PREDICCIONES 2011 Habemus!

Dedicadas al corazón cálido y generoso de Yvonne y todo su clan.

Y dedicadas a la magia, la paz y las sonrisas de Valdense, otro rincón verde de Uruguay.

 

… Cuando recién llego a la casa de Yvonne después de casi un año, en medio de todo ella me dice que tiene “un conflicto con América Latina”… y yo pienso: mmm, qué profunda y qué global que está Yvonne… Casi puedo oler a Mafalda.

Pero luego muero de la risa cuando recuerdo que América Latina es el nombre de una de sus gatas, que disputa el espacio con otra llamada Anacú, y que cada cierto rato pide mimos y compañía con sus maullidos y paseos por los pies.

El “conflicto latinoamericano” era que la gata se acostumbró a los trabajos de Yvonne en el cuarto de costuras y ahora su ama está en otras labores y ya no la puede tener en la falda mientras cose. Pero como no todo está perdido, América Latina encuentra una gota de consuelo en mi presencia, se pasea por el escritorio y me sigue cuando voy a meditar en el jardín; aunque claramente no le llego ni a los talones al amor incondicional entre ella e Yvonne. Pero yo me siento honradísima de tener mi ropa llena de pelos blancos latinoamericanos.

Y así, en medio del campo con sus sabores y aromas, del verde intenso, de los maullidos, del mate, del sonido del viento, el aroma de la tierra y la noble compañía de Yvonne, América Latina y algunos otros bellos seres, durante los primeros días de diciembre, las Predicciones 2011 fueron tomando forma.

Ahora, con alegría y la invitación a que sigamos cambiando y haciendo de la vida un viaje mágico y sanador, les dejo esta guía para vivir un año que se asoma intenso, apasionante y transformador.

Que la iniciativa y la conciencia del 2011 nos lleven por caminos de luz!

Click: PREDICCIONES 2011 En Emol.com

(Primero va una presentación y luego arriba signo por signo, con Latidos del corazón, Vida laboral, Cuerpo y Alma, Lección para el ego y Soplido del cielo)

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Con el poder de Hércules

Camino a La Aurora, norte de Uruguay

Partimos a las 4 y algo de la mañana desde Colonia Valdense. Con viento y el cielo estrellado. Mauricio va al volante. Yvonne de co-pilota y yo atrás, en medio de la “matera” (estuche de cuero para el mate y el termo), las mantas y unos pasteles uruguayos recién hechos por nuestro intrépido chofer. Atrás van las infaltables milanesas y pascualina para almorzar.

Amanece en el centro de Uruguay

En el camino comienza a amanecer con un cielo pincelado bellísimo que se torna rosa, naranja, rojo, lila, celeste; un espectáculo. Y avanzamos entre risas, conversaciones y la tensión de Mauricio porque la ruta no está tan buena y su auto, “Hércules” (!) se puede estropear. Y yo no entiendo mucho la aprehensión y pienso: ya, igual le pone color, si no es pa’ tanto; qué tiene, si los autos son pa’ andar… Y el camino se aclara y el campo uruguayo se deja ver poco a poco.

Llegamos a un pueblo/ciudad y paramos en la bencinera pero no para poner gasolina, no, sino para cargar con más agua los termos para el mate, ja! Sólo Uruguay tiene en cada bencinera, terminal de buses, tienda o restaurant de carretera, un dispensador de agua hirviendo, por unos 5 centavos de dólar. Y si no venden te la regalan “porque el agua pal mate no se le niega a nadie, viste!”.

Las chicas vamos al baño mientras Mauricio se encarga del preciado líquido y cuando regresamos yo entro en schock: “Nooooo!? ¿¡Nosotros venimos aquí? En este auto? Noooo!?”, le digo a Yvonne, impactada. Y me da entre ataque de risa e incredulidad; mientras ella se ríe a carcajadas conmigo y no puede creer que yo no haya visto a “Hércules” al subirme, y le digo: Nooo, si entre que estaba oscuro, había que cargar todo, tenía sueño; nunca caché que iba arriba de esta “nave”!! -y me viene el ataque de risa otra vez, mientras el bencinero nos mira curioso entre risas también.

