Un Mundial que despierta conciencias

El gran Mandela y la anhelada copa de la FIFA

La actualidad es un reflejo de la conciencia colectiva. Y  lo que está sucediendo con este Mundial de Fútbol 2010 me da esperanza y es un espejo de los cambios que estamos viviendo como humanidad.

Partiendo por la sede, Sudáfrica: ícono de la miseria humana que todos llevamos dentro cuando abusamos de nuestro poder, cuando discriminamos, cuando nos burlamos de algo físico del otro, cuando desconfiamos de alguien por su apariencia, cuando hacemos como si no pasara nada y al lado nuestro hay dolor e injusticias… En un continente que algún profe de astrología me dijo hace años «representa el karma de la humanidad»; una tierra que se muere de hambre, sida, epidemias y desolación, mientras en otros nos morimos de obesidad y exceso de comodidades neuróticas, entre otras cosas; un lugar valioso que se pierde en el olvido, pues son los últimos en desarrollo y en la agenda mundial… Recuerdo a una periodista sarcástica que cuando alguien se quejaba mucho le decía: «¡Y agradece que no naciste en África!», y todos soltábamos carcajadas en la redacción del diario…

Quizá por eso en este Mundial varios poderosos se han ido rápidamente o antes de lo previsto y en medio de peleas o vergüenzas, otros han pecado de soberbios y han visto peligrar su cupo frente a selcciones «tercermundistas», dos no pudieron con su ego y cayeron fuertemente cuando no lo esperaban, mientras que el pequeño Uruguay -más allá de mi favoritismo incondicional por él, lo asumo- se posiciona con dignidad entre los grandes y ese ya es un enorme triunfo…

Cristiano Ronaldo y Mandela (El Mercurio)

En medio de todo, el admirable y sublime Nelson Mandela abre éste, el mayor evento de su sufrido pueblo, con un sentido duelo por su bisnieta fallecida en un accidente de auto al regreso del concierto inaugural del Mundial. Entonces, vuelve a conmovernos, a conectarnos con el dolor, pues no asiste a la gran apertura de esto que él logró y luego llora en el funeral de la pequeña. Días después futbolistas famosos quieren fotografiarse con este Nobel de la Paz, él acepta sonriente y declara con fuerza que el deporte ha logrado derribar las barreras de la desigualdad que los gobiernos no han podido botar y que «el Mundial ha renovado el espíritu de unidad en Sudáfrica y en el mundo». Y sí, Sudáfrica y su continente están de fiesta. Varios países hemos tenido la nuestra a raíz del fútbol. Y muchos hemos vibrado al ver la alegría cándida del país anfitrión.

Por eso no todo ha sido caras pintadas y las famosas vuvuzelas… Como vemos, también hay contenido. Ahora las selecciones antes de los partidos leen declaraciones a favor de la tolerancia y en contra del racismo, al tiempo que sacan

Dile NO al racismo

un lienzo que dice «Say no to racism». ¡Guau! Me emociona. ¡Qué bello, qué potente! Y encima en esa tierra con tanta sangre derramada ancestralmente y hasta hoy por ese gesto violento y estrecho tan bestial y tan humano. Entonces recuerdo que América también tiene lo suyo en esta triste materia. Era que no. Y qué decir de países como Chile -y tantos otros-, que no se asume como mestizo y trata de aspirar a «blanco», sin entender que nuestra belleza y ventaja está precisamente en lo particular de nuestra mezcla color canela. Pero esto último da como para un blog entero.

El tema ahora es observar las señales del cambio de conciencia de todos nosotros y de la humanidad completa más allá de nuestras diferencias, junto con asumir que esta transformación comienza por nosotros mismos en nuestros actos cotidianos. Muchas cosas están pasando este 2010. El cielo está revuelto y, por tanto, las energías también. Hay que permanecer centrados, alertas y agradecidos de lo que tenemos y de poder protagonizar avances muy relevantes en el inconsciente colectivo y que se dan incluso en un aparentemente irrelevante Mundial de fútbol.

