir/ver en qué estamos personal y profesionalmente para definir -de forma simple, nada tan elaborado- qué necesitamos en concreto e ir por ello. Es decir, si lo que necesitas es descanso, pon en tu agenda una siesta, un masaje, tenderte en el pasto, levantarte más tarde un día, no hacer… Si lo que necesitas es un cambio de empleo, pon en tu agenda llamar a tal persona, actualizar tus datos y “ponerte en el mercado” laboral, revisar los anuncios… Y hazlo! Ahora! Comienza con calma y persistencia! Eso quiere Saturno en Capricornio. Con el codo apoyado en su bastón, da un solo aplauso estridente para que nos levantemos del sillón de la queja o la procrastinación y comencemos a generar una vida más plena. No hay prisa, pero tampoco hay tiempo.

A orillas del Llanquihue. Frutillar. Chile. Diciembre 2017.

… Volviendo a la pregunta de la felicidad, antes regresar a Santiago me siento muy feliz. De aún estar en el sur verdeazul y algo lluvioso, como también de volver. No me está pasando nada extraordinario. Al contrario. De hecho pasamos por algunas angustias/dolores familiares; y viví un par de frustraciones también. E igual la “felicidad” está muy presente. Sí, muchas veces hablé aquí de cómo el factor Hollywood y Disney distorsionó en nosotros -ahora cada vez menos porque estamos más grandes; es parte de la elevación de consciencia- la noción/vivencia de la felicidad, donde muchos esperan algo perfecto/brillante que dura para siempre, o algo donde el dolor no está, o donde hay luces de colores, o que llega de un día a otro y que depende de algo -hechos o personas-  externo… Bien lejos de eso está la Vida y la Felicidad que ella nos regala constantemente que, aunque sea un mega cliché, es tanto más simple que lo que imaginamos: encontrar libre tu mesa preferida en el restaurante favorito, que justo alguien te ofrezca la info o la ayuda que necesitabas, sentir la brisa en medio del calor, encontrar algo que buscabas, que te invite a comer alguien a quien quieres o al menos te cae bien , recibir y dar amor,  mirar el atardecer, sentir la risa de los niños, dormir en una cama que te cobija perfectamente, caminar entre los árboles, encontrar dinero en un bolsillo, llegar a tiempo cuando pensabas que no lo harías, entrar a tu casa y sentir calma, saborear la fruta dulce en verano o la sopa precisa en invierno, brindar con los que quieres, que el sol se asome entre las nubes, tener espacio para ti, que alguien te sonría en la calle… Y una lista infinita de pequeñas situaciones pueden ser grandes hechos que te hagan profundamente feliz cada día…  Y muchos, dado el mundo que construimos los últimos siglos,  pueden tener enredada la felicidad con el éxito…

Pero desde este 20 de diciembre y por tres años, podremos nutrir mucho ambos conceptos, depurarlos y -lo más importante- reconstruirlos  y hasta unirlos, porque hace rato que estos dos  “se venden por separado”…  Ahora, cada uno de nosotros podrá hacer su viaje de investigación  y su propia resignificación, e igual a nivel colectivo viviremos un ajuste, en especial del concepto de éxito profesional y de “ser exitoso” -Mmm-.

Montañas de la Patagonia chilena; noviembre 2017.

Nos despedimos de los años de Saturno en Sagitario, que nos regalaron menos gula (de todo tipo) y más sentido de Vida… Ahora abrimos -quizá hasta con algún remezón terrestre estos días- el portal hacia las montañas capricornianas para construir de forma más sólida junto a Saturno una Vida más real, sabia y consistente donde ser feliz  sea una práctica y no una utopía… Ya comenzamos!

Noviembre 2017: Más risa, menos drama

Me invitan a la Patagonia chilena a dar un breve taller de astrología el 1 y 2 de diciembre. Un honor ir para allá, a Coyhaique. Y una buena aventura también porque no lo conozco y desde el año pasado tengo señales para ir, así que cuando me lo plantean digo: sí  -siguiendo el flujo de la Vida, que a todos nos indica sutil o concretamente cosas que tenemos que hacer y otras que no.  (Acá la info del taller para los interesados).

