Deshacer el tejido

lluvia agostoLlevamos -por fin- algunos días de lluvia y viento en casi todo Chile. Muchos estamos contentos porque, más allá -y con gran respeto por quienes sufren- de los estragos y daños (algunos muy desafiantes y dolorosos, incluso con muertes y pérdidas graves en la costa centro y norte de Chile) que en algunas zonas se provocan, esta tierra -y nuestra alma- necesitábamos mucho el agua, sentir en la piel y en el aire la lluvia que limpia y vivifica junto al viento que despeina, refresca la mente y se lleva capas de energía estancada, especialmente creencias…

Incluso en zonas del centro de Chile la gente sale -en un acto que conmueve- a saludar al río, a darle la bienvenida al agua después de años de sequía que afectó fuertemente los cultivos… Igual la sequía nos afecta interiormente también -nos secamos en distintas dimensiones- y al ambiente… Ahora por fin se refresca nuestra energía y el agua restaura nuestros equilibrios perdidos, aunque en un principio lo haga con demasiadas ganas… Bueno, si  había demorado tanto tiene que hacerse notar, demás que también viene a saludar…

Estos días retro, como decía en la nota anterior, nos han dado mucho material para crecer, agradecer, disfrutar, dedicarnos a profundizar, compartir y REvisar… REaparece gente, temas, situaciones de hace meses o del año pasado frente a las que hay que detenerse y tomar decisiones… REsurgen emociones, proyectos, asuntos del ego y del alma para que actuemos de una forma nueva. Y con tanto planeta en Leo el cielo nos invita a jugar, a no tomar con tanta seriedad y peso lo que tengamos que  REvisar, asumir y saldar. Como sabemos, tampoco tiene que ser de prisa, podemos ir paso a paso pero avanzando sin evadir esta gran posibilidad que nos da el cielo de REordenar distintas piezas de nuestra vida…

A propósito de esto último, el sábado pasado en la despedida de la actual ex-vecina pero amiga Pepa Valenzuela, de quien hablé en el audio pasado, en medio de la comida, los brindis, la sobremesa, la presentación de cada uno de los “selectos comensales” como Pepa nos hizo ver, estamos en el patio bajo el parrón mientras comienzan a caer unas gotas en la madrugada santiaguina y entre varios conversamos de distintas cosas, pero me doy cuenta de que cada uno tiene su propia terapia interior y me reconforta… Sin proponerlo, varios comparten sus “herramientas” o momentos de conexión (sin definirlos necesariamente como tales, pero vaya que lo son). Daniela nos cuenta que ella tiene su ritual de armar puzzles, de esos de -yo que sé- 500 piezas o más, y que se sienta en su mesa con una copa de vino y su cigarrillo, y hace su ritual de comenzar a  buscar las esquinas y todas las orillas primero porque con eso siente que su vida se enmarca en ese momento… Otra chica baila -ah, esta es colega mía, pienso- tanto ballet, como salsa, y quedo de ir a su academia a practicar bachata… Otra pinta mandalas y por allá otro sale a descubrir cosas nuevas por la ciudad… Yo, por estos días, tejo a crochet. Jamás pensé hacerlo y acá estoy. Bueno, jamás pensé -antes- leer el tarot ni dedicarme actualmente a la astrología como mi oficio principal, así que esto del tejido no me sorprende tanto pero nos hacemos amigos de a poco y ahora hasta le roba protagonismo a este blog porque estamos (somos tres amigas más una cuarta que oficia de profe, más bien es nuestra maestra Pamela) que aprendimos a tejer (o recordamos) y lo que más me encanta es el relajo que se produce y mezclar colores… Pero también me pasa que siento la energía de las abuelas, siento a las mías y a otras, como si aparecieran en cuanto saco la bolsa, las lanas y el crochet y se sentaran en ronda conmigo… Me emociona mucho a ratos, y estos días de lluvia aún más…

IMG-20150714-WA0019Y en esto de aprender a tejer no sólo tengo un supermercado de lana a unas cuadras, sino que conecto con un montón de gente que ama tejer y que es muy artista, hasta el garzón del café nos cuenta que su novia le pide que la ayude para ordenar la lana y que algo sabe del tema…

Entonces, sincrónicamente, en medio de las lluvias, de temas antiguos que se me despiertan estos días -algunos dolorosos y que me obligan a mirar sin enganchar como antes, pero a resolver desde el corazón verdadero, no el de Hollywood; ya lo saben- me pasa en la mañana lluviosa del sábado que además de enterarme de algo que a mi ego le duele,  la manta que estoy haciendo de muchos colores, como que tiene una parte inicial del tejido muy apretada… Respiro, medio que estoy agobiada y también me río porque tiene todo que ver con los planetas que están haciendo su viaje retro, entre esos Venus que rige la belleza y la creatividad entre otras cosas…  REtrocedo y REcuerdo el momento en que comencé a tejerla. Parece que también fue un día oscuro en que llovió pero muy poco… Llevo mi energía a a ese momento y luego digo: ok, manta, comencemos de nuevo. Ahora te pondré otros propósitos además de los iniciales y renovaremos nuestra relación, ¿te parece? La bauticé como L’Anita y quedamos en ser amigas; claro, si es mi creación obvio que está viva y tenemos que llevarnos bien, ¿no? … Hasta ahí todo ok. Pero como no soy la experta ni demasiado prolija, intento deshacer y en unas partes parece que agregué otros puntos y la lana se atasca… Ante esto, en vez de deshacer una corrida de puntos tendré que deshacer como cuatro… Mmm. No me pone de muy buen humor la cosa, encima que ya me sentía dolida/enojada con los otros temas, pero siento que está bien hacerlo -el deshacer- y que por y para algo será. La parte que deshago es de color violeta índigo -según yo-, pero me detengo porque si la tarea no sale bien tendré que comprar más lana de ese color… Entonces, decido salir con lluvia a disfrutar de las calles con grandes árboles, paso al supermercado de comestibles y luego al de lanas. En éste hay un grupo de mujeres de distintas edades haciendo cuadrados de lana para enviar a gente afectada por las lluvias… Muy lindas.