Porque esto es San-tia-go ♫♫

Flasmob mundialero Waka Waka en Providencia

Sábado 12 de junio, 14.30 hrs. en Santiago de Chile, un grupo de todos colores, con mucho rojo y varios envueltos en mantas, irrumpe en Providencia, mientras llena de energía, alegría, sonido y ritmo la ciudad…

Luego de su sabrosa y revitalizante intervención urbana, las mantas son donadas a la Cruz Roja Chilena para las víctimas del terremoto en el sur del país…

PD: Lo único malo del video que va a continuación es que la camarógrafa no sabe mucho de audiovisual (por sepaparado sí, pero juntos no) y encima adora bailar, entonces no pudo evitar contagiarse y seguir el ritmo de la pegajosa canción olvidando su labor en ese instante. Por eso, para enmendar su falta de profesionalismo, añade al último una nota que salió en la TV local.

Y en la TV local, puede verlo clickeando AQUÍ.

HA LLEGADO CARTA!!!

Llego tarde a casa, re cansada después de un día largo y con frío otoñal.

Mientras abro la puerta miro hacia abajo y veo la punta de un papel. En seguida adivino que no es un aviso publicitario ni una cuenta por pagar.  Sí, debe ser una postal!!

Aachen, Hanna dice que es muy linda y agrega con ironía que es segura!

En cuanto logro abrir lo confirmo: una postal de una bella amiga alemana, Hanna!! Guau!! Qué lindo!! Adoro las postales, mandarlas y recibirlas. Tengo algunas en una mesa enviadas desde Argentina, Tíbet, Bolivia, Ecuador, España… Me emociona la llegada de esta. Dejo las bolsas tiradas y la leo. Es de su ciudad, Aachen.

Con Hanna, Jan (también de Alemania), Marie (de Francia), Cat (de Rumania), Francisco (de Portugal), Alex y Cía (de México), Ángela (de Estados Unidos), Analía, Yvonne, Malena, Judy, Stefan (de Uruguay)  y tantos otros, nos conocimos en Uruguay. Varios nos encontramos en Ciudad Vieja, en esas reuniones nocturnas regadas y saboreadas de CouchSurfing (comunidad mundial de viajeros y anfitriones, donde estos últimos ofrecen su sofá o su tiempo para recibir y compartir con los primeros) que cada jueves se daban cita en el centro de Montevideo.

Viste cuando desde el principio tienes buena onda con alguien? Eso pasó con ellos y ahora de los extranjeros sólo Cat está en Montevideo, Malena cambió Uruguay por España y los demás andamos por nuestras tierras de origen, pero seguimos de alguna forma conectados, incluso con postales.

Hanna quiere volver en julio o agosto a Uruguay y Argentina. Quizá yo también regrese, aunque aún no vislumbro la fecha. Con ella somos un par de tantos encantados con el pequeño país y su gente.

Pero no sólo con este rincón de Sudamércia. También somos unas apasionadas de la amistad, de compartir sin importar el idioma o las diferencias culturales, de reírnos a carcajadas de cosas pequeñas y absurdas, de fluir con la complicidad, de caminar sin destino por calles nuevas contándonos la vida  y parando por una cerveza, un café, un bizcocho, una empanada o un chivito donde nos pille el camino, de ayudarnos por el sólo hecho de caernos bien y sentir cariño desde el principio; de hablar de amores y desamores, de decir con toda propiedad «es que los uruguayos…»…De compartir la magia de la vida. Esa misma magia que sin pensarlo nos lleva a encontrar en cualquier lugar a alguien con quien nos sentimos cómodos y acompañados…

Qué regalo es la amistad! Aunque esté lejos y ni siquiera sepamos tanto del otro… Parece que el viaje por la vida puede hacerse prescindiendo de muchas cosas, pero nunca de los amigos, sobre todo de esos que aparecen  de repente y con quienes podemos sonreír desde el principio.

Abrazos y gracias desde el Sur, Hanna!!!

