¿ESTÁ USTED CAPACITADO PARA VENIR A URUGUAY?

El clásico mate uruguayo

Mmm, esta no es una pregunta que se responda así no más.

Así que lo invito a leer la nota que me publicó el diario El País, en su sección de Viajes. Es un Test para viajeros con destino a Uruguay, que puede leer clickeando acá: http://viajes.elpais.com.uy/

Si quiere, agarre su mate, té o café y decida si es usted un viajero apto para aventurarse por este lado del Sur.

Saludos desde la rambla de Montevideo!

CASI TODA UNA URUGUAYA, VISTE?

Cosas que pasan: de un momento a otro y en menos de 24 horas me convertí en casi toda una uruguaya…

Es sábado por  la tarde y en Colonia del Sacramento me espera un amigo nacido y criado en esta encantadora  ciudad, quien promete mostrarme lugares nuevos más allá de la turística ciudad vieja fundada en 168o y declarada Patrimonio de la Humanidad.

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Cantera del Parque Ferrando

Pero el paseo no es cualquier cosa, es completamente “a la uruguaya”. Es decir, pasamos por su casa a buscar el mate y luego nos subimos a su motocicleta y, como es costumbre en las ciudades pequeñas y pueblos uruguayos, vamos sin casco. Y yo llevo nada menos que el termo y el fiel e infaltable mate en el brazo izquierdo, mientras con el otro me afirmo. Después de esto ya sólo me faltaría aprenderme el himno nacional, creo!… En el paseo hay parque con laguna (o cantera), playa, rambla y faro desde donde, como el día está despejadamente lindo, se llega a ver Buenos Aires allá lejos en la otra orilla del majestuoso Río de la Plata (ver la foto de portada del blog).

A la tarde comemos en un carrito con mesas y carpa, hamburguesas completas (una oda al colesterol: con huevo frito, panceta, jamón, queso, lechuga, tomate y otras cosas muuuuy livianas que prefiero no recordar), por la noche –a las 3 am para ser exactos- salimos a bailar mientras él cada cierto rato saluda a decenas de conocidos como buen habitante de pueblo chico…

Al día siguiente, voy a lo de Yvonne, una querida amiga local, en Colonia Valdense, a un asado en medio del campo… Va a buscarme a la carretera su vecino-amigo Mauricio, todo un hombre de trabajo y de campo que a sus 27 años ya ostenta con orgullo sus propias cabezas de ganado… Pero no me busca así no más. Yvonne me manda mensaje al celular: “Va Mauricio en la cachila”. … “What?!” –exclamo. Y me quedo pensando… ¿la cachiiilaaa?, ¿qué será eso?

Y veo de lejos un auto station viejo color calipso, pero no, no es. Luego aparece una bicicleta rara y no, no es. Hasta que de repente cruza la ruta un buggy, de esos en que uno va sentado a la altura del piso casi. Y viene raudo Mauricio a buscarme en uno de sus carros: la cachila, como se le dice a los autos viejos (burritas, en Chile) y a los buggys en esta zona. Jajajaja, me da mucha risa, y me subo en mi nuevo transporte al aire libre, me siento casi en la fórmula 1 del pueblo.

Ejemplo de cachila

Ejemplo de cachila

Luego el asado con abundante carne, chorizo, morrón y vino…Y a la tarde parte de los comensales vuelven a aprontar su segunda mateada del día, supongo.

Y yo duermo un poco de siesta con tanto vino y trasnoche.

Así es la vida acá, simple, sin mayores pretensiones ni parafernalias. El mate y un poco de carne a la parrilla pueden ser el paraíso y llenar de vida el tiempo que para muchos pasa lentamente en estos rincones.

Ahora, para ser toda una uruguaya me falta…

Aprender a cebar bien el mate y no querer tomarlo un poquito dulce. Sólo para probar, digo yo!

Aprender la receta de la pascualina, del fainá (masa de harina de garbanzo), y/o de la mozzarella (la pizza).

No desesperarme cuando el ómnibus anda leeento y se demooora en abrir la pueeeerta cuando yo ya voy atrasada a mi cita.

Comer torta frita los días de lluvia.

Amar el dulce de leche.

Ponerle panceta (tocino) a una serie de comidas que no tendrían porqué llevarla.

Usar la muletilla “ta” en el momento y expresión precisos.

Decir estoy “pronta” en vez de estoy “lista”.

Que me falle la voz y quede ronca para tener el tono local.

Comer carne unas 6 veces por semana.

