Chile: Gracias por estos tiempos extraordinarios

Chile revuelto. Chile despierto. Chile, tan bello, se satura -por fin- de décadas de profanación de lo importante, de lo humano y de nuestra poderosa naturaleza de nobleza y vibración inigualables. Chile con rabia, con miedo y sin él; con tristeza. Chile activo. Chile sacudido. Chile creativo. Chile sensible. Chile violento. Chile movilizado. Chile abusado y abusando. Chile conmovido…

Letrero en Ñuñoa, Santiago. En medio de gente tocando cacerolas como protesta

No tengo mucho que analizar -ya no es tiempo- frente a este sacudido despertar que protagonizamos. Hace rato que muchos sabemos y vivimos la caída de este sistema que nosotros mismos creamos, pero no imaginábamos que por estos rincones, en Chile, vendría con esta fuerza furiosa, alegre, esperanzada, consciente, violenta, inusitada…

Entonces, les comparto aquí abajo dos historias y luego un audio (algo largo; 26 min; también quedó colgado en @astroalmica) que grabé el sábado por la noche para mis alumnos y amigos; es una conexión que, por si no tienen tiempo de escucharla, es una invitación a ampliar la mirada, a mirar desde el alma este proceso de despertar chileno que también es mundial; hay varios rincones sacudiéndose el peso de lo antiguo. Esa es hoy mi invitación desde mi propio camino de Vida(s). Acá voy:

… Hace un par de semanas perdí uno de mis teléfonos móviles (tengo uno de trabajo y uno personal; algo muy geminiano, ja). Al bajarme del colectivo (autos compartidos, en Chile) toco mis bolsillos y tengo solo uno. No casualmente antes de subirme a ese auto le pregunté al chofer (nunca antes lo hice; he tomado decenas de veces esos autos porque me dejan muy cerca de la casa de mis padres) qué número de recorrido era. Al comprobar que no tengo el celular comienzo a ‘autollamarme’ y al menos sigue encendido. Entonces cruzo y justo viene (en el otro sentido) uno de la misma línea y lo hago parar. Le cuento al chofer -que va con un solo pasajero sentado de copiloto- lo que me pasó y si puede llamar por radio o si tiene un número al cual yo pueda llamar. Algo molesto me dice si acaso tomé la patente (placa). –No, no alcancé porque me di cuenta después –le respondo con calma, mientras él sube el tono enojado. –¡Ah, entonces qué quiere que haga! –exclama subiendo los hombros y las manos. Frente a esto, el copiloto, un señor mayor, de alrededor de unos 80 años, le dice: Pero llame, pues –ante lo cual el gruñón chofer me dice que mejor me suba porque le tocarán la bocina y avanzamos un poco. En eso le ofrezco disculpas al copiloto por retrasarlo y me dice que no  me preocupe. Bueno, el chofer lo intenta y no pasa mucho, solo me da como solución que vaya hasta el paradero, donde termina el recorrido. Como su mente y energía no solo es gruñona sino además cerrada, le digo que dónde queda el paradero  (no lo conozco, yo siempre llego a la mitad del recorrido)  y apenas me dice la calle sin ninguna referencia. Entonces mi -amado- copiloto me dice: ¿sabe qué? Yo voy a comprar acá no más y me devuelvo. Y yo vivo al frente del paradero. Si quiere vamos y nos devolvemos juntos y le indico dónde es –me ofrece con determinación. Yo me conmuevo y le digo que bueno ya, con esperanza! Chofer gruñón enmudece. Pasadas unas pocas cuadras nos bajamos con mi nuevo mejor amigo guardián y me doy cuenta que tiene una dificultad para caminar. Se llama Guillermo y viene a comprar  pan de pascua (pan de navidad) a la famosa pastelería Mozart, uno de los lugares dulces de mi mamá. Conversamos y además de enterarme que ahí venden este pan todo el año, juntos reclamamos contra el chofer, que si tuvo mala voluntad, que qué le costaba, que ni siquiera me decía la dirección, etc. Don Guillermo figura enojado y amable a la vez. Mientras hacemos ‘nuestra’ compra yo sigo llamando a ver si resulta y en eso alguien contesta mi teléfono. –Hola, habla la dueña de este celular –le digo expectante. –Y usted habla con el chofer del colectivo, su teléfono me lo pasó un pasajero y no le podía contestar porque voy manejando –dice con seriedad. –¡¡¡Eeehh, graciaaas!! Qué bueno que usted lo tiene. Por fa, me lo puede guardar. Yo estoy en la ruta suya aún…