«Ahí va!»… CON NOSTALGIA URUGUA-SHA

Dado el mega remezón que muchos tuvimos con el terremoto de Chile, ahora no siento ganas de moverme… Mis planes de viaje se quedaron en pausa, por un rato, obvio… Durante marzo y hasta mediados de mayo estuve re quieta, con poca vida social, silenciosa, menos dispersa, más presente y, paradójicamente, más feliz….

Parece que cuando vivimos mucho dolor/miedo/conmoción como protagonistas o como espectadores cercanos, también el alma y el cuerpo piden reposo, pero al mismo tiempo la mirada de las cosas cambia y valoras hasta el atardecer que antes no veías.

Bueno, en eso estoy cuando comienzo a sentir nostalgia urugua-sha… Saudade… De qué?

Del ritmo uruguayo, de las conversaciones, de la vida simple adornada por un asado, el mate, los bizcochos y la gente que comparte con pocos prejuicios… Nostalgia del poco stress, del ritmo cadencioso de Montevideo o de Colonia, del verde de Valdense y de Solymar… Nostalgia del domingo en el Parque Rodó o de caminar sin rumbo por Ciudad Vieja con el viento en la cara…

Montevideo desde Plaza Independencia

Mmm, ahora que lo escribo me entusiasmo otra vez y me dan ganas de tomar pronto la maleta y los pasajes. Pero parece que aún no es el tiempo. Todavía me ronda una sensación de fragilidad y encima presiento que se asoman grandes cambios internacionales. Entonces, por ahora, atesoraré los recuerdos con un mate desde mi balcón, donde las nubes pasan muy lento, pues acá la cordillera frena el viento… qué lastima, es tan agradable despeinarse!

Atardecer en Santiago desde mi balcón

TERREMOTO EN CHILE: GRACIAS POR EL DOLOR (2da Parte)

Este relato es –entre otras cosas- para honrar a las víctimas más afectadas, para que no olvidemos su dolor y para que recordemos ayudar con acciones y en lo cotidiano, incluso con nuestro CAMBIO de actitud, donde sea que estemos…

Esa noche, sola en el 5° piso, me desperté pasadas las 3.30 de la madrugada con lo que parecía un temblor más en Chile. Ese movimiento que da un poco de susto, pero que está en el ADN e inconsciente colectivo chileno.

Cuando dejó de ser un simple movimiento, me levanté agachada y me afirmé como pude de un mueble, mientras todo el edificio se agitaba, el ruido causaba horror y, al mismo tiempo, yo rezaba a todas las figuras sagradas que recordé y pedía que terminara, recuerdo haber repetido en voz alta: “Por favor, Dios, que termine”… Pasados más de dos minutos la Tierra cesó de rugir.

…No entré en pánico, sí en mucho miedo, angustia y también estremecimiento por lo que podría haberle pasado a otros. Yo estaba bien. Tenía un nudo en el estómago que me duraría horas y mi cuerpo tiritaba entero con una sensación de fragilidad y de rozar la muerte que no olvidaré.

Enseguida recibí la llamada de mi hermana que estaba en el sur de Chile. Luego mis padres y nos comunicamos con algunas amigas, una de ellas había caminado unas 12 cuadras a oscuras por Santiago hasta la casa de su abuela que, como ella, vive sola. Llamé a mi tía anciana que también vive sola y camina poco. Estaba asustada como todos, pero bien y a oscuras, pues no podía moverse para buscar una vela.

Luna llena desde Santiago, el 27 de febrero a las 4.23 am

Abrí la puerta. Se escuchaba el ruido de vecinos bajando por las escalas, dejé abierto, quizá para que supieran que había alguien ahí. Luego abrí las cortinas: el cielo verde muy oscuro, la luna llena pero no radiante y una capa de polvo que se levantó sobre edificios y el cerro San Cristóbal. Santiago completamente a oscuras, con gritos, llantos, sirenas de distintos vehículos de emergencia, gente caminando con desesperación, autos que apenas circulaban …Se me cayeron las lágrimas… Comencé a pedir, a pedir por todos los seres que podrían estar sufriendo, a pedir que el daño se detuviera, que todos los seres pudieran estar protegidos. Que el miedo se aplacara; comencé a mandar amor desde mi balcón…

Sé que en medio de todo me vestí, junté agua, desenchufé todos los aparatos y reparé en que increíblemente nada se había caído ni quebrado. Mis padres volvieron a llamar pues escuchaban la radio del auto y se confirmaba: Terremoto en Chile, grado 8,3 en Santiago.