Regreso feliz con mis compras. Ya no llueve y camino sintiendo el viento y mirando feliz las nubes que se despejan un poco para mostrar el cielo azul; de vuelta me toca indicarles unas calles a un par de extranjeros y a una señora con su hijo; cobra aún más sentido mi salida… Cómo nos conectamos en el momento preciso, ¿verdad?…  Al llegar a casa le digo a L’anita que comenzaremos el trabajo y me siento en el balcón  con ella y una bolsa para que no queden pelusas repartidas, música turca de fondo, el almuerzo en el horno calentándose lentamente con aroma a clavo y cardamomo… Miro el cielo que está bellísimo: revuelto, con nubes blancas, viento, todo despejado, nada de frío y el sol cae sobre L’anita… Así, lo que por la mañana me parecía algo fastidioso y que encima me atrasaría, ahora cambia y mágicamente lo siento preciso, muy placentero; un gesto muy sanador: tengo que deshacer lo andado que estuvo apretado, REvisar los ‘errores’, de qué me tengo que desprender… El agobio/pena que ya se habían aflojado con la caminata ahora se disuelven completamente y siento cómo cambia mi energía…  A medida que avanzo en esto de deshacer el tejido me viene felicidad, me río de cómo L’anita me acompaña y se deja con toda suavidad ser desarmada, lo disfruto montón y hasta le pongo ritmo con la música, me da alivio… Después de unos minutos suena el reloj del horno, nosotras ya terminamos sólo estamos sintiendo el aire puro sobre la ciudad y muy contentas de comenzar de nuevo... Gracias, le digo a L’anita y a toda la energía vibrante de la lluvia, el viento, el sol y la tierra húmeda…

Carolina me manda esta foto al pasar la lluvia

Mientras espero que se repose un poco la comida en el horno, bajo a buscar la ropa que dejé en la secadora de la lavandería y está mi vecina Andrea, que es muy alegre. Nada más preguntarle cómo está noto su fragilidad y  me cuenta algunos episodios con su novio que la tienen triste… La escucho, la entiendo. Hablamos también de este tiempo y de cómo se nos está mostrando lo verdadero y lo que no ante nuestros ojos para que resolvamos y tomemos caminos coherentes… También nos reímos de la situación -no todo tiene que ser triste- y al final nos abrazamos antes de subir… Le digo que si quiere suba a mi casa a tomar mate o té y que no tengo pan pero sí unas galletas de arroz algo aburridas, pero que demás que aparece una mermelada en la despensa…

Mientras subo con la ropa limpia y seca, pienso que le diré a la vecina que teja algo apretado pensando en su momento actual y que luego se siente en su balcón sintiendo el aire y se dedique con amor a deshacerlo… A ver qué le pasa… Demás que algo se transforma en su corazón y energía con este nuevo gesto mágico que la Vida me regaló en una mañana gris que luego deshizo sus nubes y se convirtió en un memorable día de poderosa sanación. Gracias.

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En ‘modo’ verano, tiempo para fluir y reír

No paramos de reír y de “perrear” con las letras de unos reggaetoneros famosos que están en un festival en el norte de Chile y que pasan por TV un domingo en la noche; es nuestro ‘minuto cultural’, jajajaj, con letras del tipo: mi única estrella princesa bella / Mi mami, mi doncella / Te confieso que soy nada sin ella …. jajajajaja; siempre me pregunto quién se sienta a escribir tamaño aporte…. Pero el ritmo es contagioso, coreamos varias canciones (o partes de éstas), y yo soy una agradecida de la llegada del reggaeton porque por fin muchos recordaron que tenían caderas y pelvis y que está bueno moverlas porque en el Cono Sur se baila poco y eso nos vuelve más rígidos… En fin; el vocalista o cantante es muy divertido, es decir, él no lo sabe ni lo pretende, pero acá nos reímos mucho y encima habla bastante de Dios mientras las chicas de su ballet se contornean y canta letras re machistas y burdas, jajajaja… Qué risa y qué divertida noche para cerrar un alegre fin de semana de piscina, buenas conversaciones, mate, comida india y café turco con cardamomo… Varios estamos de vacaciones por acá y compartimos acompañados del calor incesante…

20150216_150451El sábado por la mañana en la pisci me quedo mirando las abejas que visitan varias flores que hay alrededor, escuchando el canto de los pájaros que está intenso y sintiendo el sol con toda su fuerza; en eso llegan unos ecuatorianos y una de ellas no quiere sol y conversamos un poco de Chile, del calor de esta temporada y de las costumbres de cada pueblo; es tan bello ver lo iguales y diferentes que somos y sentir el sabor sudamericano en sus distintas formas, con la espontaneidad de este lado del planeta… Y sí, este verano está abrasador y, al menos en Chile, nos ha dado material para observar el ego que es una delicia! Una seguidilla de hechos públicos nos muestran lo peor de lo nuestro y es buenísimo que nuestras verdades sigan emergiendo en el momento más inesperado y desde cualquier frente o lugar… Estamos todos -por fin- mirándonos más de frente; palpando nuestra igualdad y valorando la honestidad; muchos ya no hacemos cosas por cumplir y dejamos ciertas situaciones por más incómoda que sea la reacción externa… Ahora, en este tiempo, con Saturno entre las aguas escorpionas y el fuego sagitariano (este año es un puente), estamos de frente a nosotros mismos también, los demás parecen casi una anécdota, el tema somos nosotros, no lo que hace el resto: por eso casi ya no hay espacio para manipulaciones, ni para expectativas, ni exageraciones, ni teorías ni supuestas verdades externas… Estos meses nos convocan a verdades internas, de ahí que nuestras trampas, nuestras mentiras, emergen con potencia para que podamos verlas y chequear: ¿en qué estamos?, ¿cómo llegamos hasta acá?, ¿qué estamos haciendo por transformar esto que nos molesta o nos duele y que generamos en nuestras vidas?, ¿cómo vamos con la aceptación y el disfrute de la Vida?….