… Cuando lo haga, capaz que me den la residencia sin papel alguno!

Que pasen bien! Ji.

VIAJAMOS CON NUESTROS ÁNGELES Y DEMONIOS

Desde la playa de Pocitos

Desde la Playa de Pocitos

Hay quienes idealizan(mos) la idea de viajar. Como si hacerlo fuese siempre una experiencia únicamente de placer, como si con ellos los problemas se fueran y pudiésemos huir de aquello que nos duele, nos molesta o nos agobia, como si mágicamente fuésemos a convertirnos en personas nuevas.

Y en parte puede suceder, en parte tenemos esa oportunidad. Siempre un paisaje y gente nuevos puede distraernos, entretenernos y darnos una libertad distinta. Pero los viajes tienen mucho más que el color rosa.

Me lo confirman aquellos que voy encontrando en mi propio periplo por Uruguay…

Un rumano que se vino inicialmente por un par de meses, pero que ya lleva casi seis, a ratos se angustia por no encontrar trabajo, por el miedo a no tener dinero y antes pasó momentos de incertidumbre por no encontrar una casa barata y que le gustara.

Una chilena que vino a hacer un curso de especialización se siente perdida al principio por tener demasiado tiempo libre y vivenciar la falta de redes, de referentes con quienes compartir.

Una española se vino porque “en España se ve super guay viajar solo, es como que lo tienes que hacer antes de los treinta”. Pero reconoce: “no ha sido nada guay, es muy difícil, me he sentido muy, muy sola; a ratos he dicho: ¿pero qué he hecho, por qué me ha venido hasta acá? Extraño a mi novio, a mis amigos; ahora me doy cuenta que he viajado casi porque había que hacerlo, pero realmente no era mi idea”.

Un alemán que vino por su pasantía al principio no entiende nada de español y se siente excluido y ahora que se termina su práctica en la empresa luego de seis meses le viene tristeza porque pensó en hacer algo especial con sus compañeros por su despedida, pero ellos no tienen tiempo y no le dan demasiada importancia.

Una inglesa ya viene asustada porque en Brasil la asaltaron y acá ha pasado varios sustos y siempre toma taxi de noche porque no se atreve a caminar sola.

Una estadounidense que pasa los treinta años se siente sola y fuera de tiempo. Vino a enseñar inglés por una fundación y todos sus colegas bordean los veinticinco y se divierten de una forma más adolescente que ella, entonces siente que no encaja.

Una boliviana que vino a estudiar a los 17 años y que ya lleva seis años acá, se siente fuera de lugar, ama su tierra, añora todo lo que tenía allá, pero como ella asume:  “mi orgullo pudo más y por eso no me devolví y ahora tengo que terminar”.

… Uffff… ¿Y yo?

… Yo también me he sentido sola. Curiosamente cuando estoy tecleando esta frase se posa un gorrión en mi mesa, me mira, salta a la silla enfrente de mí y vuelve a volar.

Sí, soledad, angustia, desarraigo, desamparo, miedos, penas. Todo eso he sentido. Soledad y desarraigo cuando busco dónde quedarme y no lo encuentro, cuando me gustaría compartir algo con amigos de Chile, por ejemplo, pero no hay internet y no puedo contactarme a no ser por telepatía; angustia, penas, desamparo y miedos cuando me roban cosas en el “anti-hostal” (así bauticé al Che Lagarto de Montevideo y podría escribir un blog entero con la lista de reclamos y sugerencias) donde me quedaba y nadie responde por nada, cuando me desanimo con la búsqueda de lugar y empiezo a ver –internamente- un escenario donde se apagan las luces…

Así no más es. Nuestros fantasmas (o demonios), esos que están en nuestro ADN desde quizá cuántas encarnaciones y que salieron a pasear en toda nuestra infancia, esos, son fieles, nos acompañan, no nos abandonan, son capaces de seguirnos a Alaska y sin abrigo alguno.

Seguro hasta Paris Hilton cuando viaja a Europa lleva los suyos en una valija rosada, y el guapo Keanu Reeves, que cuando fue a Chile como buen rico y famoso pasó de la nieve a la playa en avión privado como quien cruza la vereda, probablemente los dejó un rato en la maleta, pero estaban ahí esperándolo; y Angelina Jolie con Brad Pitt llevan los suyos –que obvio que son bellísimos y glamorosos, pero fantasmas al fin- a África y a Asia a pasear…

“AUNQUE NO LO VEAMOS, EL SOL SIEMPRE ESTÁ”

Nuestras heridas del alma, los fantasmas de los que hablo, no se van porque cambiemos de lugar, ni por toda la terapia que hagamos, ni por todos los libros de autoayuda que leamos. No, ellos son parte de nosotros y están a nuestro lado para algo. Sólo nos queda “amigarnos” con ellos, aprender a convivir con esas heridas que a veces aparecen al menor estímulo, seguirles la pista y comprender cómo se mueven, cómo avanzan, cómo les hacemos caso y cómo se disuelven.