Encendí un par de velas, una en mi altar en la sala, y frente a figuras sagradas de oriente y occidente comencé a mandar amor, paz, protección, calma para todos los seres. También agradecí. Venían réplicas del terremoto, pero sabía que serían más suaves, ya no me levantaba. Después de casi dos horas del terremoto bajé al primer piso. Ahí había luz de generadores de emergencia y decenas de vecinos en pijama asustados intentando llamar por celulares, una familia entera en silencio y cabizbajos, algunos perros con sus amos, gente que venía a buscar a otros. El edificio comenzaba a vaciarse, mientras el conserje corría a resolver cada detalle, una señora ofrecía pan a los que quisieran, una chica pegaba un letrero para encontrar a su gato enfermo que había desaparecido y un abuelo recolectaba a sus nietos mientras cargaba a una bella bebé en brazos. Fue bueno bajar, sentí eso que a veces olvidamos: somos todos iguales, nuestro corazón y sus latidos son los mismos. Conversé un poco y subí, a seguir meditando-rezando para esto que estábamos viviendo.

El mar arrasó con Pelluhue, localidad cercana al epicentro del terremoto. (foto Emol, AP)

Cerca de las 7 de la mañana volví a la cama y me desperté por otra llamada familiar. Había vuelto la electricidad y encendí la TV. Ver imágenes y noticieros en plena madrugada de sábado fue la certeza: Terremoto en Chile grado 8.8 en las ciudades del Sur. Con la cabeza aturdida, el cuerpo apretado, el corazón roto y los ojos vidriosos miraba las imágenes: Qué dolor. Y todavía no vería todo. Aún no llegaban imágenes del tsunami en las costas, eso sería aún más estremecedor.

Pasadas las 10 de la mañana, por fin conseguí comunicarme con una amiga española que vive en Santiago en un piso 9 y que me tenía preocupada. Ella estaba en shock, se había paralizado frente a este movimiento telúrico completamente desconocido por ella y al lograr comunicarse por primera vez con alguien rompió a llorar a borbotones por el teléfono, mientras yo emocionada trataba de contenerla. Cuando colgamos envié un mail a su familia y amigas que estaban expectantes pues ya se sabía la noticia en Europa pero no tenían comunicación.

Volví a llamar a mi tía. Contestó un vecino y me dijo: “la señora Carmen está bien, la llevamos a otro departamento porque le estamos ordenando todo lo que se cayó; no se preocupe”, le agradecí y se me volvieron a humedecer los ojos, esta vez por la belleza del alma humana.

Zona central de Chile (Emol.com)

El día continuaría en casa de mis padres, lento, silencioso, aturdido, acompañado, sin apetito, con llamadas de amigos y familia, bellos mensajes de Uruguay, España, Argentina, Brasil, Alemania, México, Colombia, Inglaterra, Francia; y seguirían horas dolorosas, conmovedoras, preocupantes, compasivas. Pero curiosamente me sentía muy viva, no de vitalidad, sino por dentro, conectada, consciente, presente.

En la tarde, por primera vez reparé en que mi madre también tenía un altar en su cuarto, el de ella es católico: algunas Vírgenes, una imagen de Jesús, la Biblia, una vela, unos santos y una foto de mi abuela a la que no conocí. Tomé la Biblia y pedí un mensaje para entender este momento de Chile y la humanidad; cerré los ojos y abrí una página con la mano izquierda, mi dedo índice se posó en el capítulo 4 del Libro de Las Lamentaciones. El profético mensaje era nada menos que un poema de dolor por la destrucción de Jerusalén (Sion) a.c. (la explicación está aquí y pueden leer el texto bíblico acá) y me confirmó parte del sentido que veo y palpo de este desastre.