La conversación sigue y nos ponemos de acuerdo con el chofer/ángel de nombre Manuel y quedamos de encontrarnos en unos cuarenta minutos, cuando él venga de vuelta en una esquina. Estoy feliz y don Guillermo también. Me siento bendecida, acompañada, protegida. Agradezco inmediatamente a mis guías y a mi corazón con los que me conecté apenas me di cuenta que no tenía el celular y pedí que me asistieran. Agradezco al chofer pesado que gracias a su mal genio me hizo vivir todo esto… Salimos felices de la pastelería y don Guillermo me dice que él tomará el colectivo de vuelta y que le explique al chofer lo que me pasó y que me lleve gratis hasta donde quedé con el otro chofer. Le digo, bueno, probemos. Y efectivamente acepta que me suba y  unas cuadras más allá me despido con mucho honor y alegría de mi guardián Guillermo, nos miramos a los ojos, le doy la mano con fuerza; le agradezco todo y deseo que llegue muy bien y disfrute mucho su pan. Nos sonreímos y despedimos con el nuevo chofer también. Luego cruzo feliz a esperar por don Manuel y mi celular. Le compro un chocolate a modo de agradecimiento y lo espero sentada en un banco. No casualmente -de nuevo- por la mañana puse un libro en mi bolso por si tenía un espacio y ahora se transforma en la mejor compañía. Pasada una media hora miro y de un auto me tocan la bocina, es el ángel/chofer Manuel, los dos sonreímos contentos. Hacemos nuestro intercambio: celular para mi, chocolate para él. Me despido muy agradecida mientras él hace una venia y sonríe… Quedo muy emocionada, con los ojos llorosos. Muy conmovida. Además de agradecer digo: Esto es Chile. Así es nuestro corazón. Gruñón, noble, generoso, abierto  y cerrado a la vez, alegre, sensible, justiciero… Todavía me emociona toda la escena y todos los participantes.

Y este sábado por la tarde, después de un taller de activación del corazón diamante, cuando ya Santiago está muy movilizado y la violencia se deja ver con ganas, pasamos al super con Clau -quien tuvo que quedarse en mi casa porque no podía llegar a la suya en plena Plaza Italia, centro de las protestas- porque seguro cerrarán y en efecto una vez dentro avisan que cerrarán luego (son casi las 4 de la tarde) y todos los clientes y el personal entramos en una sintonía muy empática, sin prisa ni a la defensiva. Luego de eso vamos a almorzar hasta encontrar uno de los pocos lugares abiertos (en mi segundo hogar, Lomits, están cerrando y el administrador duda de recibirme o no pero no insistimos porque entendemos que ellos quieren irse también; antes el chico de una pizzería se disculpa por estar cerrando y nos dice con mucha ternura: cuídense, chicas, que está peligroso). Finalmente logramos comer en Pipiolos que siempre es bueno y donde varios llegan como nosotras, incluidos un puñado de turistas que no entienden mucho qué pasa en Santiago. Disfrutamos; nos vamos y nos despedimos agradecidas. Unas cuadras más allá hay grupos de todas las edades tocando las cacerolas en el semáforo y nos quedamos aplaudiendo, hay mucha alegría. En medio de eso me doy cuenta que no tengo los lentes de sol. Seguro los dejé en el restaurante. Pienso: bueno, desapego. Si los tengo que recuperar pasaré el lunes a ver si están; si no, gracias también… Hoy lunes, después de ir a saludar a mis amigos donde imprimo las cartas astrales, paso a ver si estuvieran mis lentes. Saludo a los chicos y creen que vengo a comer. Les digo que el sábado se me quedaron los lentes ahí. Y el chico que me recibe salta y me dice: ¡Sí! acá están –me los pasa con alegría y yo los recibo ídem. –¡Eeeeh! ¡Graaaacias; qué bueno! –digo de nuevo y recuerdo el episodio de mi teléfono hace unas semanas. Le agradezco y le digo en broma: ¿viste que no estamos en guerra como dijo el Presidente ayer? Qué lindo gesto. Muuuchas gracias y que lleguen muy bien a sus casas –concluyo, mientras él me sonríe y me dice que sí. De nuevo me voy muy feliz sintiendo que esto es Chile: la mente cerrada y enfrascada en ideas antiguas, versus la generosidad, la honestidad, las sonrisas, la ayuda…