Don Satur y estas dos Lunas nuevas en Acuario del último mes, nos piden verdad interior y acción profunda, acción con sentido. Con Acuario podemos crear, visualizar, compartir, y podemos enseñarle a nuestra energía a salir de la mente para bajar al corazón y comprometerse con un cambio -por pequeño que sea- en nuestra vida y proyectos. La Luna nueva nos da el empuje y Don Satur, que sólo observa y escudriña desde Sagitario, además de reírse nos sigue sacando velos y desmoronando cualquier castillo en el aire que se nos haya ocurrido siquiera imaginar. Con un solo bastonazo agita el fuego y dice: Ja, mírate en todas tus creencias sobre ti y sobre la vida, en todas tus máximas e ilusiones; revísalas, porque juntos las pondremos a prueba por varios meses, seguro hay muchas que ya no te sirven y otras tantas que son puro autoengaño…

Y ahora, en este verano del sur, hay más abono para este trabajo. Diría que el invierno nortino también, pero desde la introspección, lo cual vibra de otra forma. En verano podemos jugar más, improvisar, reírnos y alivianar la energía, como la ropa que llevamos que deja a la piel en más contacto con el sol y el viento, un placer… Siempre me llama la atención la gente que no ríe o que lo hace poco, y más quienes no tienen humor, siento el freno de la energía. La risa afloja y provoca cierta fluidez exquisita y muy humana, es parte de nuestro sello encarnado. No desde hacerse el payaso que evade la profundidad o la conexión -eso es triste-, sino desde el reírnos más de la realidad, de nuestro tierno ego, de lo graves que nos ponemos muchas veces, de las situaciones cotidianas y hasta de las desgracias de turno… De reír con placer, dulzura, chispa y autenticidad…

Y ya que es verano bailamos reggaeton aunque las feministas y los intelectuales -posturas ya antiguas y encapsuladas; lo siento- nos miren con cara fea y coreamos letras que de tan burdas y obvias te hacen reír con ganas…

Encima cuando es verano y estás de vacaciones hay más oportunidades de practicar la fluidez, ver las señales y decirle sí a la Vida y su magia; hay otro ritmo; hay menos obligaciones, menos frío del cual protegerse, menos horarios fijos, el día tiene más horas, el sol nos permite ocupar más lugares y alargar las conversaciones al aire libre… En esta primera semana de vacaciones me pongo al día con varios amigos, algunos que no veía hace años y retomamos la confianza, el humor y el cariño de siempre… Con más de un par comemos en mi segundo hogar, el siempre fiel Lomit’s, saboreamos y tiempocirobrindamos mientras brotan las historias de cada uno en medio de carcajadas… Y varios días me dejo llevar por lo que la Vida propone… Como la semana anterior en que al mirar de lejos una pulsera sobre la cómoda digo: debería botarla porque me la regaló una amiga que a ella se la había regalado alguien que me dio la sensación que a ella no le hacía gracia precisamente…Mmm. Sí, mejor la boto -pienso. En eso la tomo y nada más hacerlo se suelta uno de los elásticos y comienza a deshacerse el hilado. -Bacaaanoo! Gracias! Sí, tenías que irte, chiquita, gracias! -exclamo feliz. Al rato, en medio del desayuno en el balcón y la radio de fondo divago sobre que debería hacerme una costelación familiar -individual, por cierto- porque siento que tengo que dar algunos pasos que ya se me mostraron en 2014 y no me dedico a activarlos… -Sí, debería llamar a Alicia o Ceci y pedirles una hora, las dos trabajan bien y son serias, pero demás que no deben estar porque son vacaciones y qué lata joderlas con pega en estas fechas -y dejo ahí la idea. Al rato abro el correo -que en vacaciones no lo miro demasiado- y tengo un mensaje de Alicia: “Hola amiga, te escribo para agradecer las bondades que has tenido conmigo. Son muchas las personas que me has enviado y eso llena de alegría mi corazón y es un efectivo y grato feed-back de mi trabajo que hago con amor. Ya sabes, pides hora y te atenderé feliz! …sin costo! ❤  Te abrazo agradecida!! Ali”. –Guaaauu! Graaacias! -digo, al tiempo que llevo mi mano al corazón, me vienen emoción y risa juntas por los regalos sincrónicos de la Vida, la generosidad del alma y la magia que todo lo impregna… Al rato le escribo de vuelta y le cuento de nuestra sintonía de esa mañana y luego la llamo. Quedamos para el martes.

Una vez en la consulta con Alicia, conversamos un poquito de este tiempo de cierres y justo ella me menciona este blog y el tema de los movimientos de la tierra y estos meses agitados; me dice que ella está inquieta porque le tiene mucho miedo a los temblores desde siempre. Cambiamos de tema y viene un fuerte temblor que se siente con ganas y nos quedamos mudas asintiendo por la sincronía y ella que abre los ojos; una vez que pasa, nos reímos, hablamos un poco más y al rato ella puede soltar un respiro y volvemos a reír… Vaya energía!!