A las almas inquietas nos gusta -y a eso vinimos- explorar, ir más allá para redescubrirnos, experimentar, soltar y recibir. No todos vinimos a lo mismo, y hay quienes vienen más a sostener y estructurarse; entre otras cosas… Estos días algunas alumnas del taller se emocionan con el poder de la astrología y la transformación interior que produce -tanto para vivir como para mirar la Vida- debido a lo que vamos trabajando en clases, donde no hacemos sólo teoría, porque así no se aprende ya… Y varios consultantes se emocionan también en las lecturas. De la mano de Quirón, nuestro sanador interior, pasamos por semanas de alta sensibilidad y, después de pruebas vividas desde mediados de este invierno (verano en el norte) ahora vamos comprendiendo el sentido. Este es uno de los regalos que nos da Júpiter en Escorpión, que ya se deja sentir.

Claro, no es lo mismo vivir un dolor y un desafío con un signo de interrogación en la cabeza y angustia en el pecho o la panza, en vez de, poco a poco, ir encajando las piezas del puzzle personal y comenzar a ver más luz aún en medio del dolor… O vivir un desafío desde mayor consciencia, donde tienes la certeza interior en el camino, más allá de si te gusta o no lo que estás experimentando, pero sabes profundamente que eso es preciso para ti y, poco a poco, te entregas a lo que la Vida quiere o pide…

Por estas semanas se respira tensión en el ambiente y no sé en qué momento ya se terminó octubre, muchos sentimos que nos faltan días y, en mi caso,  si bien hasta ahora pasé bien algunas pruebas de Urano, también veo que varios cercanos están viviendo agitación, mucho imprevisto y una cuota de desazón… Y todos estamos cansados. La aceleración del tiempo no es menor y aunque ya comienza a ajustarse, igual ahora las aguas están agitadas. Esto último es literal y metafórico: estas próximas semanas se moverán los océanos y las lluvias, como también nuestras emociones para acomodarse al nuevo espacio vibratorio que todos –lo sepamos o no- conformamos… La Luna llena en Tauro de este 4 de noviembre hace lo suyo y provocará más tensión y visceralidad hasta alrededor del 11.

Estoy escribiendo esto y las chicas del café aprovechan que sólo estoy yo -y que nos conocemos- para poner música mexicana a todo volumen mientras todas cantamos a Juan Gabriel, bien dramático y meloso, jajaja. Son muy chistosas porque son estudiantes, de aspecto rudo, y pasaron de escuchar hace unos segundos un rock pesado  a: “dime cuando tú, dime cuando tú“.… Terminamos riendo hasta que llegan nuevos clientes y tenemos que dejar el canto cuando ya hasta habíamos improvisado la coreo…

Con la música de fondo pero a menor volumen (seguimos con Chichi Peralta), continúo. ¿Qué sería esto? El nuevo espacio vibratorio requiere de un ego (mente&emociones) más liviano, menos pegado. Y noviembre trae regalos para provocar esto. Por una parte, la energía escorpiona seguirá destapando verdades en torno a abusos de todo tipo, temas con dineros, extorsiones, secretos largamente guardados (familiares, sexuales, de dinero) y más, con lo cual se despejan bloqueos y oscuridades… Por otra, tenemos la gran posibilidad de cultivar lo que podría ser un buen slogan por bastante rato: Más risa, menos drama!

Noviembre nos invita al ‘humor sanador’… El mejor espacio para reírnos es en torno a nuestros hábitos mentales, emocionales y físicos opacos o dañinos: las ideas repetitivas, la ansiedad, la prisa,  la dispersión, el dramatismo, el victimismo, la prepotencia, la inseguridad, los enojos sobredimensionados, la negación, la fantasía, el egocentrismo, la gula en todas sus versiones, la invasión, la rigidez, el apego, etc. No se trata de tomarnos las cosas a la ligera porque hay temas que requieren que nos activemos y usemos nuestro poder interior; sino de tomarnos menos en serio, de reírnos de nuestro ego. Y para esto, hay que estar muy presentes y abiertos, porque al ego nuestro de cada día no le gusta que lo descubran pues pierde supremacía… Entonces, la invitación es a observarnos, sentirnos y reírnos de esos aspectos nuestros en vez de seguir presos de éstos o de criticarnos y entrar en culpa… La risa libera, quita peso, evidencia lo absurdo, alegra, acompaña y -fundamental-  eleva nuestra vibración, lo cual se traduce en una vida más fluida y consciente…