La estrella de Chile

Sí, nosotros, el país modelo de Sudamérica, ese al que todos elogian, ese que no vive la crisis internacional porque su manejo macroeconómico es inteligente y precavido, ese del cual muchos extranjeros me dijeron últimamente “Santiago parece primer mundo”; ese que tenía como agotadora, fantasiosa y cruel meta social el éxito y la estabilidad; ese que se había vuelto tan frívolo e insustancial sobre todo a nivel mediático; ese país con ciudades más bien plásticas que buscan parecerse a Miami en vez de rescatar nuestra

La caída de una autopista en Santiago (Foto Emol.com)

identidad mestiza; ese país con ciudades segmentadas donde nos clasificamos y desconfiamos según el sector donde vivimos y cómo nos vestimos o hablamos; ese para el cual el nuevo Presidente prometía majaderamente hacerlo crecer al 6 % y “terminar con la delincuencia”, como si fuesen los únicos temas relevantes para una nación y su gente; ese que comenzaba a celebrar su Bicentenario y lo abría con un Festival Internacional de Viña del Mar que no casualmente culminaba justo el 27 de febrero –que, por lo tanto, quedó trunco- y que como nunca en los últimos años se evaluaba francamente aburrido y mediocre, pues era un hecho que no había figuras actuales ni relevantes. Ese país limpio y ordenado, lleno de camionetas 4×4 y autos último modelo; con habitantes colmados de tecnología y cuyo ícono del avance social era el televisor plasma, la BlackBerry o el departamento propio encumbrado en edificios modernos; ese en el cual yo apenas ubicaba de vista a un par de vecinos de mi piso… Ese país envidiado, admirado e imitado…

Sí, este país, Chile, también es FRÁGIL, también puede sufrir y mucho. No somos intocables. Los desastres no sólo afectan a países pobres u orientales. No, este país estrella –como cualquier otro que descansa en su aparente actual buena fortuna- también puede ser quebrantado por el dolor y de forma aleccionadora.

Y –por supuesto que con todo mi respeto y honor a la víctimas más afectadas- enhorabuena.

Siento que somos afortunados de ser elegidos por la naturaleza, por el Universo y su energía sagrada.

Tenemos la enorme oportunidad DE NO SER LOS MISMOS después de este terremoto. Qué bien. Nuestro pecho se estremeció y puede estar trizado aún, pero también se ABRIÓ.

Nuestra CONCIENCIA se sacudió. Nuestra humildad brilló, puede seguir haciéndolo y nos insta a recordar y aceptar que no manejamos el destino a voluntad y que la ansiada estabilidad no existe. Nuestros MIEDOS afloraron y nuestro agradecimiento se asoma con fuerza.

Qué alegría, podemos ser más sensibles, tenemos el inigualable regalo de estar más conectados con nuestras almas y con nuestra vulnerabilidad. Ahora –confío y es la idea- todos podemos estar más conscientes de lo realmente importante: El AMOR. Pero el amor verdadero. No esa emoción hollywoodense, ni el sentimiento dramático ni el dependiente, no ese que andamos buscando afuera, sino LA BONDAD DEL CORAZÓN.

Lo único que no se derrumbará nunca con ninguna tragedia es esa LUZ, esa energía poderosa que llevamos dentro y que es necesario sentirla, contagiarla, esparcirla, ofrecerla y recibirla HOY, no mañana.

GRACIAS, qué dolor tan sanador.

El terremoto de los niños (docu)

Gran documental chileno realizado a pocos días del terremoto de febrero 2010… Una mirada profunda, pura, sanadora, con sentido y esperanza. De Canal 13 cable que, todo el rato, es tanto mejor que su señal de tv abierta.

Un lujo de material visual. Clickead AQUÍ

TERREMOTO EN CHILE: GRACIAS POR EL DOLOR (1era Parte)

… Con profundo honor y respeto por las víctimas más afectadas del terremoto en Chile –fallecidas y sobrevivientes-, reconociendo que mi vivencia es absolutamente ínfima e incomparable al lado de la suya, les agradezco a ellas desde el corazón el mostrarnos y contagiarnos el dolor. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.