Pero tanto el bólido como su dueño se sienten orgullosos, pues se trata nada menos que de este modelito…

Hércules! sin palabras

… un Ford Maverick del ’74, auto de colección que, aunque circula por un país acostumbrado a las antigüedades de todo tipo en las calles, ésta se trata de una reliquia aerodinámica y mucho más “cool”, ondera, que las que se suelen ver por el paisito

Los niños alucinando...

Y luego de tomar conciencia del protagonismo de Hércules,  además de encariñarme con él y seguir riéndome, también me empiezo a sentir rica y famosa, pues cada vez que paramos los niños le toman fotos, quieren subirse y Mauricio los deja;  los hombres se dan vuelta a verlo, dicen cosas: “pedazo de auto tenés, loco!”, se acercan a conversar y preguntan temas técnicos aburridos para mí, pero que me hacen sentir que voy en un carruaje VIP….

Y seguimos bromeando con Yvonne porque Mauricio igual sufre un poco con la inevitable  tierra que le dejamos en el piso o el agua del mate que de pronto se cae… Pero lo entiendo, este no es un auto, es su hijo y compañero fiel… Si hasta dijo que le hablaba porque no tiene el medidor de gasolina , él calcula cuánto le queda por los kilómetros y que una vez en que se paró en la carretera, él le pidió que por favor hiciera su último esfuerzo y Hércules volvió andar, llegó hasta la gasolinera y se detuvo! …Adoro esa magia de la vida y la candidez para pedirla!  Y, en medio de toda la veneración de este uruguayo por su auto, recuerdo cuando el año pasado me fue a buscar en “la cachila!” (aquí está el post)  y también me hizo reír mucho…

Y bueno, aquí vamos, camino a Aurora, a lo del Padre Pío… Y no casualmente, el poderoso Hércules es verde… el color de la sanación… En un hermoso viaje impregnado de ésta y de las bendiciones que a cada rato nos da la vida…

Ya les cuento cuáles…

Pura Sanación

Colonia Valdense, Uruguay

Hablando de temas de la salud y las emociones (que obvio que tienen todo que ver una con la otra), Yvonne me nombra al curandero del pueblo. Como que me propone ir. Y ni alcanza a terminar la frase y yo digo/siento que sí, que todo el rato me interesa visitarlo. Y no sólo para que me sane. Ya sólo el hecho de conocerlo me parece una aventura  y una conexión con la sabiduría.

Encima, Yvonne me cuenta que hasta los médicos le mandan pacientes cuando la medicina alópata no da  con la respuesta a ciertas enfermedades.

Y, bueno, vamos. Cruzamos el campo entre pequeñas lomas y caminos de ripio, pues el “chamán del pueblo”, vive en una pequeña casa en medio de la nada. De hecho, por el camino lo único que nos cruzamos fue una casa con autos de los años 50 y 60 (supongo) en el frontis, y más allá un rebaño de vacas con su pastora.

Colonia Quevedo, camino a lo del Curandero

En ese momento Yvonne avanza el auto hasta las chicas rumiantes, mientras yo intento sacar la cámara pero se atasca. Y mi amiga, sabiamente, me dice que deje la cámara y vivamos esto. Entonces, apaga el motor y nos vemos inundadas de la energía imponente y cadenciosa de ellas. En silencio, se acercan, miran, mugen… Se me humedecen los ojos… me emociona su energía, siento sabiduría, su nobleza; veo sus ojos enormes, profundos y algunas miradas algo curiosas y medio sarcásticas, como diciendo: “cuidado que aquí vamos nosotras primero”…. Una de las últimas vacas en pasar roza el auto y nos reímos. Al final la mujer que las cuida, nos saluda. Y yo me quedo con el corazón latiendo de alegría…

Con ese preámbulo llegamos a lo del curandero. Es un señor canoso, de ojos verdes, que podría tener 70, como 80. Tiene chispa y eso no es común por estas tierras, donde a veces la energía suele ser más de tierra y aire, más seca. Nos saluda e Yvonne le cuenta que “te traigo a esta amiga chilena”… Y él exclama: “¡De Chile! …El país de los terremotos, viste qué terrible eso de la tierra allá?”, me dice mirándome a los ojos con complicidad.