Esta es una de las puertas que se abren en noviembre (pronto escribiré sobre otras) donde podremos reír, pedir ayuda en los temas que nos entrampan emocional y materialmente, mirar con más profundidad el presente y desapegarnos de hábitos dañinos. ¡Enhorabuena y a reírnos más porque material va a sobrar; ja, ja!

Disfrutar: “Hazlo todos los días” (propuesta 2017)

Lejos la mejor frase que escuché en el pasado Día de la mujer fue la del taxista (un hombre mayor, gordo, con ojos miopes) que me llevó a la hora de almuerzo y que en un semáforo cuando vio a vendedores de rosas me preguntó: “¿Hoy es el día de la Mamá?”…. Mi respuesta: jajajajajajajjajajajajjajaja…. No poh, chófer, enchúfese; hoy es el día de la mujer, de la muuujer, de su esposa, de su hija, de su hermana. -Aahhh -dijo mirándome impávido por el retrovisor y le compró una rosa a su esposa, mientras yo seguía riéndome y adorando su ‘voladura’. Después me dijo: a las mujeres que trabajan en la casa deberían darles sueldo, ¿verdad? -Claro -le respondí y comenzamos una buena conversación que gira hacia la política hasta que llegué a destino y le dije: ya, chao chófer, que le vaya bien y ya sabe que tiene que saludar a su mujer! -entonces, se sonríe un poco como en cámara lenta y cada uno sigue su viaje… Aunque llevo unos días en Santiago de vuelta de vacaciones, recién comienzo a llegar y a sentir la ciudad, y el paseo en este taxi me hace palparla más… 

… Días antes la escena era muy distinta… Figuramos disfrutando el cielo repleto de estrellas, que se ven muy nítidas, sumergidas en lo que Maca bautizó como “nuestra terma personal” (un jacuzzi instalado al aire libre en medio del campo), en Caburgua (zona de lagos y volcanes), sur de Chile, con una copa de espumante en mano, donde brindamos y Claudia afirma: ‘esta es la vida que merecemos’; mientras los hombres del grupo preparan el asado respectivo, en nuestras vacaciones de febrero, un día antes del eclipse pisciano, que cierra el poderoso ciclo de dos años para acá…

Entre risas, anécdotas, amor, amistad, comida típica, celebraciones, conexión, caminatas, poderosas señales, sincronías, lecciones, sanadora naturaleza pura y buenas conversaciones, avanzan unos días de descanso en el verano chileno, donde cada uno vive su propio viaje tanto en lo externo como en lo intro… El mío tiene dos instancias, o tres, más bien: el goce de despertar en el sur, con un poco de frío en medio del silencio en las horas del eclipse y disfrutar los sorbos de café recostada en la terraza, tapada hasta la nariz mirando extasiada las nubes y cerros verdes (en la foto) mientras la casa duerme; el compartir con el grupo y los almas&egos de cada uno que nos sacan grandes carcajadas; y, por último, el mágico viaje a Pucatrihue en la primera semana de marzo…

A Claudia y a mí nos quedan más días de vacaciones y, dadas ciertas señales que recibimos por separado y decidimos ver/oír, seguimos viaje a la costa de Osorno (el resto del grupo regresa a Santiago). Vamos a Pucatrihue, zona huilliche, con el encanto de ríos, playas, bosques y mar muy imponente… Yo voy con poca expectativa; creo que

Primer atardecer en Pucatrihue. Al fondo, la Roca y altar del Abuelito Huentellao.