Por estos días tengo a Chile en mi corazón. Los invito a todos a hacer ese gesto energético. Poner a Chile, a América y al Planeta en el centro de nuestro pecho para desde ahí resguardarlo con dulzura, sin miedo; desde ahí limpiar oscuridad sin rechazo, armonizar y darle Amor. Esto que está pasando por incómodo, doloroso, atemorizante y enojoso que sea, tenía que suceder, tiene que ser inicialmente de esta forma y es el comienzo de un gran cambio del que TODOS (aquí nadie sobra y nadie “está mal”; todo sirve) somos preciados protagonistas… Y que nos obliga a todos a salir de nuestra -incluso injusta en muchos casos- comodidad, de lo que conocíamos como tal. Enhorabuena.

Con Chile en nuestros corazones: Gracias por permitirnos vivir estos tiempos extraordinarios tan desafiantes y de conmovedora belleza en medio de la violencia -tan nuestra- levantada. Les dejo este audio acá abajo y también una invitación esta noche de lunes, a las 20:30 a escuchar la transmisión en vivo de Claudia Orellana, de Caminar en Consciencia, quien también dará información (seguro quedará grabada después) como aporte a este sacudido y emocionante despertar planetario. Gracias, Chile, es mucho tu poder, tu belleza y tu generosidad. ❤

Reinventándonosyrenaciendo.com

encrucicaminoUno de los temas que revisé en las charlas de astrología 2012, en Santiago (y que este año reiteraré aunque con otro foco), sobre Plutón en Capricornio fue la “crisis” vocacional que cruza al planeta. Y enhorabuena. Sí, por fin muchos nos estamos replanteando nuestros trabajos, cómo los realizamos, qué estamos haciendo, qué nos gustaría, qué talentos tenemos, qué sentido tiene lo actual y qué cosas sí tendrían  un real significado para nosotros… Yo hace años que me preguntaba cómo muchas personas resistían ciertos oficios con sus respectivas dinámicas a veces frías, rutinarias o esclavizantes, y ahora varias personas pasan por mi consulta cuestionándose con hastío lo que hasta hace poco parecía re aceptado e incluso bien visto. Por mi espacio de carta astral y tarot pasan numerosos ingenieros (no pocos en informática), contadores, profesores, abogados, oficinistas, gerentes, ejecutivos de bancos…

…Muchas cosas están cambiando especialmente desde 2010 y, como lo he dicho varias veces el último tiempo, ya no hay certezas de nada… Lo que se lleva este tiempo es la incertidumbre sobre lo externo (nuestras estructuras sociales, familiares, culturales, científicas, políticas, económicas, educacionales, etc.), mientras que las certezas internas son lo único sólido y crecen con fuerza…

Así que si usted, estimado lector, está incómodo -o iracundo, frustrado y hasta indignado- con su trabajo actual, o no sabe qué estudiar, o se dedica a algo que hasta hace poco le hacía sentido o le gustaba, pero que actualmente no le resuena ni por la esquina (es decir, nada); o hace una cosa oficialmente pero en sus ratos libres o en cuanto puede descubrió que ama -o disfruta poderosamente- otra actividad nada que ver con la de su rutina, o comienza ahora a estudiar algo que le apasiona, o anda en búsqueda de algo que por fin le haga click…. Le damos la bienvenida al grupo -cada vez más numeroso en el planeta- de….  Perdidos.com, pero Encontrándonospocoapoco.org. Sí,  siéntase de lo más a la moda, acompañado y uno más de tantos que no sólo está en pleno proceso de cambios -situación que se incrementará este año-, sino que cada vez somos más quienes estamos Despertandoaunanuevavida.net… Al fin! Mire que si esto le sucedía ya en los ’80, ’90 y hasta la década del 2000 muchos podrían quizá rechazarlo o tildarlo de flojo e inconformista, hippie revenido, etc., pero ahora no. Este tiempo circular nos empuja a replantearnos, detenernos, tocar fondo y nacer otra vez en muchos aspectos, con énfasis en nuestra vocación-misión…