Sí, porque afortunadamente se disuelven. Al rato vuelven a tomar forma, pero nos dan recreos.

Cuando lo hacen, aparecen nuestros ángeles, nuestras “bendiciones”, esos regalos que también están en nuestro ADN y que nunca se han ido, sólo quedaron en la sombra mientras los demonios jugaban más fuerte.

Así, por ejemplo:

El rumano hoy alquila una habitación en Ciudad Vieja en una casa que le encanta y está trabajando por Internet.

La chilena tiene amigos locales, va al club a hacer deportes y disfruta de una nutrida cartelera cultural y social.

La española siente que creció mucho con la experiencia y a su regreso a España vivirá con su novio porque se dio cuenta lo importante que es él para ella.

El alemán hasta puede hacer chistes en español, tiene novia local y uno de sus compañeros lo invitó a su casa para hacer algo en sus últimos días acá.

La inglesa aunque está feliz de regresar a su país siente que extrañará mucho Montevideo porque hizo muy buenos amigos.

La estadounidense se dio cuenta que su vida es mucho más activa y nutrida acá que en su país y agradece no tener la presión de cumplir el famoso sueño americano al estar acá.

La boliviana agradece poder vivir sola, tener libertad y ver que está a punto de terminar sus estudios.

Y una tal Jimena, venida de Chile, está feliz de estar relatando esto, de haber roto su rutina santiaguina para, por ejemplo, escribir desde un café en una bella terraza de Villa Biarritz mientras afuera hay tormenta. Está contenta explorando su nuevo barrio, disfrutando de un hostal bastante más digno y amable junto a un par de amigos brasileros; además está agradecida de sus bellísimos amigos uruguayos que hasta le dieron flores de Bach para calmar la angustia y obvio que le mandaron mensajes por celular dándole ánimo; sin duda un gran tesoro. Y siente que está –aunque con todos sus fantasmas activados- más viva acá con muchos desafíos y regalos, que siguiendo la inercia que últimamente sentía en Santiago.

Desde aquí, eso sí y aprovechando la ocasión, le manda un recado a sus ángeles: ¡Yaaa poh! (¡Bueno, taaa!) No se contagien del lento ritmo uruguayo y cuando los llame vengan pronto, no al día siguiente y después de la merienda, ¡na’ que ver, si la ayuda celestial cumple horario las 24 horas y además en los países chicos se supone que debería llegar antes y sin costos de envío!, ¡No dejen la pega (laburo) botada!

Atte. Ji.

DE LA INCERTIDUMBRE AL CAMBIO

¡¿Qué onda?!  Parece que Noé, San Isidro y cualquier ser mítico que rija el agua, se picaron, se juntaron, e hicieron de las suyas.

No se puede pasar de 33 grados de rrrico calorrrr húmedo durante todo el día y que no baja ni por equivocación en la noche, a la tormenta eléctrica con escándalo que te despierta con los truenos y el viento golpeando las ventanas a la mañana siguiente.

No, poh! Den algún aviso al menos… Aunque lo tuve, ahora que recuerdo: una señora ayer en el ómnibus dijo: este calor va a traer agua! Y las otras tres que iban en frente asintieron y se pusieron a conversar del calor, mientras yo me divertía con sus comentarios.

Bueno, el tema es que sí, llovió (chovió, en uruguayo, y/o “diluvió, viste?”), y con escándalo. Si no me cree, puede verlo clickeando aquí: http://www.elpais.com.uy/especiales/galerias/vergaleria.asp?gal_id=815

Y luego, a media tarde, esto parece un sauna porque la temperatura no baja.

Pero al anochecer aparece mi amigo el viento frío y entonces tengo que recuperar alguna bufanda olvidada… Y encima anuncian tormentas para el fin de semana… No se puede jugar así con el arrugado clóset del turista, ni menos con quienes andamos con la incertidumbre a flor de piel últimamente! (Eso lo contaré en otro post)

En medio de esta fluctuación climática donde ni los uruguayos saben qué ropa ponerse, les cuento que me puse cheta, (dícese de “cuica”, “pituca”, “estirada”, “fifi”… cho qué sé). Mmm, resulta que mi única certeza por estos días es que quiero generar un cambio dentro de este viaje y decidí que me mudo de barrio: me voy a Pocitos, uno de los sectores acomodados de Montevideo.