Claudia también. Sólo quiero seguir de viaje con una buena amiga de alma curiosa igual que yo y conocer un lugar nuevo; de hecho, lo único que sé es el nombre y que esa zona, San Juan de la Costa, tiene al menos tres balnearios/localidades y que el hostal donde quedarnos nos pareció muy bien. Igual el sur siempre puede encantarme porque el verde me pone feliz sólo por estar ahí, en su sagrada presencia…

Inalcar Hostal y parte de su terraza. Pucatrihue, Chile

Todo fluye en esta segunda etapa del viaje: la micro temprano de Caburgua a Pucón; el desayuno con tostadas de pan casero y café con canela; Cindy, la chica osornina que conocemos antes de tomar el bus a Osorno y que nos promete orientarnos para tomar el colectivo hacia la feria de Rahue, de donde salen los buses rurales a la costa; la peli chistosa que dan en el bus y que nos acorta el viaje; la efectiva y amable ayuda de Cindy, quien incluso conoce a Alis, la dueña del hostal Inalcar, donde nos quedaremos, pues trabajó el año pasado en el jardín infantil del pueblo; el buen humor del auxiliar del bus a Pucatrihue quien carga la sandía gigante que una señora le pide que se la traiga porque ella -una mujer mayor muy divertida- no se la puede; la tarde con sol al llegar a destino, el restaurante de la playa que nos prepara merluza a la plancha ‘sólo por esta vez’ porque en el menú va frita…

Los días en este rincón sureño son muy especiales, tanto porque Pucatrihue conserva mucha pureza y no está aún demasiado explotado en lo turístico, con lo cual la naturaleza habla con fuerza y la vibración es muy alta (a excepción de la caleta que, como todos los lugares de comercio, incluidos casi todos los puertos y varios mercados; tienen energía baja), aunque mucha gente -y eso es típico de algunos lugares alejados con geografías escarpadas y climas fríos- es algo hosca al principio pero luego sacan sus sonrisas y ojos chispeantes al tiempo que te guían con generosidad, como porque el hostal donde nos quedamos es de mucha calidez y belleza, junto a que nuestra energía está muy abierta, en flujo a lo que la Vida quiera… Esto último es clave para conectar con el Amor y con la perfección del Todo que somos/habitamos: estar abiertos, dispuestos, flexibles, curiosos, sin juicios, sin defensas; pulsando con la Vida para que ella nos muestre qué hacer y disfrutemos más allá de nuestra idea inicial o habitual… No es ni fácil ni tan difícil pero claro que las vacaciones ayudan a estar en esa vibración, ¿no?

Por eso el primer día en que despertamos allá y llueve con ganas, además de reírnos de la parte nuestra que quería ir a la playa para bañarnos en una ribera de arenas blancas que está a un costado, disfrutamos mucho el desayuno con pan casero marcado por el cielo oscuro, las olas grandes, el aroma y sonido de lluvia… Más tarde, sentados en la sala con una panorámica del mar acompañados del calor de la estufa a leña, compartimos unos mates con Matías, un argentino que en palabras de él “está buscando qué hacer con su vida”, que está en proceso de descubrirlo y que lee el ya clásico e iniciático libro de Louise Hay, Tú puedes sanar tu vida, y que nos cuenta que vio el eclipse en la bella Villa La angostura y nos enseña algunos secretos del mate porque él oficia de cebador… La vida nos junta; justo en el hostal nos quedamos los tres que estamos en una similar mirada, mientras el resto salió a pasear en auto o siguen viaje…

La lluvia no da tregua y alrededor del almuerzo aparece Alis con su tono sureño que nos dice: chiquillas, yo a la tarde tengo que ir a Bahía Mansa, ¿quieren ir a dar una vuelta en la camioneta y les muestro la zona? -ante lo cual Claudia y yo saltamos al unísono con un “¡¡¡sííí!!!” … Además de venirnos felicidad súbita, comentamos sobre la perfección de la Vida… Más tarde, en nuestro paseo entre lluvia y sol, que además incluye al balneario Maicolpué con empanadas de queso/camarón, Alis con su bello corazón nos comparte leyendas y secretos de la zona y de su vida, también nos muestra el camino antiguo, de ripio… Ahí recién aterrizo completamente en esta parte del viaje… Me enamoro de ese espacio sagrado -el “camino viejo”-, al cual obvio que volveremos en un par de días para recorrerlo completo a pie desde el hostal, paseo que nos lleva poco más de dos horas de caminata de ida, que parte bordeando el mar en una mañana de sol y nubes y luego pasa a verdes intensos, algunas casas, vacas, perros chistosos y dulces, moras que nos sirven de aperitivo y el río muy puro y cadencioso que refleja todo y resguarda ese espacio…

