Portal de Luz sobre Santiago

(Post dedicado a los mejores vecinos que uno puede tener)

Desde la última Luna Nueva del 27 de septiembre las cosas están re movidas. Mucha gente me lo comenta, lo veo en mi consulta, lo evidencio en mí misma, lo vivimos con los cercanos… Los cambios se aceleraron, el caos está a la vuelta de la esquina, salieron a pasear las luchas de poder y los desafíos a nuestro ego que siempre quiere ganar…

Pero también en este ciclo están aflorando nuestras oscuridades con la posibilidad de sanarlas, entonces lo terapéutico se potencia y muchos estamos encontrando respuestas y sanación de distintas formas, además de acompañar a nuestro cuerpo en su propio proceso de ajuste y depuración.

Algo pasa en todos. Algo se agitó, pero también algo se calmó. Es paradojal. Es como una sacudida que remece pero luego apacigua. Hace unas semanas paseamos en pleno primer sábado del mes por un centro comercial y no estaba repleto ni eufórico como otras veces, de hecho ni me cansé ni sentí sueño, como suele pasarme en los shoppings o malls. Lo comentamos esta semana incluso con la chica de la tienda de aromaterapia que suelo visitar en Providencia, yo quería tomarle el pulso a esto y preguntarle cómo sentía a la gente y ella también me comentó lo mismo sin que yo se lo dijese.

Los astros del 27 de septiembre movieron mucha energía plutoniana (transformación, poder, oscuridades, psiquismo), uraniana (quiebres, rebeldía, ideales, sorpresa, innovación) y libriana (armonía, relaciones, comunicación). Todo este cóctel astrológico está provocando pruebas y depuración en estas áreas.

En eso estamos todos cuando el viernes 7 de octubre Santiago de Chile se oscurece entre las nubes de primavera que me encantan pues el verde de los árboles se ve más intenso; pero de tarde comienzan a iluminar las montañas unos intensos rayos de sol. El Sol en Libra que lanza su luz de conciencia sobre cómo nos relacionamos.

Y yo, como nunca, figuro a esa hora en el departamento de mi vecina favorita Cocó, que estuvo de cumple el día anterior y me dio permiso para ir a comer torta aunque ella no esté pues regresará muy tarde del trabajo. Antes de ir pienso: debiera llevar mi cámara porque la cordillera se debe ver tan bella con este sol en medio de las nubes negras; pero mejor no porque no recuerdo dónde la dejé y perderé tiempo, total puedo ocupar la de ella… Una vez allá y después de saborear mi exquisita merienda y antes de salir caminando varias cuadras primaverales para un encuentro (una meditación-cena) en Ñuñoa, me pongo al día en varios correos postergados.

En eso estoy cuando me llama mi segundo vecino favorito -importado directamente de la República Oriental del Uruguay- y me dice: ¡Veci, asomáte a la ventana que hay un arcoiris gigante cruzando Santiago, no lo puedo creer!…. Y yo salto y dejo todo botado y me asomo al balcón de mi vecina que sí da al este, la montaña, a diferencia del mío que mira al oeste… Y me quedo boquiabierta, impactada, emocionada, se me cae la lagrimita… Cortamos con Fer para vivir esto, que es como un portal en medio del cielo. Fue impresionante, el mega regalo de la vida. Agarro la cámara y tomo fotos mientras agradezco ese momento y pido que esa luz nos llegue a todos y que limpie las oscuridades de la ciudad, del país, del continente. Siento que es una bendición sobre Santiago, esta ciudad tan acontecida el último tiempo por el dolor, la violencia, la agresividad constante, el no escuchar al otro, el sin sentido, el ego obcecado…

En medio de toda nuestra locura citadina un arco de luz atraviesa la ciudad y es un portal de energía sagrada de la naturaleza y de la divinidad de la que somos parte… Guau! Aún lo estoy viviendo.

Fer me vuelve a llamar emocionado desde la azotea de su edificio, juntos pedimos porque esa luz se multiplique, estamos felices y me dice algo que le creo absolutamente: arriba del Manquehue -un cerro que circunda Santiago y que en lengua mapuche significa “lugar de cóndores”- hay seis naves. Sí, naves. “¿E.T.?” -me preguntó Cocó al día siguiente. Sí, Fer me dijo que estaba re nervioso pero feliz de todo lo que estaba pasando. Síp, demás que varios seres de luz -y no enanitos ni seres extraños de color verde pegajoso al estilo marketero de la industria- estaban asistiendo y aplaudiendo ese mágico momento desde lo alto.

Como lo dije en el post anterior, Chile tiene un papel importante en los cambios planetarios que vivimos y que continuarán por largo rato.

Aquí les dejo algunas fotos que, aunque no alcanzan a mostrar con tanta fuerza lo que fue, sí reflejan este regalo de luz que no sólo estuvo este viernes presente, sino que puede manifestarse en nuestros corazones y conciencia desde ya.