Mi balcón en pleno centro

Mi balcón frente al Edificio Presidencial

Es que yo, la linda, actualmente me quedaba en un hostel (no muy agradable ni eficiente, con una energía rarísima) que es como quedarse en Plaza Constitución, en la plaza cívica de la ciudad; en cualquier momento le hacía señas al Presidente de ventana a ventana! Podía ver el cambio de guardia desde mi balcón, por ejemplo.

Ya, me encanta el centro de Montevideo, Ciudad Vieja, Plaza Matriz, el teatro Solís, el Mercado del puerto y toda la onda, pero confieso que me agoté un poco también. Creo que me cansé en parte porque ya lo conozco, aunque siempre hay rincones para sorprenderse, pero también porque los barrios céntricos de muchas ciudades, una vez que el sol se esconde, muestran un lado poco amable; más aún si el puerto está cerca. Y acá se ve bastante marginalidad a ratos, gente que vive en la calle o de pedir limosna y ciertos personajes que dan un poco de miedo para quienes viajamos solas. Seguro son los mismos que vería en Santiago, pero a esos los conozco; creo que es una cosa de códigos, pero también de miedos… algo me está pasó con ellos, con los miedos conscientes e inconscientes… Y les adelanto parte del contenido de mi próximo post: viajamos con nuestros fantasmas.

Volviendo al cambio: ya llegué a mi nuevo hostal, es el Unplugged Hostel, lleva sólo unos meses funcionando, es una casa de dos pisos con recovecos, patio para el parrillero, terraza y bar, en un barrio parecido a Providencia y a la costanera de Viña del Mar, con edificios algo más modernos, casas ídem que conviven con otras clásicas, playa y rambla muy cerca. En fin, ahora voy a explorarlo y a contarles cómo es este lado caro de Montevideo y cómo son mis nuevos vecinos.

Que pasen bien!

Ji.

7 ELEMENTOS INDISPENSABLES PARA VENIR A URUGUAY

1. Bufanda, pañuelo o cuello de polar, y cortaviento; o todas las anteriores (especialmente si usted viene de tierras cálidas). A veces los usas hasta dentro de las casas porque el viento se cuela por todas partes. Y qué decir en la calle, el sol puede brillar, pero a veces la sensación de frío ventoso no te la quitará nadie de otoño a primavera y aunque a ratos pase, puede sorprenderte en cualquier esquina.

2. PACIENCIA y con mayúsculas. Acá hay un ritmo particular; particularmente leeeeeeeeeeennnntooooo. Es como si no conocieran el ¡ahora!, o el ¡ya! No, acá conocen el “bueno”, y con eso todo puede ser. Como la charla que en el papel dice 20.00 hrs y que en realidad comienza a las 20.45 porque el propio conferencista llega a esa hora. Lo único que hasta ahora vi puntualísimo, es la salida de los buses interurbanos, un agrado. Pero los ómnibuses (las micros de la ciudad) pueden andar más lento que cualquiera caminando; la gente se toma su tiempo para atenderte en las tiendas y no hay apuro por nada, los montevideanos caminan más lento que los habitantes en otras capitales. Hoy, por ejemplo, compré una botella pequeña (petaca) de grapa miel (popular licor local ideal para el frío!) en el supermercado y había que sacarlo de una vitrina aparte. La cajera se levantó, fue hasta otra caja, sacó su estuche de cosméticos  y hurgueteó insistentemente hasta vaciarlo por completo y encontrar la llave para abrirla.  ¿Los que venían en la fila tras de mí reclamaron? Noooo, y eso que todo el asunto debió tomar unos 5 minutos al menos.

3. Perros o ganchos de ropa. Porque obvio que la ropa se vuela -y lejos- cuando la tiendes. No es broma colgar después de lavar y cada uno desarrolla su técnica.

4. Sonrisas. Sí, porque  la mayoría de los uruguayos sonríen poco, entonces cuando lo haces se sorprenden y se contagian.

5. Humor y disposición para hablar. Hace unos días en el supermercado buscaba una lechuga, miré una, la tomé y luego la devolví porque estaba fea y ya me dio lata perder las hojas, lavarla y todo el rollo. En eso se me acerca un señor con boina y barba y me dice: “aquí encontrar una lechuga bonita es como sacarse la lotería!”  Y yo me reí a carcajadas y asentí.