Yo, que ya venía emocionada, lo veo y me conmuevo. Y luego cuando ya comienza la sesión sanadora se me cae una lágrima y suspiro. No hay motivos lógicos, pero del alma sí hay razones, claramente.

Una vez sentada en mi lugar le pregunto su nombre: Miguel Ángel, responde. ¡Guauu!, exclamo por dentro, como el arcángel.

-Qué bello nombre -le digo.

-A vos te parece? -me dice, mientras se voltea con su chispa en los ojos. -Y si- agrega.

En la sesión me pide mi nombre completo, hace distintos ritos simples, sin parafernalia, lo cual es un agrado -miren que en mi vida he ido a decenas de sanaciones, algunas hermosas y otras no muy creíbles-, mientras me pregunta cosas en el típico modo uruguayo y agrega: “¿Te gusta el Uruguay, verdad? Esto es un paraíso, nosotros no sabemos lo que tenemos, los uruguayos no nos damos cuenta del paraíso que tenemos”. Yyo asiento, de hecho lo dije en el post anterior.

La sesión avanza con algunos rituales, mediciones y especie de digitopuntura,  y luego ciertos rezos en susurro (la parte que más me gusta), mientras su mano repite un símbolo en mi frente que supongo es la señal de la cruz, pero que como va rápido la siento como si estuviera dibujándome el signo del infinito… El mismo signo que no casualmente canaliza una amiga dedicada al reiki, el mismo pez del tiempo del maestro Jesús… Guau! Qué potente todo!  Adoro los símbolos ancestrales que se presentan a cada rato en nuestras vidas.

Mi querido curandero me da algunas indicaciones, le doy su dinero “a voluntad, si no tenés vos venís igual, que yo te atiendo”,  y nos despedimos con mucha alegría, en un gran abrazo. Lo vuelvo a mirar y siento la energía de los lamas tibetanos… Me dice que me seguirá santiguando a distancia…

Yo me voy silenciosa. Agradecida. Conmovida. Feliz. A la tarde y al día siguiente siento un poco de molestia en mis oídos y la garganta, la zona que tengo delicada y recuerdo: Ah! El curandero está haciendo su trabajo! Qué bellooo! GRACIAS!

TESOROS ESCONDIDOS EN SUDAMÉRICA

Eso de no valorar lo que tenemos es tan humano, que no se puede criticar. Cuando te alejas de lo cotidianadamente conocido, de todo aquello de  lo que dispones, te das cuenta de lo bueno que esconde… Y al revés, cuando llegas de otro lugar y tienes otros ojos, puedes ver con asombro lo que parece tan normal…

Y con Uruguay pasa lo mismo.

La mayoría de los uruguayos no miden lo valioso de su tierra verde rodeada de agua, de sus costas ventosísimas, de sus praderas anchas con el cielo revuelto… No tienen idea de lo sabroso  de sus habituales bizcochos para la hora de la merienda… No ven la belleza de la pureza de su gente y del trato humano que ofrecen a cualquiera sin importar demasiado las apariencias o el qué dirán… No ven la sabiduria de ser menos consumistas y dependientes de la tecnología… No disfrutan que su comida, pese a ser demasiado tradicionalista, tiene sabor de hogar, de preparación paso a paso con productos aún naturales y procesados escala humana… Y muchos dan por sentado que vivir en espacios rodeados de naturaleza con poca intervención es normal, sin darse cuenta del mega privilegio…

Atardecer en Colonia Valdense, Uruguay

Ahí va. Ahí está. Uruguay no más…

HA LLEGADO CARTA!!!

Llego tarde a casa, re cansada después de un día largo y con frío otoñal.

Mientras abro la puerta miro hacia abajo y veo la punta de un papel. En seguida adivino que no es un aviso publicitario ni una cuenta por pagar.  Sí, debe ser una postal!!

Aachen, Hanna dice que es muy linda y agrega con ironía que es segura!

