Mis mejores Frases 2010

«Cuando chocan como dos piedras grandes con la Tierra y ella se quiere mover… porque tiene calor o le pica algo», niña chilena de cinco años explicando cómo se producen los terremotos. Verano, en el sur de Chile.

«Pa’ que aprendamos a no ser codiciosos, pa’ que seamos personas humildes no más», Francisco, chico de 13 años, frente a la pregunta, ¿Por qué suceden los terremotos? Sur de Chile, Verano.

«Me reuní con el Dalai Lama hoy en Los Angeles. Le ofrecí usar Twitter. Se rió», Evan Williams uno de los creadores de Twitter. (Al día siguiente, sin embargo, el líder espiritual tibetano tenía una cuenta en el sitio con 55 mil seguidores). Washington, invierno.

«Say no to racism», (Dile no al racismo). Lienzo en las canchas del Mundial de Fútbol. Invierno en Sudáfrica.

«¡Porque estos muchachos no sólo son guapos, además son valientes!”, Presidente «Pepe» Mujica, antes los triunfos de la selección uruguaya en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Invierno en Montevideo.

«A mí también me gusta leer», conserje de mi edificio cuando se entera que le presté un libro a su colega de la mañana. Invierno en Santiago.

«El Presidente Piraña…», el poderoso inconsciente de la periodista  Soledad Onetto para referirse al Presidente Piñera, al presentar el noticiero central de Canal 13. Primavera en Santiago de Chile.

«El ser humano es conciencia. ¡Conciencia, conciencia, conciencia!», la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú, Primavera en Santiago.

«Tesoro, tú lo que tendrías que hacer es ir al oculista», Delfina Guzmán, actriz chilena de más de 70 y tantos en respuesta a las lisonjas de un periodista que le pregunta cómo lo hace para estar cada vez más regia y juvenil. Primavera en Santiago.

«A si yo para la ortografia soy malo pero despues de todo no es nesesaria para vivir», Mauricio, uruguayo chateando, desde Colonia Valdense en Verano.

«Ya están bien los 33. Y los del 8.8 siguen esperando», graffiti en Constitución, donde miles de víctimas del terremoto y tsunami siguen viviendo sin baño, sin agua potable, en medio del barro y de la indiferencia de muchos. Verano, Sur de Chile.

«Ojalá el 2011 sea más simpático que el 2010 y menos calamitoso y bochornoso… sobre todo gracias a uno que nos ha cubrido de vergüenza ajena, jajaja», mi hermana en un mail de despedida del año. Verano en Santiago.

…. Estas son las mías por ahora, si usted quiere, agregue las suyas! Y que cerremos el 2010 con alegría!

PREDICCIONES 2011 Habemus!

Dedicadas al corazón cálido y generoso de Yvonne y todo su clan.

Y dedicadas a la magia, la paz y las sonrisas de Valdense, otro rincón verde de Uruguay.

 

… Cuando recién llego a la casa de Yvonne después de casi un año, en medio de todo ella me dice que tiene «un conflicto con América Latina»… y yo pienso: mmm, qué profunda y qué global que está Yvonne… Casi puedo oler a Mafalda.

Pero luego muero de la risa cuando recuerdo que América Latina es el nombre de una de sus gatas, que disputa el espacio con otra llamada Anacú, y que cada cierto rato pide mimos y compañía con sus maullidos y paseos por los pies.

El «conflicto latinoamericano» era que la gata se acostumbró a los trabajos de Yvonne en el cuarto de costuras y ahora su ama está en otras labores y ya no la puede tener en la falda mientras cose. Pero como no todo está perdido, América Latina encuentra una gota de consuelo en mi presencia, se pasea por el escritorio y me sigue cuando voy a meditar en el jardín; aunque claramente no le llego ni a los talones al amor incondicional entre ella e Yvonne. Pero yo me siento honradísima de tener mi ropa llena de pelos blancos latinoamericanos.

Y así, en medio del campo con sus sabores y aromas, del verde intenso, de los maullidos, del mate, del sonido del viento, el aroma de la tierra y la noble compañía de Yvonne, América Latina y algunos otros bellos seres, durante los primeros días de diciembre, las Predicciones 2011 fueron tomando forma.

Ahora, con alegría y la invitación a que sigamos cambiando y haciendo de la vida un viaje mágico y sanador, les dejo esta guía para vivir un año que se asoma intenso, apasionante y transformador.

Que la iniciativa y la conciencia del 2011 nos lleven por caminos de luz!

Click: PREDICCIONES 2011 En Emol.com

(Primero va una presentación y luego arriba signo por signo, con Latidos del corazón, Vida laboral, Cuerpo y Alma, Lección para el ego y Soplido del cielo)

Con el poder de Hércules

Camino a La Aurora, norte de Uruguay

Partimos a las 4 y algo de la mañana desde Colonia Valdense. Con viento y el cielo estrellado. Mauricio va al volante. Yvonne de co-pilota y yo atrás, en medio de la «matera» (estuche de cuero para el mate y el termo), las mantas y unos pasteles uruguayos recién hechos por nuestro intrépido chofer. Atrás van las infaltables milanesas y pascualina para almorzar.