Luego otra señora que me escucha hablar me dice:

-¿De dónde sos?

-De Chile  -le respondo.

Y agrega: -Ahhh, me encanta, tuve una amiga chilena-. Se va y luego vuelve: “Ah, y yo veo todos los programas de allá: veo Pelotón, veo ese de la mañana… –el Buenos días a todos, salto yo-, ese!”, responde. Y finaliza con orgullo: “ah, y veo Calle 7 y Animal Nocturno”.

-¡Aaahh, nooo! -le digo- ¡Pero ves más que yo! -Y nos reímos.

Luego le pido consejo para comprar hamburguesas congeladas, me dice que ella no compra, que las hace –me lo imaginé, le digo-, pero que las de marca Schneck son muy buenas y traen sabor a chorizo: “te vas acordar de mí, estas son uruguayas, con estas te vas a la segura, muchacha”. Y nos despedimos felices las dos.

6. Kilos de menos, es decir, venir bajo tu peso corporal. Es que es inevitable comer asado, bizcochos (croissants de todos los tipos y uno más rico que el otro; son terribles) a la hora del mate, pizza, pastas, milanesas, hamburguesas…  la lista es interminable! Por lo tanto, si usted quiere venir por estos lares, haga dieta como un mes antes si no quiere comprarse ropa más grande o deprimirse a su regreso. Y si la estética no es su problema, pues coma sin culpa alguna y deje que su paladar se alegre infinitamente.

7. Un dedo pulgar sano, ágil y dispuesto a fortalecerse… Llegando a esta tierra sus oídos descansarán. Sí, porque aquí no se habla por celular, aquí se mensajea por celular. Es decir, todo el mundo se manda mensajes y hasta el más anciano y aislado sabe cómo hacerlo. Hablar es más caro que en otros países, entonces los uruguayos son expertos en mensajería móvil y se mandan hasta declaraciones amorosas por SMS. En el ómnibus se escucha a cada instante la alarma de los mensajes. Anoche, un uruguayo que se queda en el mismo hostal que yo, le pidió a otro el celular para responderle un mensaje a la novia y estuvieron yendo y viniendo los SMS como 10 minutos…

En fin, si usted trae todo esto, además de pocas expectativas, un corazón blandito y una mente abierta; seguro su estadía en este país pequeño será una experiencia memorable!

Anímese y venga!

Ji.

A LA URUGUAYA Y TIPS ANÍMICOS DE VIAJE

Malvín desde el aire (http://www.ciudadmalvin.com/)

Malvín desde el aire (http://www.ciudadmalvin.com/)

Analía vive en Malvín. Un barrio residencial muy parecido a Viña del Mar, al plan de Viña y a Recreo, con bastante verde y playa, pero con edificios más bajos. Su casa no tiene estacionamiento y deja su auto, un Tico, en la calle. Cuando llegamos a casa le digo que no bajó el seguro de su puerta del auto, me dice que no porque así no le rompen el vidrio: “sí, así los ladrones lo abren, lo registran, revuelven todo y hasta me lo dejan cerrado; son buena gente”. No paro de reír y ella bromea con el tema.

Claro, a la uruguaya, ella encontró la solución después de dos veces de reponer el vidrio roto. Ahora les deja el trabajo adelantado a los malandrines. Por otro lado, en los pueblos o ciudades más pequeñas la mayoría deja los autos abiertos y muchos no usan cinturón de seguridad ni casco para andar en moto; también se da una confianza que contrasta.

Así es Uruguay, no se hace demasiado problema por los males de la vida moderna y del sistema, se quejan igual que todos, cual chileno o argentino, pero sobreviven… Este es un verbo demasiado practicado por los uruguayos: Sobrevivir… Es impresionante cómo lo hacen…

Muchos ganan un tercio -o menos- que el promedio de los sueldos en Chile para cualquier actividad y tienen más o menos los mismos gastos que nosotros. Eso sí: la educación es absolutamente gratuita, con lo que el escaso presupuesto logra alivianarse. La mayoría vive con lo justo y no tienen capacidad de ahorro ni tantas cosas nuevas o modernas; pero –y es un misterio digno de averiguar- diría que en muchas cosas tienen mejor calidad de vida que los chilenos,  comen mucho mejor que nosotros – aunque casi todo es más caro acá- y, pese a su sello pesimista, son menos inconformistas que otros pueblos.