Vivimos un día bellísimo con las cuatro estaciones acompañándonos, además de los guardianes del lugar; un día de una conexión poderosa y que sólo ahora, de vuelta a Santiago, termino de comprender e integrar aunque ya allá -por lo mismo- me quedo sin aliento y con los ojos vidriosos: recibimos una activación para comenzar este nuevo ciclo, porque el 2017 quiere que todos aprendamos en la práctica a disfrutar más todo -no sólo lo que nos gusta-, a elevar vibración y para esto, salir tanto de la queja como de patrones antiguos/estancados de cada uno, junto con aceptar, estar más presentes y ser coherentes es base…

En un momento cuando ya llevamos rato por estos verdes bellos, le digo a Clau: sentémonos aquí -ahí en la berma del camino, frente al río y a la montaña llena de árboles y helechos nos quedamos contemplando todo y sintiendo el silencio sanador que sólo se acompaña con algunos pájaros que saludan cada tanto-. Guau… Respiro… No paro de disfrutar, agradecer y conmoverme con esta energía sureña a la cual, enhorabuena, le construyeron un camino nuevo paralelo pavimentado, por lo cual pasan pocos autos por acá y sigue intacta… Me quedaría horas o días ahí, hablando con el espacio, recibiendo y anclando energía; riéndome con todo y buscando alguna copa de árbol más tupida para capear la lluvia intermitente…

Y aunque ese nivel de conexión y placer tuvo un corte abrupto, que se transformó en una gratificante prueba -que capaz que lo relato en el próximo post-, corroboro algo que, nuevamente y obvio que con sincronía Jeff Foster me recuerda en mi regreso a Santiago, con uno de sus poderosos textos (aquí): hemos venido a disfrutar… Como lo recalca este año 2017, la experiencia de ser humanos -más allá de las condiciones de cada uno- para brillar y estar en completitud requiere de nuestra voluntad de hacer lo que de verdad nos gusta, aquello que nos llena el corazón y exalta la luz de nuestra alma… Para mí, entre otras cosas, viajar, conocer nuevos lugares, escribir, mirar el cielo y los atardeceres, tomar el aroma de la fruta fresca, recibir el sol suave en la piel, caminar con calma en espacios verdes, sentir el pulso de la naturaleza, compartir con otros de lo humano y lo divino, guiar y ser guiada, bailar, reírme e improvisar a ver qué pasa, están entre los gestos que más gozo y valoro… Como dice Foster: “Encuentra algo que te encante hacer y hazlo todos los días”; ahí tenemos una gran clave de nuestra plenitud y prosperidad… Sí, estos gestos/acciones -algunos muy cotidianos, otros cada tanto- me traen amor y felicidad puros e infinito agradecimiento por la posibilidad de estar hoy aquí, en este planeta bello y desafiante, que es parte de un Universo misterioso, mágico, generoso y perfecto a la vez, y  que, ahora más que nunca, nos pide movernos por aquello que nos hace brillar y nos identifica… Sin prisa, sin afán ni apego; al contrario, como un camino diario de descubrimiento y encuentro con lo que de verdad somos…

Último atardecer en Pucatrihue

Regalos del Sur

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Lago Todos Los Santos, sur de Chile

Hablo en silencio con el lago y me salen lágrimas de agradecimiento… Siempre me conmueve el Todos Los Santos, con sus tonos esmeralda y las montañas volcánicas rodeándolo como un verdadero refugio/tesoro de enorme conexión, belleza, sanación y placer… Amo todo esto… Y pese a que estuve muchas veces aquí no deja de maravillarme… Será porque mis orígenes son de agua… Recuerdo una vez en que un señor mapuche que quizá dónde vivía me guió porque estaba perdida y compartimos la fruta que yo llevaba mientras me contaba que venía al consultorio en Petrohué, que caminaba horas desde su casa por allá lejos y que aprovechaba de comprar algunas cosas… Quedé tan agradecida de perderme para encontrarme con él, quien era como el representante del lago mismo, digo, tenía una energía muy pura y estoica…