Amanece en el centro de Uruguay

En el camino comienza a amanecer con un cielo pincelado bellísimo que se torna rosa, naranja, rojo, lila, celeste; un espectáculo. Y avanzamos entre risas, conversaciones y la tensión de Mauricio porque la ruta no está tan buena y su auto, «Hércules» (!) se puede estropear. Y yo no entiendo mucho la aprehensión y pienso: ya, igual le pone color, si no es pa’ tanto; qué tiene, si los autos son pa’ andar… Y el camino se aclara y el campo uruguayo se deja ver poco a poco.

Llegamos a un pueblo/ciudad y paramos en la bencinera pero no para poner gasolina, no, sino para cargar con más agua los termos para el mate, ja! Sólo Uruguay tiene en cada bencinera, terminal de buses, tienda o restaurant de carretera, un dispensador de agua hirviendo, por unos 5 centavos de dólar. Y si no venden te la regalan «porque el agua pal mate no se le niega a nadie, viste!».

Las chicas vamos al baño mientras Mauricio se encarga del preciado líquido y cuando regresamos yo entro en schock: «Nooooo!? ¿¡Nosotros venimos aquí? En este auto? Noooo!?», le digo a Yvonne, impactada. Y me da entre ataque de risa e incredulidad; mientras ella se ríe a carcajadas conmigo y no puede creer que yo no haya visto a «Hércules» al subirme, y le digo: Nooo, si entre que estaba oscuro, había que cargar todo, tenía sueño; nunca caché que iba arriba de esta «nave»!! -y me viene el ataque de risa otra vez, mientras el bencinero nos mira curioso entre risas también.

Pero tanto el bólido como su dueño se sienten orgullosos, pues se trata nada menos que de este modelito…

Hércules! sin palabras

… un Ford Maverick del ’74, auto de colección que, aunque circula por un país acostumbrado a las antigüedades de todo tipo en las calles, ésta se trata de una reliquia aerodinámica y mucho más «cool», ondera, que las que se suelen ver por el paisito

Los niños alucinando...

Y luego de tomar conciencia del protagonismo de Hércules,  además de encariñarme con él y seguir riéndome, también me empiezo a sentir rica y famosa, pues cada vez que paramos los niños le toman fotos, quieren subirse y Mauricio los deja;  los hombres se dan vuelta a verlo, dicen cosas: «pedazo de auto tenés, loco!», se acercan a conversar y preguntan temas técnicos aburridos para mí, pero que me hacen sentir que voy en un carruaje VIP….

Y seguimos bromeando con Yvonne porque Mauricio igual sufre un poco con la inevitable  tierra que le dejamos en el piso o el agua del mate que de pronto se cae… Pero lo entiendo, este no es un auto, es su hijo y compañero fiel… Si hasta dijo que le hablaba porque no tiene el medidor de gasolina , él calcula cuánto le queda por los kilómetros y que una vez en que se paró en la carretera, él le pidió que por favor hiciera su último esfuerzo y Hércules volvió andar, llegó hasta la gasolinera y se detuvo! …Adoro esa magia de la vida y la candidez para pedirla!  Y, en medio de toda la veneración de este uruguayo por su auto, recuerdo cuando el año pasado me fue a buscar en «la cachila!» (aquí está el post)  y también me hizo reír mucho…

Y bueno, aquí vamos, camino a Aurora, a lo del Padre Pío… Y no casualmente, el poderoso Hércules es verde… el color de la sanación… En un hermoso viaje impregnado de ésta y de las bendiciones que a cada rato nos da la vida…

Ya les cuento cuáles…

Pura Sanación

Colonia Valdense, Uruguay

Hablando de temas de la salud y las emociones (que obvio que tienen todo que ver una con la otra), Yvonne me nombra al curandero del pueblo. Como que me propone ir. Y ni alcanza a terminar la frase y yo digo/siento que sí, que todo el rato me interesa visitarlo. Y no sólo para que me sane. Ya sólo el hecho de conocerlo me parece una aventura  y una conexión con la sabiduría.

Encima, Yvonne me cuenta que hasta los médicos le mandan pacientes cuando la medicina alópata no da  con la respuesta a ciertas enfermedades.

Y, bueno, vamos. Cruzamos el campo entre pequeñas lomas y caminos de ripio, pues el «chamán del pueblo», vive en una pequeña casa en medio de la nada. De hecho, por el camino lo único que nos cruzamos fue una casa con autos de los años 50 y 60 (supongo) en el frontis, y más allá un rebaño de vacas con su pastora.