HAY QUE VIAJAR CON EL ALMA ABIERTA

En mis andanzas cotidianas observo, admiro, comparo, aprendo, me río, disfruto, también me impaciento; empatizo, me sorprendo… Es que descubrí algo: si quieres hacer de un viaje una experiencia más feliz tienes que llevar tu mente y tu corazón muy abiertos, blanditos; no puedes juzgar o criticar demasiado la idiosincrasia, porque simplemente la cultura y la identidad SON; ni mejor ni peor que la propia, simplemente ES y obedece a una historia, a la energía de la tierra, al origen de sus pueblos, a cómo se vive la economía y las relaciones, a la espiritualidad presente, y a mucho más.

En eso pienso cuando conozco a un chileno que se vino a vivir a Montevideo, al parecer sin averiguar mucho “con qué chicha (licor de manzana chileno) se iba a curar” y que ya lleva dos meses acá. Me sorprende y… Sí, me irrita un poquito…

Es sábado por la noche y con mi amigo alemán, Jan, nos juntamos a comer  en el nuevo hostal donde se queda ahora, Ché Lagarto, e invita a este chileno que cocinará chap-sui de verduras. En gran medida, es el típico santiaguino “winner”, ganador. ¡Ay! Cómo me avergüenzan a veces los compatriotas prepotentes y de mente estrecha tan típicos de nuestra tierra. Sí, ok, Chile está muuuy avanzado en muchas cosas, pero eso no es sinónimo de mejor ni de calidad; si no, basta con mirar los elevados índices de depresión santiaguinos.

Bueno, el “lolo” (muchacho) estudió en universidad privada, vivía en Las Condes (sector acomodado y actualmente “aspiracional” -dícese de querer cumplir el sueño americano constantemente- de Santiago, a mi muuuy personal juicio), tenía una empresa, lo estafaron, dice; luego trabajó con un primo, pero no soportó ser el segundo de a bordo (valiente confesión). Entonces, el lindo se vino a Uruguay –intuyo que huyendo de lo vivido- y la razón por la que eligió este país me da risa: “Es que en Argentina está todo hecho –¿…?- y además no es fácil ser chileno en Buenos Aires y Brasil me encanta pero es muy peligroso.  Entonces, Uruguay es una mezcla de los dos, era el lugar ideal”… Síp, pienso: “Era”. Porque esta tierra –como cualquiera- no ES para todos. Los países son como nosotros, no le caemos bien a todo el mundo ni son simpáticos con todos.

Montevideo desde el Radisson (donde aún no me quedo!)

Montevideo desde el Radisson (donde aún no me quedo!)

Y a este chileno, creo que más por su ansiedad tan típica de nosotros los santiaguinos y por sus expectativas, tan propias de todos los que queremos algo, no le ha ido bien en Montevideo. Se llevó mal con los compañeros uruguayos de departamento con los que vivió al principio, además quiere hacer negocios acá, pero no avanza mucho. Y podría enumerar las razones de sus primeros tropiezos para aprender un poco, porque a todos nos puede pasar y porque a medida que lo conozco me da un poco de angustia y pena sentir que va mal, que por ahí no es; pero cada uno con su experiencia… En fin, aquí va mi listado:

  1. No se puede venir con todas las ganas de quedarse a Uruguay en pleno agosto. No. Acá ya hace frío en mayo, imagínense después bordeando los 0 grados por meses y con el mega viento que no perdona ni aunque te quedes en el Radisson. No hay parka ni abrigo que aguante, la bolsa de agua caliente (guatero) será tu mejor amiga, además de los guantes, bufanda, gorros, calentadores, sweaters, camisetas, etc.
  2. No puedes venir a Uruguay creyendo que por estar al lado esto es como Argentina y, menos, como Chile. No. Este es otro mundo. Acá hay un tesoro y lo digo en voz baja  y entre paréntesis para que no se vaya a contaminar: (no hay ni la mitad del consumismo presente en estos dos países). Los uruguayos casi no saben lo que es. Con suerte hay un par de liquidaciones al año, la ropa china no está tan presente, la gente se compra en promedio un par de zapatos nuevos al año, por ejemplo; hay autos de los años ’70 aún circulando, no hay adicción a la tecnología: ver un blackberry es un milagro, el wi-fi aún es exótico, no pasa nada con esos audífonos con bluetooth, he visto sólo a un par de guapos usando manos libres, el I-Phone es algo que está en los catálogos, la pantalla plana seguro es curva, el I-Pod apenas se pronuncia, el GPS debe estar dormido, etc., etc… No hay tiendas por departamentos que te llenen de necesidades inexistentes ni un sistema –siempre un tanto perverso- que majaderamente te incite a comprar y a tener… Por lo tanto, para venir a este sur a quedarse, además de otras cosas, hay que pensar un poco más como uruguayo y  no como chileno ansioso-consumista-impaciente-acelerado-tecnologizado-con acceso a todo. En esa tarea estoy yo ahora, permitiéndome integrar esta energía tan distinta, y no es tarea fácil, ojo.
  3. No puedes criticar a este pueblo por sus costumbres. Ya lo dije, simplemente ES. Claro, acá faltan muchas cosas, para los sofisticados falta “mundo”. En plena capital -no así en Punta del Este, que es “otro país”, y en la bella Colonia tampoco- debe haber sólo un puñado de restaurantes fusión o de comida internacional o de autor. Ni china, ni india, ni tailandesa, ni japonesa, ni árabe, ni francesa… Nop, acá hay asado, chivito (sándwich local con corte de carne exquisito), pizza con mozzarella, pascualinas (tarta de verduras), chorizo, pastas, hamburguesa, milanesa, cerveza y vino. Acá hay tradición y no hay mucha inquietud por mirar hacia afuera ni copiar el estilo de vida gringo, tan metido en el ADN santiaguino.
  4. Si te cambias de lugar, aunque es inevitable comparar el nuevo con el anterior o con el tuyo de origen, llega un momento en que hay que aceptar: este no es tu país, no es mejor ni peor, simplemente es diferente y, a mi juicio, lo que más cuenta es cómo nos sentimos en la nueva tierra. Porque si no te sientes bien, o te devuelves, o buscas otra; aquí no hay obligaciones. Digo: me basta con el sufrimiento que he acumulado en mi vida como para además ir a pasarlo mal en un lugar extraño que yo escogí. Y entender eso supongo que lleva tiempo. Entonces cuando escuchaba a mi colega de tierra decir: “es que Montevideo es súper gris, es sucio, es oscuro; Santiago es mucho más iluminado –claro, en Las Condes, seguro, pensaba yo-; los uruguayos son apagados –claro, y los chilenos los reyes de la fiesta; anda a compararnos con un colombiano o un brasilero, seguía pensando yo-; es que acá faltan un montón de servicios”… Sí, faltan. Todo eso puede ser y también es relativo.

Igual, desde aquí le deseo suerte a mi compatriota en su nuevo camino… Finalmente, somos todos pasajeros…

Dicho todo esto, me despido feliz de andar respirando aires menos ansiosos por un rato e intentando contagiarme de ellos!

Abrazos con sol y viento!

Ji.

REGRESO A URUGUAY

Aquí estoy otra vez! Después de casi tres meses regreso a Uruguay… Aún no aterrizo del todo, pero ya les puedo contar aventuras de mi viaje y decirles que sí, que los anhelos del alma se pueden cumplir… Que hay quienes de repente despertamos cada cierto tiempo y sentimos: quiero otra vida, quiero/necesito un cambio… y, dependiendo de muchas cosas –humanas y divinas-, optamos realmente por intentarlo, por atrevernos y a veces lo logramos, como siento que me está pasando ahora…  No sé en qué culminará esta nueva travesía y estoy abierta a los regalos y sorpresas, a fluir, a explorar, a recibir y a dar, a vivir… Por eso, como dirían en Uruguay: señor, señora, muchacho, muchacha, pasee desde su pantalla, sumerja su mente y su corazón por estos relatos desde las tierras del Sur del Mundo; mire que son gratis, no contaminan ni engordan, sólo pretenden generar, entre varias otras cosas, alegría y elevar nuestra inspiración!

BIEN-VENIDAS

… Es sábado por la mañana, hay sol y no hace frío como el día en que llegué. Pero hay un viento que te despeina y te empuja todo el rato y que a mí me alegra, aunque ahora que es primavera hay más polen y pelusas dando vueltas, así que de al menos un estornudo nadie se salva.