Y antes, el lunes por la noche me acuerdo de Dani, una amiga que está buscando casa en Viña del Mar, que quedó de venir a Santiago y de que nos juntáramos… El martes por la mañana voy saliendo a lo de Alicia y llega un mensaje de Dani que me dice que anda acá y que con Felipe harán pic-nic en plaza Las Lilas (lugar que Felipe dice que es suyo, tal como Lomit’s es mío!) a la hora de almuerzo. Según yo esa mañana, luego de la constelación iría a Providencia a un par de trámites que tengo pendientes, pero resulta que la plaza en cuestión -reino de Felipe- es al lado de la consulta de Alicia… Entonces agarro el pareo de pic-nic, lo echo al bolso y le digo a Dani que andaré cerca, aún pensando en ir a mis planes antes… Pero la sesión consteladora termina casi a la hora de almuerzo y digo: Ok, Jimena, acá te quedas, disfruta este rato y luego vas al pic-nic… Me instalo bajo la sombra en un café cercano integrando lo vivido, que estuvo bello y revelador pues Alicia une varias herramientas además de las constelaciones y hace un trabajo muy armónico y profundo. Respiro y agradezco todo con mucha presencia y una sonrisa en el corazón. Luego parto al encuentro con los chicos que ya están saboreando humitas y quiche de verduras echados en el pasto… Una delicia de día, mucha sanación, alegrías y puro fluir… Más tarde, en casa, al sentarme a escribir en el balcón cuando el sol casi se esconde, suena el teléfono y es mi amiga Nora que -como conté en la nota anterior– está en pleno aprendizaje con sus primeros días con whatsapp en su nuevo teléfono y nos seguimos riendo de sus descubrimientos de emoticones y avances como ver videos, fotos y hasta compartirlos; también hablamos de viajes -su rubro- y me da un par de sugerencias por si salgo unos días… Me siento otra vez frente al compu y en eso aparece en la puerta mi vecino favorito a regalarme una mermelada de alcayota hecha por él y yo que pensaba terminar esta nota por la tarde-noche, al final me quedo charlando y mirando sus fotos de su paso por Córdoba en un festival costumbrista muy masivo al que me había dicho que iba y me cuenta los detalles sabrosos de la aventura… Después de un rato, la noche ya vino con todo y por fin sale esta nota veraniega, llena de acomodos, regalos, sincronías, dulzuras y sol de verano que nos da más oportunidades de reír, flexibilizar, improvisar y disfrutar… Gracias!

Santiagoatardecer

Señales

señalesHay tanto que decir de las señales. Desde niña las tuve en cuenta aunque sin mayor consciencia como para hacerles caso, habían muchos gestos y “coincidencias” que me llamaban la atención y que algunas veces relacionaba. Más tarde hubo al menos dos tan evidentes que no seguí, que no supe ver ni escuchar y que luego pagué tan caro -con dolor- que desde ahí intento respetarlas y atesorarlas como gran protección y guía de la Vida, de esa energía sagrada que nos acompaña dentro y fuera de nosotros.

Últimamente me siguen mandando unas de madrugada. Algunas las comprendo, otras ni idea qué quieren decirme, hasta con letra y música aparecen. Aunque más que señales son mensajes.

En la consulta siempre las hay, como un chico que está puro flojeando con su vida y evadiendo, y se queja del sistema mientras yo me río y le digo que está grande pa’ seguir en la víctima, que encima eso está pasado de moda y que con todos los talentos que tiene es un desperdicio, pero que también es su opción no crecer y está perfecto si así lo quiere, al tiempo que afuera en la calle una niña llora y hace pataleta en los brazos de su padre: esa energía es tu ego, ese llanto taimado, ¿lo puedes ver? -le digo y nos quedamos en silencio escuchando los sincrónicos gritos dramáticos de la pequeña, mientras él se sonríe y mueve la cabeza. Señal-sincronía de confirmación.

Y en estos meses me invitan a algunas charlas y seminarios dentro y fuera de Santiago, a unos como asistente, a otros como expositora. En un par de casos las señales y sensación son de poderosa certeza: sí, voy, ¿cuándo es?; o no, gracias, paso. Y un par de semanas después tengo confirmaciones -vía conversaciones inesperadas- de que las decisiones estuvieron bien. Pero en otros casos, dudo y ya no sé qué decidir.

Hubo uno más fácil. Una charla de la que me entero la noche anterior y no estoy segura de ir porque capaz que no dicen nada nuevo y/o el charlista quizá es -para mí- chanta. No sería la primera vez en que me topo con esta energía opaca que vende una pomada o que es poco consistente o profunda, en todos los ámbitos hay chanterío y está bien, es parte de lo que somos y de un equilibrio, incluso en temas que algunos definen como “espirituales”; pero a estas alturas y con el poco tiempo que tengo no me da para ir a ciertas cosas que de sólo leerlas despiertan mi sospecha o indiferencia.  Y digo: bueno, llamaré aunque es tarde, si me contestan es la señal de que tengo que ir. Si no, no-. Entonces llamo y una chica al otro lado me da toda la info con mucha disposición. Igual no me convence del todo el expositor, por pura intuición no más, pero sí la experiencia y dado que pedí esa señal y la tuve, digo: ok, vamos.

Al día siguiente comprendo porqué tenía que ir. Efectivamente quien da la charla no es un gran aporte, está mucho en la mente y eso ya no va, aunque un par de frases y ejemplos me sirven. Pero me encuentro con dos personas (una que conozco y la otra sólo de nombre) que me confirman que el haber rehusado una invitación a otro evento estuvo bien, ellas tampoco irán y tuvieron la misma impresión que yo al recibir la info. Bien, a esto tenía que venir hoy, a reafirmar una mirada con respecto a otra cosa. ¿A la charla en sí misma? No mucho.