Vuelvo a este lago y parque nacional; me da risa porque al bajarme del bus, un chico me ofrece paseo en su lancha que está por salir, que aún no hay suficiente gente pero que van tres brasileros y que si somos más nos sale más barato… Le digo: Mira qué buena idea, pero déjame llegar al menos poh, amigo -y se ríe mientras agrego que necesito aterrizar, ir al baño y al menos respirar un poco, ¿no te parece?… Todo esto después de la alegre charla con el chófer de la micro, donde a mitad de camino me paso a copilota para disfrutar la vista y comentamos de todo un poco, incluso de los “millonarios” que tienen casas por acá… Una vez llegada, en el baño me desabrigo porque acá hace más calor que en Puerto Varas, donde estaba cubierto.  Al salir, el mismo chico me dice: ¿lo pensó? Porque ahora hay más gente -afirma con convicción pero sin ser invasivo y le digo con cierta sorpresa por su perseverancia, riéndome: bueno, será que tengo que ir. Pero una pregunta: ¿qué pasa si una pasajera se marea? -se ríe y me dice “si no hay ni olas hoy”. -Ya, pero es que en serio yo me mareo y no es bonito, ¿ah? -le respondo; él dice que no me preocupe, que además lleva un balde por si acaso me vienen náuseas. -Ah, qué preparado, le digo riéndome cuando ya estoy casi subiéndome y nos saludamos entre chilenos, brazucas y gringos que tomamos la lancha para disfrutar del lago, el sol, las nubes, el volcán imponente y los verdes intensos…

Lago Todos Los Santos

Después del paseo, en que efectivamente no hubo mareos pero sí mucha belleza y energía, camino por la orilla del lago acercándome al bosque del parque nacional Vicente Pérez Rosales, espacio sagrado, sin duda. Con los pies en el agua en su arena volcánica agradezco y siento puro amor… Me quedo minutos sintiendo todo, desde el viento hasta el aroma y la alta vibración que todo lo impregna… Aquí hay sólo presente… Hablo con las aguas, las montañas, el cielo, los árboles, la arena, las piedrecillas… Tengo tanto que saludar, agradecer, pedir… Les pido luz para lo que viene, que me contagien ese poder… Recorro mi 2016 junto a ellos y sigo sintiendo mucho amor y calma en el corazón… Luego me siento más allá, en la sombra y me río con las avispas que llegan en cuanto intento comer lo que llevo en el bolso: ya, déjenme, que es mío; después les convido, no sean pesadas poh, chiquillas -y se alejan después de acosarme un poco…  Nos saludamos con otros viajeros y al rato emprendo la vuelta por el bosque en que se siente la humedad y el aroma intenso de algunos árboles que resguardan el lugar…

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Después de tomar un té de menta para pasar el calor, me voy a los clásicos Saltos del Petrohué. Paso por pasar realmente, pues ya los conozco, pero el sonido y el color de esas aguas es siempre gratificante…  Incluso el chófer algo hosco medio me reta porque según él voy tarde y es verdad, sólo queda un bus para regresar, pero es que el lago es tan envolvente que dan ganas de estar horas sólo en eso: ‘estando’ con él, permitiendo que su energía abra aún más tu corazón y reconecte todo en ti… Y en medio entiendo por qué tenía que ir… Cuando estoy tomando una foto y disfrutando el sonido intenso del agua, escucho: Jimena Zúñiga! Qué haces aquí? -y yo me  quedo tan sorprendida como Javier, mi amigo y vecino, ex dueño del restobar El Magdalena. Nos saludamos entre risas y sus amigos también quedan con cara de pregunta de ese encuentro. Me hace gracia la sincronía porque es como si me dieran permiso para compartir en esta parte del viaje porque ya terminé de escribir las Predicciones 2017 (sólo me falta editar detalles y estarán publicadas después de Navidad en Emol.com) y la noche antes salí a cenar hasta tarde con Paz, una viajera chileno-argentina entre muchas risas; luego por la mañana conversamos bastante con un matrimonio argentino muy cálido sobre Chile y nuestras miradas político-sociales, pues a ellos les encanta venir acá… Con Javier no conversamos mucho porque me tengo que ir como me advirtió el chófer, pero nos damos abrazos y bromas como siempre. Una vez en el bus me sigo riendo por el encuentro y me despido del lugar, mientras disfruto el camino mirando cada espacio de este bello sur de mundo…