El clásico Gaucho

El clásico Gaucho

Después de buscar alguna campera (chaqueta) en alguna expo (galería) –la linda, es decir yo, pensó que era primavera y trajo casi pura ropa liviana, así que sufro al ver a la gente bien abrigada- entro a El Gaucho, una pizzería clásica en la calle principal del centro y de las pocas que tienen wi-fi por estas cuadras. Me siento en el rincón de siempre, donde sé que hay enchufe para el computador. Llega el mozo y me dice: “Yyy, ¿qué se había hecho, andaba perdida?”. Me río, me sorprendo y recuerdo porqué me cautivó este país…. Porque hay algo familiar, hay un aire más humano, algo que algunos podrían llamar “provinciano” y que para mí es un valor en medio de tiempos tan alterados…

Al lado de mi mesa se celebra un almuerzo de cumpleaños con un grupo de “viejos”, la cumpleañera debe celebrar sus 70 y tantos, me imagino. Cuando llega la aplauden y finalmente la acompaña más de una docena de “colegas”. Curioseo su menú y hay churrascos, milanesas, lasañas, papas fritas, ensaladas y copas de vino. Me hacen mucha gracia, son bulliciosos y bastante chics algunas. Cuando llega la hora de cantar el cumpleaños, se arma una guerra de cánticos porque hay otras mesas celebrando cumples también y cada una compite por quién canta más fuerte, todos se ríen y los mozos avivan la competencia.

… SOBRE MI LLEGADA EL 8 DE OCTUBRE?

Las afueras de Montevideo desde el avión

Las afueras de Montevideo desde el avión

Mmm, aterrizo otra vez en esta tierra verde y ventosa. Las emociones van de a poco. Al principio, un poco distraída, no me doy tanta cuenta de que ya estoy acá; subo al bus que nos traslada de la loza del aeropuerto, a las salas de arribo.

Ah, pero de pronto sí me doy cuenta que estoy en Uruguay. La señora que me atiende en la ventanilla de policía internacional, está hablando por celular; amable, me sonríe, y me atiende mientras no para de hablar sobre detalles del almuerzo y la merienda (té de media tarde), supongo que habla con la familia, mientras me pregunto si ingresará bien mis datos.

Sí, esa informalidad o poca solemnidad de la poli y de las autoridades en general, me recuerdan que ya estoy acá: en este país pequeño, sencillo y con sabor a sur.

Y luego las emociones suben. Me espera mi amiga Analía, que me recibe en su casa (ahora, “Analía Hostel”) por unos días. Nos abrazamos emocionadas y contentas y no paramos de hablar en el auto y ponernos al día. Hay mucho sol y… viento! Sí, cómo me gusta esa sensación fresca, de aire limpio y revuelto. Lo único malo es que ahora está frío… y yo no contaba con eso. Claro, en Santiago ya partió la primavera, me vine con 28 grados y no pensé que aunque acá hay sol, el clima es más variable y ahora  hay unos 18º en promedio, pero que a ratos parecen 10 con el viento frío y fuerte… Mmm, parece que tendré que pedir abrigos prestados o comprarme alguno barato en una feria… veremos.

En la tarde vamos al aeropuerto de nuevo a recibir a una lama que viene de Brasil y dará una charla a la tarde. Me alegra encontrarme con el grupo budista, entre ellos Stefan, que me apoda la “enamorada de Uruguay”. Entonces, compro tarjeta para cargar mi celular y la sorpresa es que cuando lo hago inmediatamente me llegan mensajes de dos amigas, Yvonne y Graciela, que me dan la bienvenida y me preguntan cómo llegué… Qué bello! Me emociona recibir energía tan cálida y presente! Lo mismo pasa a la tarde cuando vamos a la charla y me reencuentro con otros uruguayos.

La onda del Fun Fun

La onda del Fun Fun

La charla termina y un grupo de unos 20 nos vamos a celebrar el cumpleaños de Ana Carla, una de las encargadas del templo en Minas, y la llegada de lama Sherab al Fun Fun, un bar clásico en el centro histórico, la ciudadela, que tiene cantantes de tango y bandas en vivo. Todo de madera, con barra ídem y a media luz, tiene un pequeño escenario para la música donde canta una tanguera muy uruguaya (de voz ronca y rasgos italianos) con su guitarrista que le hace bromas. El trago obligado es el “uvita” un vino dulce muy bueno. Me siento y lo primero que veo es la foto de MI Presidenta, la inigualable Michelle Bachelet (sí, soy fans absoluta), de lo más sonriente con los dueños en su visita al bar, ¿qué tal? Vaya recibimiento!

Mmm… Hasta aquí esta primera entrega. La sinopsis de lo que viene incluye tormenta eléctrica, la mirada de otro chileno sobre Montevideo y andanzas por la bella Colonia…

Que pasen lindo!! (así se despiden acá, jaja)

Ji.