Pero hay otro seminario en el que no termino de saber si tengo que ir o no. Viene a Chile el antropólogo peruano Juan Núñez del Prado, formado además en la tradición andina, especializado en el estudio de la espiritualidad de los pueblos originarios de Los Andes, en particular de los Q’eros, descendientes de los incas. Del 14 al 19 de agosto, en Cuncumén, quinta región de Chile, enseñará sobre esta cosmovisión andina y entregará prácticas para la vida cotidiana. Acá está la info por si alguien más se suma.

Los Andes, Chile, verano 2011

Los Andes, Chile, verano 2011

Cuando supe, hace meses, me llamó la atención, pero no me convenció del todo, aunque me da vueltas y encima igual me llama porque tiene unas charlas en que conecta la tradición andina con la psicología jungiana, escuela siempre tan revolucionaria y lúcida en nuestra historia como humanidad y apasionante para tantos en distintas latitudes. Por otro lado, muchos coincidimos en que el despertar de consciencia energéticamente está en esta región, en Los Andes y que la energía y sabiduría de acá tienen mucho que aportar en este especial tiempo al planeta… Entonces, una tarde en medio de las compras en una tienda, le digo a Claudia, una de las organizadoras -y gran terapeuta, por lo demás- que no sé si ir porque igual me inquieta, pero es plata y tiempo. Ella me dice que no es la más indicada para asesorarme porque para ella la inquietud ya es una señal de que tiene que ir. En cambio para mí eso a veces es duda, no certeza.

Conversamos un poco más y de que obviamente tengo que pedir una señal. Llegamos a la caja de la tienda y están la cajera y el chico que empaca las cosas. Entonces Claudia le dice a éste (que ya intercambió un par de saludos y sonrisas con nosotros): ¿Tú qué opinas, ella tiene que ir o no a eso que está dudando de ir?- mientras él mueve la cabeza, se apresta a responder, pero la cajera lo interrumpe: Yo creo que tiene que ir porque después una se arrepiente de eso y mejor hacerlo y no quedarse con la duda para siempre, poh -dice sin más la señora que es muy divertida, mientras Claudia y yo nos miramos y nos decimos: ¡¿Qué tal?!  Entonces, el chico agrega: no sé, es que igual a veces no hay que hacer algunas cosas, hay que pensarlas mejor, a mí me ha pasado eso al menos… Pero yo igual iría no más -dice, y empiezan a discutir los pro y contra con la cajera y todos nos reímos porque ella le dice que se tiene que portar bien y otras cosas. En eso, yo que no sé bien cómo interpretar esta señal, miro al chico y me río con con asombro y le digo al oído a Claudia: mírale la piocha que lleva -me refiero a la identificación que usan con el nombre de cada uno en la tienda y dice: JUAN… -Nooooo! -exclama Claudia a carcajadas y yo agrego: está clara la señal, ¿no?, ok, tengo que ir, na’ qué hacer-. Y la cajera se da cuenta que algo nos pasa con el nombre del chico y dice: yo estoy rodeada de Juanes, en la mañana había otro y me hacen rabiar-. Jajajaja, seguimos riendo y comprendo que aunque no termine de convencerme todo indica que tengo que ir a ese encuentro…

Agradezco mucho la guía sagrada que aquí se hizo presente y que está abierta y disponible para todos si decidimos usarla y permitirnos ser guiados, cosa que no siempre es fácil, pero que es una aventura bella y reconfortante que nos da mucha tranquilidad, pues no es nuestro ego quien decide a destajo, sino que cuando sigues una señal estás -además de practicando humildad- conectado con la divinidad que somos y activando la magia de la Vida. Encima es entretenido, aunque a veces parecen no tener sentido lógico algunas respuestas y señales.

En parte de eso se trata este tiempo: de entregarnos a la experiencia y voluntad que no pasa por nuestra mente sino por los propósitos del alma y del espíritu que se “confabulan” con ciertos hechos para que demos nuevos pasos en esto de crecer y despertar…

No será la primera ni última vez que trate sobre este tema. He tenido señales de tener que seguir haciéndolo… Hasta la próxima!

 

 

 

 

Invierno presente

Todo fue culpa del frío y de mi curiosidad. Después de una ensalada improvisada y una sopa de zapallo para llevar del café amigo de la esquina, salí de mi consulta rumbo a la pelu(quería) de la vuelta donde cada tanto voy a conversar, tomar té de hierbas, arreglar el mundo y, a veces, a que me corten el pelo. Según yo iba de pasada a dejarle a las chicas las revistas que se acumulan en mi sala de espera y que aún están vigentes, y de paso a conversar y entrar en calor con el aire de los secadores. Pero nada más entrar vi en la tele (una honorable pantalla de unas 10 pulgadas) de la pelu algo que me pareció una película, en tanto Elena como Mary apenas me dieron bola porque estaban pegadas al mini cuadrado.

-¿Eso es una peli o es teleserie? -les pregunto luego de saludarnos y de que me ofrecen asiento casi sin hablarme.

-Es la novela nueva, Jimenita: es muy buena, porque la mala es muuuy mala y le miente al marido pero la hija, esa niñita, “cacha” (sabe) todo y la mala la amenaza…

-Ah, nooo, entonces a esta hora de aquí al verano no se las puede interrumpir a ustedes!

-No, Jimenita, si igual vamos a trabajar, pero es que está empezando y al tiro (de inmediato) partió buena, entonces tenemos que aprovechar que no hay nadie pa’ poder seguirla -me dicen sin despegarse del aparato.

-¿Pero es película o es teleserie? -insisto incrédula.

-Es teleserie como película -dice segura Mary, quien antes no veía telenovelas, pero que fue contagiada por el fanatismo de Elena.