Petrohué

Petrohué

Al llegar a Puerto Varas está más nublado, me siento en la costanera a mirar la tarde y a escuchar una banda de música alemana que no me encanta pero está compuesta por unos cinco adolescentes de por acá que le ponen algo de sorpresa al largo atardecer (el Sol se esconde como a las 22 hrs en este tiempo en el sur). El señor que figura sentado en la misma banca que yo me conversa y comentamos detalles de la vida sureña. Él es de Puerto Montt (ciudad capital de esta provincia, a media hora de Puerto Varas) y estuvo por temporadas en Santiago, pero me dice: yo no cambio mi sur, no cambio todo lo que tenemos acá, imagínate: lluvia, sol, viento, frío, lagos, volcanes, mar, arcoiris… -y yo le encuentro toda la razón; es el mega privilegio. Compartimos un rato y me despido para caminar un poco más antes de ir a cenar.

Unos pasos más allá cuando me divierto mirando unos perros callejeros que se meten todos juntos al lago como si fuera “la hora del baño”, suena mi celular y es Dani, desde Inglaterra, y hablamos una media hora mientras camino y las nubes se ponen oscuras con ganas, cosa que adoro porque el verde se intensifica y el lago toma otros tonos… Nos reímos a carcajadas con nuestras aventuras -a ratos con cara de desventuras-  y conectamos también con la felicidad tan simple de la vida: como encontrar algo que buscabas  a precio muy barato cuando estás con poca plata y pensabas sería carísimo, como caminar sin prisa ni planes a orillas del lago, o conversar con cualquiera cosas cotidianas y sensibles a la vez… Me voy a mi cena segura de encontrar mi -ahora- mesa favorita, al lado de la ventana, en el restobar habitual, y así es. La pasta con espinaca y ricotta más una copa de vino no tan sabroso pero servido con amable complicidad son un gran y perfecto cierre de este día paseado, compartido y regalado en este sur sanador…

Despedidas 2016, en cierres y en cosechas

Nada más entrar al aeropuerto siento el aroma a leña tan típico del sur de Chile, presente en todas las casas, buses y en tu ropa cuando regresas. Por fin vuelvo a Puerto Varas… Necesitaba tanto los azules y verdes intensos de acá, la energía de los volcanes y los cielos revueltos; siempre lo digo: el sur de Chile tiene gran vibración sanadora, aunque no sepas ni quieras, ésta te llega. Pero no podía -literal y metafóricamente- moverme antes, no me daba; como expliqué en mi invierno XL que me correspondió experimentar, del cual sigo recibiendo lecciones. Y llego acá con calor, pero el calor sureño pasa pronto, siempre hay un poco de brisa y en cualquier momento llueve, como al par de días, cuando disfruto escribiendo en el jardín del agua y las nubes, de la img_20161130_094105compañía fiel de “Cachirulo” (en la foto), de un gato vecino que me va a mirar con sorpresa y de unos pájaros que se refugian en la terraza y los árboles… Me quedo estos primeros días en un Airbnb (sistema casero de alojamiento más barato que los hoteles y similar a los hostels)  frente al lago, en casa de Bárbara, una divertida chilena viajera que hace poco regresó a su sur natal después de andar por el mundo y por Santiago, quien está feliz de irse en bici en cinco minutos al trabajo en vez de pasar horas en auto en medio del cemento… Su departamento en primer piso en la costanera resulta ideal para los primeros días y para escribir. Necesito estar a solas para llegar acá, donde estaré más de dos semanas, pero también para escribir porque en los hostels termino conociendo a casi todos los viajeros, conversando y saliendo mucho -que me encanta- pero los primeros días quiero concentrarme y seguir un poco en off. Vine a escribir las Predicciones 2017 para Emol.com (acá están las 2016, donde puede recapitular, querido pasajero de este blog; eso es parte de los cierres y en diciembre aún nos quedan días por estrenar!) y luego a descansar reencontrarme con gente y pasear más por lagos, montañas y bosques…