Pero esto último, la misión de cada uno, muchas veces cae -al igual que el amor, emoción-relación tan exaltada en la Era pisciana que despedimos- en una visión idealizada por nosotros donde nuestro ego espera un halo de espectacularidad y hasta de heroísmo. Sin embargo, la tarea de cada uno puede ser lo más cotidiana que hay. Capaz que la misión de muchos sea escuchar al resto; o atender bien la caja, la tienda, el mesón, el teléfono; o guiar a otros desde el rol de médico, profesor, psicólogo, astrólogo, terapeuta; o acoger a quienes están vulnerables desde el papel de enfermera, asistente social, abogado; o sanar desde distintos canales; o ayudarle a otros con los temas de “tierra”: construcción, administración, carpintería, transporte, artesanía, jardinería, etc; o enseñarles a otros la paciencia, la sabiduría, la observación… La misión personal puede -y de hecho lo es- muy simple. Todos somos iguales y especiales a la vez, donde nadie es más importante que otro en su labor ni en su esencia, obvio; si estamos hechos de lo mismo: tenemos la misma luz, el mismo ego con todos sus dolores, fijaciones, rigideces, miedos, evasiones… Igual, cada uno tiene un tono, eso sí, de color o sonido, pero somos lo mismo… Y esa es una de las bellezas de la condición humana…

enc2Y volviendo a esta incertidumbre, a muchos los felicito en la consulta: ¡Qué bueno, estás perdido; felicitaciones!, ¡Bienvenido a la vida! -les digo, mientras algunos quedan atónitos y otros se ríen entendiendo la ironía, que también es una verdad… Creer que el camino es sin perderse, sin dolor, sin etapas de estancamiento, sin dudas superficiales o profundas, sin soledad, sin hastío… es no entender los procesos de la vida y las etapas de ésta. El camino de cada uno -y el colectivo- tiene muchas vueltas, con altos, bajos, e intermedios. Claro, a nuestro ego le gustaría estar siempre bien o en una solidez aunque sea de algo “malo” (mucha gente es adicta al drama y no soporta los buenos momentos), pero este tiempo vertiginoso nos sacude y ya no permite -qué bueno- que permanezcamos mucho rato en un estado emocional, pasamos rápidamente y sin tener tiempo ni para acordarnos de un tema a otro, de un asunto que resolver a otro, de una inquietud a otra nueva… Por eso se requiere centro y auto-conocimiento para estos tiempos convulsionados… Cuando nos centramos y aceptamos lo que sea que estemos viviendo comienzan a aparecer las respuestas, las ayudas humanas y divinas, las pistas, los senderos… Antes, cuando estamos ansiosos, rechazando el presente o quedándonos pegados en lo anterior o en lo futuro, no pasa nada, sólo crece la negatividad interior y alrededor nuestro…

Por eso este tiempo incierto nos invita a bucear en nosotros para redescubrirnos. Conocernos más para retomar o encontrar nuestros talentos. Saber quiénes somos realmente para sentir qué queremos, hacia dónde vamos y cómo podemos hacerlo… Y para todo esto, lo siento, pero hay que detenerse un poco (y a veces un buen rato). Por eso, benditos sean los que se sienten estancados porque de ellos es la Nueva Era… Este tiempo naciente puede hacernos sentir empantanados, perdidos, erráticos… Y si logramos aceptar esas no-respuestas de la vida, esas no-certezas de este tiempo, esas no-acciones de estos meses, todo comenzará a fluir poco a poco para llevarnos casi sin darnos cuenta a una nueva parte del camino que se pondrá algo más certera… Porque siempre estuvimos en el camino, no es que estemos fuera de él, simplemente estamos como en una de esas paradas de carretera donde uno hace pis, toma aire, bebe algo, come un poco, estira las piernas, se lava la cara y las manos, y en un rato seguimos rumbo…