Y cuando veo al clásico Tony Ramos made in Brasil y unas tomas muy buenas de Río de Janeiro también me quedo pegada, además no hay con quien conversar porque este par casi está metido dentro de la historia. Cuando termina me entero que se llama “Avenida Brasil” y a la semana le hacen una nota en radio Cooperativa sobre el fenómeno que fue en su país el año pasado, donde la propia Presidenta debió suspender actos oficiales que coincidían con los últimos capítulos. Y al escuchar a la gran Marisa Monte con su Depois, canción con la que musicalizan la historia de amor de los protagonistas Nina & Jorginho, me rindo y me hago fan, la veo por Internet y ahora me arranco a la pelu alrededor de las 3 de la tarde o le pido la tele (otro “plasma” de 10 pulgadas) prestada a la secre(taria) de mi consulta cada vez que puedo… Cosas que pasan en el vecindario chico y grande… Igual la historia principal está todo el rato centrada en el afán de venganza de la protagonista y víctima (Nina)  hacia la “mala”, versus el olvidar, soltar la rabia y el dolor para ser feliz con su gran amor, como le dice Mamá Lucinda a Nina, quien no quiere renunciar a ver hundirse a Carmina, la victimaria… El viejo paradigma que tanto vende, “funciona”, y que nos creímos durante milenios, ¿no? Buenos versus malos… demasiado simple para ser real, aunque es cómodo y hasta entretenido.

Pero el frío no sólo me lleva a la fanaticada televisiva. También a la consciencia…. En una fría y gris tarde de miércoles voy por un plato caliente que me reviva, cuando lo consigo me río sola mientras almuerzo una “carbonada andina” (sin carne y con quinoa) en lo que llaman un “café gourmet”, porque en la mesa del lado una pareja habla de meditación y espiritualidad, mientras yo gozo la sopa caliente, precisa y sabrosa, muy entretenida con la conversa vecina, que está profunda y coherente, un agrado!…. Días después, mientras desayunamos con los cantantes líricos callejeros de fondo en una mañana soleada pero fría, entre vecinos argentinos y brasileños, dos señores -chilenos- mayores hablan sobre terapias, meditación, I Ching y vidas pasadas. Igual uno de ellos tiene su rayadura (locura) y son muy mentales, pero es divertido escucharlos con su convicción…. También hablan de la depresión y del sistema…. -Estamos invadiendo todo, viste cómo somos millones? -comentamos y nos reímos constatando cómo nos encontramos y sincronizamos…. Y cómo -pa’ variar- la realidad nos refleja, ¿no? …Y cuando el viernes pasado voy a mi propia lectura de revolución solar (carta astral anual) a la que acudo cada año después del cumple, pero que esta vez postergué por viajes y agenda revuelta, conversamos con “mi” astróloga sobre este tiempo tan agitado, raro y bello a la vez… Le digo que es tan potente ver cómo cada vez más salimos del estado de víctima. Ella, además psicóloga, se queda pensando y me dice que igual tiene pacientes muy víctima y le digo: si igual están, pero hay una fuerza interior que está despertando en muchos, ¿te pasa que lo ves, que lo sientes?… Se queda pensando y me dice que sí, que igual este tiempo está muy bonito… y raro.

Es que los cambios se instalan cada vez con más fuerza, pero no son para todos igual, aunque se expanden y “contagian” sí o sí; entonces tenemos discusiones públicas que cuestionan las vacunas, gente en televisión que revela la cantidad de alimentos socialmente aceptados pero enteros tóxicos, se conversa en los medios sobre la necesidad de meditar y de vivir la vida de otra forma… Lo que en los ’90 y hasta fines de la década del 2000 era lo más, el éxito, para muchos que se lo creyeron hoy se cae a pedazos cuando incluso llenos de comodidades constatamos profundamente que la felicidad y la armonía nunca han sido amigas incondicionales del venerado triunfo externo, que en sí mismo se vuelve frío, insaciable, solitario y neurótico… Y todo -para quien quiera verlo- apunta a lo mismo: estamos dando un giro drástico, poderoso y creativo hacia una vida más pura…. No para ser hippies revenidos -qué lata- sino para encontrarnos con nuestra esencia en el mundo actual, no alejados de él…

En esa misma sintonía, el domingo vamos a una feria de emprendedores a unas cuadras de casa, en el parque Inés de Suárez, donde reinan los cultivos orgánicos, regresan con fuerza la cosmética y moda hecha a mano (un paraíso en medio del imperio chino que colma todo), toca una banda bastante alegre, se vende stevia natural por montones y variedades de té y hierbas para mejorar el equilibrio del cuerpo, también miel, queso de cabra (el más sano de todos) y aceite de oliva…

Salimos de la feria con un aroma de rosas natural, té blanco (hace rato que no tomo té negro), stevia en polvo sin aditivos  (de color verde) y unas hojas de palo negro para ayudar al tratamiento del cáncer… Estas últimas son para mi papá, quien -sin saberlo del todo- cada día nos recuerda a varios la sabiduría del alma que elige una enfermedad para hacernos cambiar, unirnos, bajar a tierra, detenernos, crecer, sanar, ser quienes somos realmente, conectarnos con el corazón… El alma que nos jode, porque le pide con humildad -pero con certeza- a nuestro ego que dejemos hábitos emocionales, mentales y alimenticios que nos dañan… El alma que nos acompaña pues en cada paso nuevo nos da luz y contención frente al miedo, la duda, la rabia, la tristeza… El alma que nos empuja con sus hilos mágicos a encuentros, lecturas, conversaciones y aventuras sincrónicas llenas de señales… El alma que siempre está… Intacta, noble, poderosa… Y que no se anda con chicas…