…Todos estos días he hecho (no sólo yo) silencio y varias abstenciones de lujos o placeres por respeto a ustedes y he apreciado infinitamente su coraje.

He valorado vivir en una casa, poder bañarme, beber agua, elegir lo que quiero comer o la ropa que vestiré, dormir en una cama, usar un baño limpio, saborear un pan fresco con mantequilla y una taza de té caliente…

Les agradezco a este terremoto, al tsunami y a sus víctimas el humanizarnos, movilizarnos para ayudar, conmovernos con sus desgarradoras lágrimas, con sus sueños truncados y desesperanza. El habernos dado la poderosa oportunidad de detenernos y así lograr preguntarnos: ¿en qué estamos y cómo?, ¿qué tipo de vida llevamos?

Les agradezco con gran satisfacción el haber cambiado la agenda nacional y mediática (esta última tan agotadoramente frívola los últimos años) en pos de lo profundo: el amor, el servicio, la protección, la ayuda y la información real.

Los efectos del tsunami posterior al terremoto, en las costas del sur de Chile (foto aérea de Emol.com)

Esta tragedia –qué bueno- nos ha pasado a todos, incluso al continente y al mundo.

Todos sentimos –o conocieron- el derrumbe literal y metafórico, el miedo, la incertidumbre, la angustia, la pena, la desolación, la rabia, la impotencia no de un país pobre, sino del país “modelo” de Sudamérica, ese “que estaba tan bien” a ojos del mundo y, efectivamente, en gran medida así era. Por lo mismo, aquellos que aparentemente nos salvamos de esta, igual sentimos el terror de que venga otro desastre y nos afecte más directamente como a los millones de seres que hoy lloran sus pérdidas humanas, materiales y animales.

Le agradezco a la naturaleza y a la Tierra mostrarnos su poder infinito e incontrolable para recordarnos eso: sólo somos humanos, no dioses todopoderosos; nada está bajo nuestro control y, al contrario, le debemos respeto y agradecimiento a la vida animal, vegetal, mineral; al viento, al agua, al fuego, al aire.

Sí, aunque suene como suene, estoy intensamente agradecida del dolor que estamos viviendo. Este país –confío y anhelo- no volverá a ser igual después de esta convulsión telúrica, emocional y espiritual, que tiene como paradójico contexto los mayores avances tecnológicos y económicos de su historia.

Gracias. Siento que muchos volvemos a respirar con ganas. Siento que vuelvo a valorar mi cuerpo, mis talentos, mis numerosos medios, mis vínculos, el amor que puedo dar y el mucho que recibo, incluso de gente que está muy lejos.

…Adoré el silencio y la energía lenta y sensible que se produjo en las calles santiaguinas los primeros días post terremoto. Me gustó mucho ver los restaurantes, cafés y tiendas vacíos; ¡qué bien!, salimos de la burbuja y de la anestesia intoxicante del consumo y la evasión. Logramos detenernos y sentir.

Ha sido tan bueno cambiar de ritmo, de prioridades; no poder trabajar con la misma energía porque el alma y el cuerpo aún están remecidos. Ha sido tan bello recibir ayuda, pedirla y darla.

… Fue hermoso juntarnos con amigas, con mi hermana y mi madre a meditar, a rezar, a pedir, a enviar amor y a agradecer. Hasta fui a una misa católica el mismo día del terremoto, pues sentía que necesitaba un lugar de conexión espiritual, que era vital reunir mi energía con las plegarias de otros, y me encantó porque el sacerdote dejó los últimos 15 minutos para orar en silencio por las víctimas, mientras compartió el santísimo (creo que así se llama una bella cruz dorada que seguro da bendiciones), junto a la purificación del incienso y el sonido de las campanas.

Ha sido emocionante ver una posta de periodistas abnegados en todos los medios de comunicación, que se nota apenas durmieron por cumplir con la misión de informar, aquellos profesionales que desde el lugar de la tragedia estuvieron tan desabastecidos y sacudidos como las propias víctimas.