Colonia Quevedo, camino a lo del Curandero

En ese momento Yvonne avanza el auto hasta las chicas rumiantes, mientras yo intento sacar la cámara pero se atasca. Y mi amiga, sabiamente, me dice que deje la cámara y vivamos esto. Entonces, apaga el motor y nos vemos inundadas de la energía imponente y cadenciosa de ellas. En silencio, se acercan, miran, mugen… Se me humedecen los ojos… me emociona su energía, siento sabiduría, su nobleza; veo sus ojos enormes, profundos y algunas miradas algo curiosas y medio sarcásticas, como diciendo: «cuidado que aquí vamos nosotras primero»…. Una de las últimas vacas en pasar roza el auto y nos reímos. Al final la mujer que las cuida, nos saluda. Y yo me quedo con el corazón latiendo de alegría…

Con ese preámbulo llegamos a lo del curandero. Es un señor canoso, de ojos verdes, que podría tener 70, como 80. Tiene chispa y eso no es común por estas tierras, donde a veces la energía suele ser más de tierra y aire, más seca. Nos saluda e Yvonne le cuenta que «te traigo a esta amiga chilena»… Y él exclama: «¡De Chile! …El país de los terremotos, viste qué terrible eso de la tierra allá?», me dice mirándome a los ojos con complicidad.

Yo, que ya venía emocionada, lo veo y me conmuevo. Y luego cuando ya comienza la sesión sanadora se me cae una lágrima y suspiro. No hay motivos lógicos, pero del alma sí hay razones, claramente.

Una vez sentada en mi lugar le pregunto su nombre: Miguel Ángel, responde. ¡Guauu!, exclamo por dentro, como el arcángel.

-Qué bello nombre -le digo.

-A vos te parece? -me dice, mientras se voltea con su chispa en los ojos. -Y si- agrega.

En la sesión me pide mi nombre completo, hace distintos ritos simples, sin parafernalia, lo cual es un agrado -miren que en mi vida he ido a decenas de sanaciones, algunas hermosas y otras no muy creíbles-, mientras me pregunta cosas en el típico modo uruguayo y agrega: «¿Te gusta el Uruguay, verdad? Esto es un paraíso, nosotros no sabemos lo que tenemos, los uruguayos no nos damos cuenta del paraíso que tenemos». Yyo asiento, de hecho lo dije en el post anterior.

La sesión avanza con algunos rituales, mediciones y especie de digitopuntura,  y luego ciertos rezos en susurro (la parte que más me gusta), mientras su mano repite un símbolo en mi frente que supongo es la señal de la cruz, pero que como va rápido la siento como si estuviera dibujándome el signo del infinito… El mismo signo que no casualmente canaliza una amiga dedicada al reiki, el mismo pez del tiempo del maestro Jesús… Guau! Qué potente todo!  Adoro los símbolos ancestrales que se presentan a cada rato en nuestras vidas.

Mi querido curandero me da algunas indicaciones, le doy su dinero «a voluntad, si no tenés vos venís igual, que yo te atiendo»,  y nos despedimos con mucha alegría, en un gran abrazo. Lo vuelvo a mirar y siento la energía de los lamas tibetanos… Me dice que me seguirá santiguando a distancia…

Yo me voy silenciosa. Agradecida. Conmovida. Feliz. A la tarde y al día siguiente siento un poco de molestia en mis oídos y la garganta, la zona que tengo delicada y recuerdo: Ah! El curandero está haciendo su trabajo! Qué bellooo! GRACIAS!

TESOROS ESCONDIDOS EN SUDAMÉRICA

Eso de no valorar lo que tenemos es tan humano, que no se puede criticar. Cuando te alejas de lo cotidianadamente conocido, de todo aquello de  lo que dispones, te das cuenta de lo bueno que esconde… Y al revés, cuando llegas de otro lugar y tienes otros ojos, puedes ver con asombro lo que parece tan normal…

Y con Uruguay pasa lo mismo.

La mayoría de los uruguayos no miden lo valioso de su tierra verde rodeada de agua, de sus costas ventosísimas, de sus praderas anchas con el cielo revuelto… No tienen idea de lo sabroso  de sus habituales bizcochos para la hora de la merienda… No ven la belleza de la pureza de su gente y del trato humano que ofrecen a cualquiera sin importar demasiado las apariencias o el qué dirán… No ven la sabiduria de ser menos consumistas y dependientes de la tecnología… No disfrutan que su comida, pese a ser demasiado tradicionalista, tiene sabor de hogar, de preparación paso a paso con productos aún naturales y procesados escala humana… Y muchos dan por sentado que vivir en espacios rodeados de naturaleza con poca intervención es normal, sin darse cuenta del mega privilegio…

Atardecer en Colonia Valdense, Uruguay

Ahí va. Ahí está. Uruguay no más…