Todos somos Japón

(foto Reuters)

No hay mucho que agregar a lo que sucedió y sucede en Japón…

En el post anterior hablé del sentido. Y, si lo desean, también pueden leer la mirada de la astrología, acá.

Supongo que a millones en el mundo les pasa: se nos caen las lágrimas al ver las imágenes, se nos humedecen los ojos y se nos hace un nudo en el pecho al meditar y pedir por ellos… ¿Pura sensibilidad? No, hay algo más grande en nosotros que está pasando o revelándose.

Este post es para recordarnos que la intención es poderosa y que ahora más que en otros momentos, la vida, la Tierra, los hechos, las noticias, todo; nos recuerdan incansablemente eso que solemos olvidar: TODOS SOMOS UNO, es decir: lo que decimos, pensamos y hacemos le llega a todo el mundo, lo bueno y lo malo. Y todo lo del mundo nos llega a nosotros, sin duda. No da lo mismo odiar a alguien, no da lo mismo agradecer a alguien, no da lo mismo ser pesimista, no da lo mismo promover amor cotidianamente… Todo se replica y crece.

(foto Emol.com)

El terremoto, el tsunami y el desastre nuclear no le ocurre a Japón, allá lejos, en una cultura diferente, en un país oriental lleno de tecnología. No. Nos ocurre a todos nosotros: en el corazón si somos capaces de empatizar con el enorme sufrimiento y conectar con el amor profundo, en la mente con el miedo de que algo peor suceda, en el cuerpo y el mundo material porque así como efectivamente la ola llegó hasta América (muestra clara de que todo nos afecta) … el dolor, la angustia, la radiación, la destrucción también están llegando a todo el mundo.

Y, si nos detenemos a reflexionar, es re probable que durante todo el principio de marzo (en realidad desde el año pasado), el 9, 10 y el mismo 11, cada uno anduviese en su propio terremoto (crisis interna, problemas, quiebres, enfermedades) y tsunami personal (emociones revueltas,  duelos, miedos, dolores)… O que estuviésemos adormecidos -y apegados- en nuestras rutinas, sin entender que tenemos que cambiar y despertar, pues la vida es mucho más que sobrevivir y ser exitosos en distintos ámbitos… Japón es un reflejo de cada uno de nosotros.

El cambio de actitud de cada uno ya debió haber sido. Pero aún hay tiempo para sacudir nuestra mente estrecha y egocéntrica, por eso es el momento de Meditar: de buscar un espacio de silencio, sentarnos, cerrar los ojos, respirar. Y mientras respiramos podemos agradecer las infinitas bondades de nuestra vida, hasta el trabajo que no nos gusta es una bendición. Podemos sentir esos regalos en el corazón, sin aferrarnos a ellos, pues en cualquier momento -ya lo vivimos- todo puede cambiar. Y, luego, desde el agradecimiento podemos enviar  Amor, Protección, Confianza, Aceptación y Conciencia a todos los seres (humanos y animales) de Japón, para que desde ahí también se irradie a todo el planeta, a cada rincón, al fondo de la Tierra y a la inmensidad del cielo.

Este tiempo continuará delicado y remecedor. No estamos ya para seguir mirando imágenes aterradoras y continuar con nuestras pequeñas vidas ensimismadas, es tiempo de pasar a la acción transformadora, ahora podemos meditar, ahora podemos dejar de hacer daño con pensamientos, palabras o acciones negativas; ahora podemos ser más amables, agradecidos, conscientes y alegres.

Ahora podemos sentirnos parte del Todo, un Todo vivo, sagrado y en evolución. Gracias por tamaño privilegio!

 

El mismo 11 de marzo niños en India piden por Japón.(Foto Emol.com)