Inquietarse y perderse es un primer buen paso. Perderse con conciencia, eso sí, no “perderse de sí mismo”, que es otro tema (tampoco condenable, sino distinto) y daría pa’ varias notas en este blog… En medio de mi aventura Santiago-Mercedes, en mi conversación aérea con mi amiga-colega excluida, conversamos de la vocación… Ella dedicada a tareas de finanzas, me contaba algunas cosas y yo arrugué el ceño y le dije: “pero yo no te veo para nada en números, tú eres con gente; yo te veo en temas más sociales, compartiendo, guiando, acogiendo…” Y ella abrió sus ojos chispeantes y me dijo que sí, que estaba en esto porque había quedado y era un buen trabajo, pero que hace un rato ya se lo estaba cuestionando… Y en Mercedes me encuentro con un par de chicas que hacen un trabajo de oficina en la semana, pero que en realidad a una le gusta -y es buena- la fotografía, y la otra seguro llegará a ser una muy buena astróloga; o con un mercedino que trabaja con temas gremiales pero que realmente es un sanador…

Y, desde esta ciudad con aroma a pueblo, rodeada de verde y donde hoy el viento por fin se siente revuelto… Yo también me preparo para mi reinvención porque -ya lo he dicho- no sé si seguiré leyendo el tarot con la frecuencia de antes… Como ya lo he señalado, siento que esa postura de “resuélveme la vida” con la que mucha gente acude al tarot -no toda, por supuesto y hay con quienes es un agrado y privilegio leerles este oráculo vivo-, además de dormida y ultra pasada de moda, ya no la resisto, me fastidia, me duele, me cansa; simplemente no es más, no se puede, o al menos yo ya no puedo con esa vibración de ansiedad demandante, aunque igual observo para qué se sigue presentando en mi vida… Y aquí ando, sintiendo, aceptando, observando, disfrutando, trabajando en mí… E igual trabajando afuera con algunas lecturas de cartas astrales y tarot en tierras mercedinas, las cuales me permiten palpar cómo es la energía del lugar…

Pero, como este tiempo es para los innovadores y como la vida siempre nos da sorpresas, les cuento a los lectores de este blog y a mis consultantes en Santiago que, quizá, no regreso a la capital chilena… Creo que sólo iré por unas semanas a buscar algunas cosas personales para volver acá… Sí, porque, cuando menos te lo esperas, la vida te sorprende. Y Mercedes me tenía varias sorpresas. Entre esas es que, sin imaginarlo nunca, de una tarde a otra, decidí que cambiaré de rubro… Realmente creo que dejaré mis oficios anteriores. Capaz que los retomo una semana al mes, por ejemplo. Eso sí, igual seguiré con el horóscopo de Emol… Es que lo que encontré acá es una tremenda señal, una llamada del destino que me resulta ineludible… Sí, lo siento por quienes me seguirán llamando a mi antiguo celular y por esos fieles consultantes de años a quienes de verdad llevo en mi corazón con enorme agradecimiento y honor por la confianza; pero, de verdad, di un giro acá que no planeaba… Sin pensarlo para nada, me acabo de convertir súbitamente en microempresaria de la moda. Tal como lo leen. Fue el destino, no yo, jaja. Acá les dejo un vistazo a mi nuevo emprendimiento, es todo con buen diseño y colores de esta Era, a precios conversables (amo el regateo; lo recordé en Guatemala) y hay descuento por pago en efectivo. Desde ahora, entonces, me encuentran en pleno centro de Mercedes, en calle 25. Eso sí, de 13 a 17 hrs almuerzo, duermo siesta y tomo mate. Son todos muy bienvenidos, los espero!   😀

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DSCN3957…CONTINUARÁ…