Qué bien nos hace y nos ha hecho el dolor. Este dolor colectivo, este sufrimiento que le ofrecemos al mundo como señal de alerta. Sí, es una señal: estamos frente a las últimas oportunidades de C-A-M-B-I-A-R. Nuestra transformación es AHORA.

¿Cuál transformación?  Un giro hacia el centro del pecho, hacia el respeto por el poder y sabiduría de la naturaleza, hacia la fuerza sagrada y benévola del Universo, hacia la empatía con la humanidad completa, incluso con nuestros enemigos o antagonistas; hacia promover paz en lo cotidiano, no sólo en casos de guerra…

Un compromiso con el amor, la compasión, la intuición, el equilibrio; una forma de actuar consciente para asumir que no estamos solos con nuestro ego, nuestra mente, nuestro cuerpo y ese afán de control constante que tenemos. No. Hay algo mucho más noble y sutil que nos mueve y rige nuestra existencia… Pero tenemos que optar por ella, atrevernos a sentirla y caminar según su vibración…

… Aahhh, puedo tomar aire con ganas para agradecerle a este dolor. Hoy tengo más conexión con mi propia alma y con la colectiva, esa que nos está empujando –aunque sea a golpes- a encontrar la verdadera felicidad. GRACIAS.

CÓMO SOBREVIVIR AL 2010: Tips para un año intenso y sorpresivo

Como les conté en el post anterior «Terremoto en Chile: Despierta el Amor»... el día antes de que la tierra se sacudiera bruscamente yo estaba escribiendo un artículo sobre la fuerza de este año 2010 para una sección del diario El Mercurio Emol.com
Ahora lo publicaron y pueden leerlo, pues tiene todo que ver con lo que hemos vivido y seguiremos viviendo en el mundo, no sólo en Chile… Como lo he dicho antes y como podemos percatarnos, el 2010 nos quiere muy despiertos, flexibles, pacíficos y amorosos.
La nota se titula «Cómo sobrevivir al 2010: Tips para un año intenso y sorpresivo» y pueden leerla, comentarla y reenviarla si lo desean, clickeando AQUÍ.
Un abrazo esperanzado.

SANTIAGO SE VOLVIÓ PEQUEÑO Y MÁGICO!

… Con dos gigantes franceses -la pequeña y su tío-, 150 ayudantes y más de tres millones de personas  jugando en sus calles, ahora llenas de ilusión y sonrisas!

Enhorabuena! Qué honor!!!

Aquí hay fotos y videos de la ilustrísima visita que le tocó el alma a esta ciudad!

La pequeña gigante duerme siesta en la laguna del Parque O'Higgins, el viernes a media tarde

Su tío, apodado "Escafandra" en Chile, despierta en pleno centro, el sábado por la mañana

El tío busca a su sobrina por las calles de Santiago

El tío es demasiado grande para andar por la Plaza de Armas...

Casi se encuentran! Su sobrina también lo busca por la Plaza

Él se cansa y duerme siesta el sábado por la tarde... Pero no desiste

Al fin se encuentran, después de muchas peripecias!

Y se disponen a descansar frente al Palacio de Gobierno

El domingo por la mañana parten a celebrar el bicentenario de Chile, por la Alameda

Y Santiago se llena de pequeños habitantes que celebran entre los gigantes

Las fotos son de la prensa chilena y este video, de radio Cooperativa, muy bueno, AQUÍ.

Abrazos gigantes con luna llena y demasiado sol!

SANTIAGO TIENE HUMOR!

Las mesas de mi café favorito (foto de cofibreik.cl)

-¿Cómo está? –me pregunta la cajera de uno de mis cafés favoritos del barrio.

-¡Maaal, poh!, ¿cómo voy a estar después de lo de ayer? –le digo, refiriéndome al resultado de las elecciones presidenciales en Chile del domingo 17, donde ganó el candidato de derecha y poderoso empresario Sebastián Piñera.