espiritu-de-invierno-wallpaper-949121Por eso me detengo cuando en mi consulta, al terminar el día, en menos de cinco minutos vuelco con mucho ruido un incensario de madera aunque no rompo nada, pero al poco rato en la cocina se me resbala un vaso y finalmente se quiebra… ¡Ey!, ¿en qué andamos, chiquita? -me digo; luego me siento, cierro los ojos, respiro y suelto… Me reconecto y pido una señal para saber si esta energía es conmigo o de la persona que acaba de irse luego de su lectura de carta astral…. Me llega que es de ambos -cada uno en su proceso- y que huele a prisa y rabia contenida, y me digo: ok, sí, la tengo, además estoy cansada, algo sobrepasada y tengo que ir más lento… y drenar energía, sin duda. Gracias por el aviso… Respiro. “Cerramos el boliche” y camino muy lento por Providencia, sintiendo y meditando en cada paso camino a casa, con la presencia muy activada… Qué distinto es todo cuando estamos presentes… En el camino no contesto una llamada de alguien a quien adoro porque siento que no puedo ni quiero hacer dos cosas a la vez, gesto que me sale tan fácil… Necesito estar presente… Más allá me encuentro con la pareja mayor que cada noche espera con mucha calma a la salida de un restaurant muy conocido a que les regalen el pan que sobra, además de juntar latas y cartones; por lo general están ahí más tarde, pero seguro el frío los adelantó, encima es lunes, así que deben cerrar antes. Nos saludamos como siempre y de nuevo -como tantas veces- siento su presencia angélica-guardiana en ese saludo. Agradezco nuestro encuentro en silencio. Sigo presente camino a casa disfrutando todo, hasta el frío en una noche despejada de bellos tiempos aleccionadores…

Pide y se te dará: cadena de sincronías 2013

Plaza Las Lilas, Providencia

Plaza Las Lilas, Providencia

Mmm, la cosa empezó el  martes 23 de enero. No, en realidad empezó antes, a fines de noviembre 2012, cuando Sol se propuso salir del pequeño departamento que la tenía asfixiada y hasta recluida (como se dio cuenta cuando se mudó). Ella sabía que su nuevo lugar tendría que ser en el mismo barrio: Providencia, cerca de  Plaza Las Lilas. Buscó con decisión cuando todo el mundo y hasta los medios te atormentan diciendo que hay -y efectivamente está- una burbuja inmobiliaria que tiene los precios por las nubes y que dada la llegada cada día más numerosa de inmigrantes de todos los rincones a Chile y a Santiago especialmente, sumado al supuesto mayor poder adquisitivo de varios chilenos, hay más demanda y menos oferta, lo cual no me lo creo del todo y es un gran excusa para elevar los precios con usura que raya -o traspasa- en la grosería. En fin, todo pasa, y esto llegará a su fin o explosión.

Pero la certeza interior de Sol no escuchó nada de esto. De pronto ella, que visitó unos 25 departamentos, supo de uno que estaban arreglando, pero que no ponía foto en internet, sólo la dirección y fue a mirar el edificio. Dijo con convicción: Aquí voy a vivir yo. Habló con la dueña y pese a que los arreglos demoraban esperó con fe. Cuando ya estaba casi listo pidió una descripción del espacio y le dijo a la dueña: ya, lo quiero, te mando mis papeles-. A lo que ella contestó: ¿pero si aún no lo has visto?- “No, pero yo sé y confío en que es para mí y que me va a gustar y es lo que necesito. Es mi departamento” -respondió con la misma férrea convicción de antes. ¿Resultado? Está instalada en el departamento desde principios de enero, que es muy bello, con vista a la cordillera y copas de los árboles, donde ella quería y encima ve a unos metros un campanario que fue muy importante en la historia de su familia y su madre. Sol está más que feliz con su nuevo espacioso-espacio, recordándonos, de paso, cuánto poder interior tenemos para encauzar y colorear nuestra vida.

Entonces, nos invita con Carolyn, otra amiga (y sanadora) a cenar el martes. Santiago amanece con corte de agua en varias comunas y la capital muestra su fragilidad, esa que no nos gusta asumir, como si fuera fácil habitar un espacio reducido rodeado de montañas que impiden el paso del aire, en un país siempre sacudido por alguna manifestación de la naturaleza; también -a mi juicio- revela el abuso de las empresas privadas que supuestamente se hacen cargo de un recurso natural con el que ganan muchísimo, pero no tienen ni medio plan de contingencia frente a emergencias; como muchas veces: el negocio es ganar plata pero no invertir ni prevenir ni cuidar al cliente y menos al bien común… La ciudad muestra también la oscuridad (barro) del negocio del agua, además de restringir y limpiar sus(nuestras) emociones (agua), de paso.

Por lo mismo, Sol nos pregunta si igual nos juntamos, y yo salto diciendo: sííí-. En su depa nuevo hay agua y en el mío también, así que no pasa nada.  Llegamos y además de disfrutar y brindar por el nuevo hogar que tiene muy buena energía (desde hace años, a mí hay lugares que me sacan, me expulsan y no puedo quedarme demasiado), de gozar con la conversación, las carcajadas y  el compartir, saboreamos un menú exquisito de…. comida árabe!!! Deliciosa, con rellenos de hojas de parra y zapallitos, hummus, falafel, carne kubbe… Había olvidado cuánto me gustan esos sabores, hace meses, en julio, almorzamos comida árabe muy buena, pero estábamos apurados y me faltó el disfrute de los gustos y especias. El tema es que ahora hasta quedé con ganas de seguir saboreando, pero mi panza no tenía más espacio aunque el encuentro duró hasta la madrugada… En medio de la cena me viene la certeza de que las tres tenemos que tener más de una encarnación por las tierras del actual Medio Oriente  y que ya nos debemos haber conocido de quizá cuándo, pues en esta vida nos encontramos (yo a ellas) practicando danza árabe hace años  y además yo he tenido un par de “regresiones espontáneas” y sincronías que me confirman que tengo más de una vida con hiyab o chador (tipos de velo) y todo, habibi.