En cuanto logro abrir lo confirmo: una postal de una bella amiga alemana, Hanna!! Guau!! Qué lindo!! Adoro las postales, mandarlas y recibirlas. Tengo algunas en una mesa enviadas desde Argentina, Tíbet, Bolivia, Ecuador, España… Me emociona la llegada de esta. Dejo las bolsas tiradas y la leo. Es de su ciudad, Aachen.

Con Hanna, Jan (también de Alemania), Marie (de Francia), Cat (de Rumania), Francisco (de Portugal), Alex y Cía (de México), Ángela (de Estados Unidos), Analía, Yvonne, Malena, Judy, Stefan (de Uruguay)  y tantos otros, nos conocimos en Uruguay. Varios nos encontramos en Ciudad Vieja, en esas reuniones nocturnas regadas y saboreadas de CouchSurfing (comunidad mundial de viajeros y anfitriones, donde estos últimos ofrecen su sofá o su tiempo para recibir y compartir con los primeros) que cada jueves se daban cita en el centro de Montevideo.

Viste cuando desde el principio tienes buena onda con alguien? Eso pasó con ellos y ahora de los extranjeros sólo Cat está en Montevideo, Malena cambió Uruguay por España y los demás andamos por nuestras tierras de origen, pero seguimos de alguna forma conectados, incluso con postales.

Hanna quiere volver en julio o agosto a Uruguay y Argentina. Quizá yo también regrese, aunque aún no vislumbro la fecha. Con ella somos un par de tantos encantados con el pequeño país y su gente.

Pero no sólo con este rincón de Sudamércia. También somos unas apasionadas de la amistad, de compartir sin importar el idioma o las diferencias culturales, de reírnos a carcajadas de cosas pequeñas y absurdas, de fluir con la complicidad, de caminar sin destino por calles nuevas contándonos la vida  y parando por una cerveza, un café, un bizcocho, una empanada o un chivito donde nos pille el camino, de ayudarnos por el sólo hecho de caernos bien y sentir cariño desde el principio; de hablar de amores y desamores, de decir con toda propiedad “es que los uruguayos…”…De compartir la magia de la vida. Esa misma magia que sin pensarlo nos lleva a encontrar en cualquier lugar a alguien con quien nos sentimos cómodos y acompañados…

Qué regalo es la amistad! Aunque esté lejos y ni siquiera sepamos tanto del otro… Parece que el viaje por la vida puede hacerse prescindiendo de muchas cosas, pero nunca de los amigos, sobre todo de esos que aparecen  de repente y con quienes podemos sonreír desde el principio.

Abrazos y gracias desde el Sur, Hanna!!!

“Ahí va!”… CON NOSTALGIA URUGUA-SHA

Dado el mega remezón que muchos tuvimos con el terremoto de Chile, ahora no siento ganas de moverme… Mis planes de viaje se quedaron en pausa, por un rato, obvio… Durante marzo y hasta mediados de mayo estuve re quieta, con poca vida social, silenciosa, menos dispersa, más presente y, paradójicamente, más feliz….

Parece que cuando vivimos mucho dolor/miedo/conmoción como protagonistas o como espectadores cercanos, también el alma y el cuerpo piden reposo, pero al mismo tiempo la mirada de las cosas cambia y valoras hasta el atardecer que antes no veías.

Bueno, en eso estoy cuando comienzo a sentir nostalgia urugua-sha… Saudade… De qué?

Del ritmo uruguayo, de las conversaciones, de la vida simple adornada por un asado, el mate, los bizcochos y la gente que comparte con pocos prejuicios… Nostalgia del poco stress, del ritmo cadencioso de Montevideo o de Colonia, del verde de Valdense y de Solymar… Nostalgia del domingo en el Parque Rodó o de caminar sin rumbo por Ciudad Vieja con el viento en la cara…

Montevideo desde Plaza Independencia

Mmm, ahora que lo escribo me entusiasmo otra vez y me dan ganas de tomar pronto la maleta y los pasajes. Pero parece que aún no es el tiempo. Todavía me ronda una sensación de fragilidad y encima presiento que se asoman grandes cambios internacionales. Entonces, por ahora, atesoraré los recuerdos con un mate desde mi balcón, donde las nubes pasan muy lento, pues acá la cordillera frena el viento… qué lastima, es tan agradable despeinarse!