… Por estos días muchas cosas me emocionan, como mirar la mesa color turquesa que me espera en el jardín para escribir, amanecer con nubes y que de pronto se despeje y se asomen rayos de sol, como la entonación aguda y dulce del hablar sureño, como la mesa de atrás en un café con una familia de tres grandes y dos pequeñas de unos 6 a 7 años, donde de pronto éstas se ponen a cantar en voz alta una bachata que pasan por la radio y al papá le da vergüenza, mientras las mamás se ríen junto a mí que me doy vuelta a mirarlas con alegría y todos terminamos comentando y ellas ni se enteran porque siguen feliz su canción, como la breve conversación con un señor que camina lento y algo agachado a quien le pregunto a dónde va a dar este camino muy verde que tomé pero que no sé si me lleva al centro y me dice que termina en la plaza: -¿usted va pa’llá? -me pregunta y yo asiento. -Caminemos juntos porque yo voy cerca -me propone y entonces hablamos del calor y de que el sol quema mucho por acá. En medio hay unas chicas que trabajan en un hotel y él asusta a una que le responde con risa porque es su tío y no lo había reconocido. Luego nos despedimos con alegría y yo encuentro un buen café donde instalarme a escribir…

Unos amigos me preguntan que cómo voy con las predicciones 2017, que si acaso será  mejor que 2016 porque quieren puro que se termine este año de $%&#. -A veeer, ¿alguna queja?, pero si este año ha sido bacano, tremendo crecimiento y puro pasarlo bien, ¿no te pasó eso a ti? -les digo en broma y en serio a un par. -Además, más respeto con 2016, mira que aún no termina, así que podemos vivir más de una sorpresa -ante lo cual, Fer me dice: ¿otra más? ¡noooo! -y terminamos riéndonos de los acontecimientos de cada uno.

Vaya ciclo este para muchos… Y su dureza tiene todo que ver con los niveles de consciencia y con si escuchamos o no los llamados del alma de cada uno; también con qué sembramos de 2011 hasta acá, pues 2016 a 2018 es pura cosecha, encuentro con nuestras verdades para actuar en base a ellas y energía práctica (nada de dogmas, ni fantasías, chao a las críticas y más acción). La mente no tiene mucho que hacer por estos meses y de ahora en adelante, me refiero a las dudas, el rollo, el engancharse, lo literal, el culpar, el decidir sólo desde el miedo o la conveniencia…  Por lo mismo, hay más angustia; porque nos toca bajar al corazón verdadero (certeza)  y entrar en espacios de consciencia para mirar y vivir la realidad. Y el ego -si no está trabajado (si no conocemos cómo es -somos- y funciona en nosotros día a día) y no tiene herramientas, se enoja, se paraliza y se queda atrapado-. Saturno en Sagitario nos tiene -desde fines de 2015 y todo 2017- en plena práctica de crecimiento, no nos deja hablar de éste ni imaginarlo, nos empuja a la cancha a jugar, a crecer, por eso duele este ciclo… Porque es de verdad: ¿Qué haces con este miedo / alegría / frustración / rabia / pena / logro / incertidumbre / cansancio / regalo?, ¿Qué harás hoy, cuánto lo aceptas, cómo lo vives, cómo lo asumes, cuánto lo honras y disfrutas, en qué lo transformarás poco a poco sin querer saltártelo?

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Bahía de Puerto Varas, lago Llanquihue, volcán Osorno

De estas acciones depende, en gran medida, nuestra cosecha del año… Un tiempo de gran desafío y muy reconfortante a la vez. Donde afuera no hay ni media certeza, porque todo lo sólido está en quienes realmente somos: bellos seres, muy valientes, con un poderoso corazón, atravesando la grandiosa aventura de Ser Humanos