Al día siguiente ando con antojo de falafel (croqueta de garbanzo) y todo lo demás. En el barrio sólo hay los clásicos shawarmas, pero no quiero eso. Busco en internet y hay un delivery cerca, pienso en llamar para el sábado o domingo. Pero el antojo crece y casi estoy por inventar un encuentro con los amigos para satisfacer las ganas. La semana avanza y cada cierto rato me acuerdo y me río sola con mi obsesión… Incluso el miércoles cuando fuimos al festival “Cine bajo las estrellas”,  antes de la peli hay stands de comida con sushi, carnes, sandwichs, pizzas, ceviche… y con un poco de ilusión busco algo árabe, pero no hay, obvio, si tampoco es tan popular, pese a que la colonia es numerosa en Chile…

Llega el viernes. Después de la jornada en mi consulta, a  las 4 de la tarde,  tengo hora de biomagnetismo en Ñuñoa. Antes de ir como unos trozos de piña y pienso que almorzaré después, en casa. Es mi segunda sesión y ya la terapeuta con los imanes liberaron un virus y un tema de microcirculación cerca del oído, que todo el rato tiene que ver con el vértigo que a veces me visita. La sesión está potente, medio me duermo en la camilla y luego me cuenta cómo va el tratamiento. A las 5 ya estoy de nuevo en la calle y con hambre; pienso tomar una calle que da al delivery árabe que encontré por internet. Ya casi saboreo el hummus y el falafel. Pero hace mucho calor y no sé si caminar hasta allá. Al final desisto porque igual quiero pasar a otra tienda que está al lado y desde ahí puedo tomar un colectivo que me deja en casa.

Bueno, para otro día será… Podría haber algún lugar por aquí -pienso- pero sé -era mi barrio de infancia y sigue siendo el de mis padres- que sólo hay pizzerías, hot-dogs y otras cosas… Me dispongo a cruzar la calle en el medio (por donde no se debe) y cuando miro en frente dice: EXQUISITOS SABORES DE PAKISTÁN, PARA SERVIR Y LLEVAR…. Guauuu! Casi salto hasta la otra vereda de pura felicidad y digo: es demasiado grande la Divinidad; Universo, eres muy bakán, gracias! Ángeles de la comida: gracias por favor concedido-. Entro curiosa y extasiada, es un lugar pequeño llamado “Karachi Spice”, es lo que se conoce acá como “picada” (restaurant un tanto escondido, conocido por muchos de boca en boca pero sin publicidad; bueno, bonito y barato), son unas diez mesas con un poco de decoración pakistaní y una mesera chilena muy simpática que me muestra la carta donde están todos los sabores que tenía en mi paladar mental desde el martes y otros que desconozco pero que suenan tan bien… Me cuenta detalles del lugar, el único de comida pakistaní en Santiago… Vaya honor el mío!

Karachi Spice, en Pedro de Valdivia, casi esquina Dublé Almeyda.

Karachi Spice, en Pedro de Valdivia, casi esquina Dublé Almeyda.

Entonces, me siento a almorzar ahí disfrutando cada sabor con calma y placer: el hummus, las albóndigas especiadas, la ensalda aderezada con yogurt con cilantro, el arroz y… obvio, un té de menta. El falafel lo pido para llevar a casa a nuestro almuerzo del sábado. Luego converso más detalles del lugar y la carta con la mesera y hasta con el cocinero que lleva tres años en Chile y que es musulmán, por supuesto. Quedo re invitada para volver y seguro lo haré porque aunque el antojo fue saciado, en cualquier momento puede volver. En medio de la conversa tomo mi bolso y me río sola pues tiene caligrafía árabe, se lo compré a una chica que los hace a mano, de hecho el cocinero lo queda mirando….

Mi almuerzo en el Karachi Spice

Mi almuerzo en el Karachi Spice

Me voy satisfecha y feliz y recuerdo que originalmente a esa hora (la de mi almuerzo pakistaní-mágico-sincrónico) me juntaría con una amiga que al final me avisó temprano que no podía. La vida es perfecta, pienso, mientras voy a la tienda que tenía pendiente. Cuando estoy allá, terminando de pagar, suena mi celu y es Silvia, una gran amiga argentina-chilena con quién quedamos de vernos pues viene llegando de varios días en Baires, pero no coincidíamos con los horarios… Me dice: Jime, me suspendieron una hora de clases y pensé si nos juntábamos. “Eh, genial! veámonos en un rato en la terraza del hotel Bonaparte” -le digo y le parece perfecto igual que a mí. Al cortar y mientras me dirijo al encuentro, sigo pensando: qué mágica es la vida, cuántos regalos, sincronías y perfección hay en todo. Gracias a la vida, tarareo en el taxi, igual que el miércoles por la mañana después del muy buen encuentro en la casa nueva de Sol…

Al llegar al encuentro con Silvia, ambas pedimos un té… yo quiero otro de menta (las especias pakistaníes dan sed) y la chica me dice, tengo uno que es de Marruecos: ¡Ese mismooo! le digo con entusiasmo. Ya te explicaré porqué, amiga, le comento a Silvia…. Y la tarde-noche termima con un buen reencuentro y conversación, puestas al día desde el 21 de diciembre hasta acá, acompañadas de un cachorro gordito que pasean por la calle, varios ciclistas veraniegos, los pájaros cantores, la brisa que se cuela entre los añosos árboles y la luna casi llena que este fin de semana está en Leo: momento para celebrar, cerrar y agradecer… Sí. Todo es perfecto. GRACIAS…. A la Vida.