Atardecer en Santiago desde mi balcón

CASI TODA UNA URUGUAYA, VISTE?

Cosas que pasan: de un momento a otro y en menos de 24 horas me convertí en casi toda una uruguaya…

Es sábado por  la tarde y en Colonia del Sacramento me espera un amigo nacido y criado en esta encantadora  ciudad, quien promete mostrarme lugares nuevos más allá de la turística ciudad vieja fundada en 168o y declarada Patrimonio de la Humanidad.

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Cantera del Parque Ferrando

Pero el paseo no es cualquier cosa, es completamente “a la uruguaya”. Es decir, pasamos por su casa a buscar el mate y luego nos subimos a su motocicleta y, como es costumbre en las ciudades pequeñas y pueblos uruguayos, vamos sin casco. Y yo llevo nada menos que el termo y el fiel e infaltable mate en el brazo izquierdo, mientras con el otro me afirmo. Después de esto ya sólo me faltaría aprenderme el himno nacional, creo!… En el paseo hay parque con laguna (o cantera), playa, rambla y faro desde donde, como el día está despejadamente lindo, se llega a ver Buenos Aires allá lejos en la otra orilla del majestuoso Río de la Plata (ver la foto de portada del blog).

A la tarde comemos en un carrito con mesas y carpa, hamburguesas completas (una oda al colesterol: con huevo frito, panceta, jamón, queso, lechuga, tomate y otras cosas muuuuy livianas que prefiero no recordar), por la noche –a las 3 am para ser exactos- salimos a bailar mientras él cada cierto rato saluda a decenas de conocidos como buen habitante de pueblo chico…

Al día siguiente, voy a lo de Yvonne, una querida amiga local, en Colonia Valdense, a un asado en medio del campo… Va a buscarme a la carretera su vecino-amigo Mauricio, todo un hombre de trabajo y de campo que a sus 27 años ya ostenta con orgullo sus propias cabezas de ganado… Pero no me busca así no más. Yvonne me manda mensaje al celular: “Va Mauricio en la cachila”. … “What?!” –exclamo. Y me quedo pensando… ¿la cachiiilaaa?, ¿qué será eso?

Y veo de lejos un auto station viejo color calipso, pero no, no es. Luego aparece una bicicleta rara y no, no es. Hasta que de repente cruza la ruta un buggy, de esos en que uno va sentado a la altura del piso casi. Y viene raudo Mauricio a buscarme en uno de sus carros: la cachila, como se le dice a los autos viejos (burritas, en Chile) y a los buggys en esta zona. Jajajaja, me da mucha risa, y me subo en mi nuevo transporte al aire libre, me siento casi en la fórmula 1 del pueblo.

Ejemplo de cachila

Ejemplo de cachila

Luego el asado con abundante carne, chorizo, morrón y vino…Y a la tarde parte de los comensales vuelven a aprontar su segunda mateada del día, supongo.

Y yo duermo un poco de siesta con tanto vino y trasnoche.

Así es la vida acá, simple, sin mayores pretensiones ni parafernalias. El mate y un poco de carne a la parrilla pueden ser el paraíso y llenar de vida el tiempo que para muchos pasa lentamente en estos rincones.

Ahora, para ser toda una uruguaya me falta…

Aprender a cebar bien el mate y no querer tomarlo un poquito dulce. Sólo para probar, digo yo!

Aprender la receta de la pascualina, del fainá (masa de harina de garbanzo), y/o de la mozzarella (la pizza).

No desesperarme cuando el ómnibus anda leeento y se demooora en abrir la pueeeerta cuando yo ya voy atrasada a mi cita.

Comer torta frita los días de lluvia.

Amar el dulce de leche.

Ponerle panceta (tocino) a una serie de comidas que no tendrían porqué llevarla.

Usar la muletilla “ta” en el momento y expresión precisos.

Decir estoy “pronta” en vez de estoy “lista”.

Que me falle la voz y quede ronca para tener el tono local.

Comer carne unas 6 veces por semana.

… Cuando lo haga, capaz que me den la residencia sin papel alguno!

Que pasen bien! Ji.