-¡Ay, ni me diga! Estamos todos más tristes… -me dice, moviendo la cabeza.

Y efectivamente, el día post elección estuvo -en pleno verano- y no casualmente -a mi juicio- oscuro, gris, frío, silencioso; nada de euforia en la calle por parte de los ganadores, como pensé podría sentirse.

Pasan los días y los garzones de ese mismo café –donde a veces tomo mi desayuno favorito: tostadas con palta (aguacate) y un café cortado, (lo escribo y ya quiero ir por otro!)-, me hacen bromas y me preguntan si sigo triste. Lo mismo ocurre con los conserjes de mi edificio. Igual ironizamos con lo que se nos viene y con las malas prácticas del candidato electo y que comenzaron (que siempre las ha tenido, pero ahora es una autoridad, lo cual todo el rato agrava la falta!) desde el día siguiente a su triunfo, como el censurar preguntas a la prensa; todo mal…

A los días paso ahí mismo a tomar té, a merendar, con mi querida amiga Alicia. Y la cajera de siempre, que esa tarde oficia de mesera, me dice con picardía: «¿Sigue triste?»

-Un poco, todavía –le digo sorprendida de su pregunta, mientras ella recoge apurada una mesa.

-Pero no se preocupe -me dice, con los ojos grandes y chispeantes-, ¡¿no ve que el mundo se acaba el 2012, entonces va a gobernar dos años no más?!

– Jajajajajajaja…. –Nos reímos a carcajadas con mi amiga.

-Sí, le queda poquito- dice con risa, mientras se aleja contenta para volver a tomarnos la orden.

Mientras comentamos la actualidad política y social con Alicia, no dejamos de advertir lo que acaba de pasar: una muestra de la picardía chilena, de ese humor tan propio de esta tierra, de la capacidad de burlarnos un poco de las tragedias para poder vivirlas, ¿no?

Y mientras paseo por Santiago estos días de calor y eterno verano, sigo rescatando más de esto.

Una mañana me detengo en el centro de Providencia, mi barrio desde hace varios años, un lugar bien comercial, atractivo y muy vital, con bastante verde, como me gusta. Me quedo mirando a tres cantantes líricos, dos mujeres y un hombre, en promedio de unos 35 años, que ofrecen su arte en la calle para ganar dinero y deleitar a los transeúntes. Mucha gente se reúne, toman asiento, se quedan incluso al sol para escuchar piezas de óperas clásicas como La Traviata o Carmen, y aplauden con entusiasmo al término de cada obra. (Hay más datos de esta ópera callejera acá)

Yo me emociono con las caras de la gente que disfruta de este arte espontáneo, mientras tomo un café que pedí para llevar, antes de ir a trabajar en unos minutos más, al mediodía.

Se me hace tarde y tengo que irme. Ya terminé el café y trato de pasar entre el público para botar el vaso en un basurero, mientras comienza a sonar otra ópera famosa. Delante del bote de basura está un señor mayor, es vendedor de helados ambulante. Le pido permiso y no me escucha. Insisto y le toco espalda. Se da vuelta, y le digo: «Permiso, que quiero botar esto». Y me dice con un ademán principesco: “¡Claaaarooooo, señoriiiitaaaaa, cómo nooooooo!” –en tono de canción lírica, mientras todos nos reímos fuerte y hasta saca un aplauso!

Yo me voy feliz a trabajar, llena de risa y música.

Así es Santiago, con sorpresas, ironía, creatividad, chistes rápidos en el aire y, por estos días de verano, con mucho arte en las calles, como el ya clásico festival de teatro Santiago a Mil que llena escenarios y avenidas de sonidos, colores y magia, o como los dos jóvenes violinistas que se escuchan en la entrada de la galería desde donde escribo, mientras tomo un jugo de frutas para pasar el calor.

A la tarde, iré al Palacio Presidencial, a La Moneda, pues una «Pequeña Gigante» llegará desde Francia con inocencia y esplendor a cautivarnos, entretenernos y llenar de sueños la realidad.

Ya contaré de eso!